Cerrojazo a la edición del Festival Internacional Cervantino que a sus 47 años es todo un señorón que tiene que amoldarse a todos los tiempos y las conveniencias económicas y políticas.

Pese a todo, este primer FIC de la Cuarta Transformación salió bien a secas, con espectáculos donde se pudo presumir a diestra y siniestra y otros insertos más en la bolsa de los temas de la migración e inclusión que por su “altísima” calidad, como siempre lo ha presumido este festival.

Desconcierta , y desconcierta mucho que en un hecho inédito al menos en los últimos 16 años del FIC, en la conferencia de prensa para hacer públicas las cifras de asistencia y derrama económica, no se mencionara al país y estado invitado para 2020, porque a decir de su directora, Mariana Aymerich, aún no se tienen pactados.

La reducción este año de un 20 por ciento en sus presupuesto, sin duda bajó el ‘ranking’ para contar con otras cartas fuertes de la programación

El Royal Winnipeg Ballet, de Canadá, uno de los mejores ballets del mundo deslumbró en esta edición del Cervantino.

Canadá, como país invitado de honor, puso la nota alta con algunos de sus artistas, sobre todo el Royal Winnipeg Ballet y la Orquesta Sinfónica de Montreal y también se subió al barco de la inclusión con Kaia Kater e Il-Abilities.

De los solistas y ensambles de música clásica casi todos sin discusión, refrendaron su lugar en las marquesinas internacionales.

Bien por las pocas producciones y coproducciones, se extrañan los últimos años, donde se le apostó a coproducciones de ópera, teatro e interdisciplina con creadores jóvenes.

La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) con Fito Páez en la Alhóndiga fue un hit, al igual que el dueto de Omara Portuondo y Regina Orozco, lo mismo  que el concierto de clausura con el muy aclamado Javier Camarena.

O fue el tiempo o los recursos, pero faltó una mejor curaduría sobre todo en la danza y el teatro, pues aparte de lo que ya se mencionó, Sara Baras fue de lo más celebrado y Peggy Baker salió avante en su propuesta dancística; los demás pasaron por la medianía.

En el teatro, el indiscutible ‘Hamlet ‘de Thomas Ostermeier no tiene reparos aunque se sigue en la pugna si fue pertinente por el alto costo de sus dos funciones

Hamlet, de Thomas Ostermeier, una de las mejores puestas en escena dentro de la programación del 47 FIC.

La compañía 2B Theatre con actores argentinos y director canadiense también destacó pero solo tuvo una función.

Theater Tol, con su teatro de calle de gran formato se metió a la bolsa al público de Los Pastitos…bonito montaje pero nada más.

De la música electrónica para los jóvenes no hubo mucho que celebrar.

En la parte académica y los talleres, el Cervantino continuo con un estándar alto, lo mismo en la parte de Artes Visuales.

Bien por la continuidad del Proyecto Ruelas y los programas que apuestan a extender el festival, ciudadanizarlo aún más y hacerlo inclusivo en varios de los aspectos, falta revisión más a fondo de sus estrategias.

Los invitados locales abanderados ya por la UG o por el Instituto Estatal de la Cultura (IEC), se sintieron incluidos y representados, mayor número de participantes desde ambas instancias y el justo regreso de los Leones de la Sierra de Xichú.

Falló la difusión y su prensa, con la organización a destiempo, la renuncia de su coordinador el primer día, y poca información y descontrol en esa área

El tenor Javier Camarena y la Orquesta Filarmónica de Acapulco cerraron la edición 47 del FIC.

Y las cifras, como siempre, celebratorias, solo no hay que perder de vista que en otras ediciones, el FIC llegaba casi a los 500 mil visitantes, ahora son menos, muchos menos pero con similar o más derrama económica según sus organizadores (las cifras nunca les cuadraron).

Hubo más de 200 mil visitantes en los días del Cervantino; en las 14 sedes asistieron 144 mil personas a los foros.

La recaudación fue superior en 16 por ciento al año pasado, se informó y la derrama económica fue de 615 millones de pesos para Guanajuato. La propia Secretaría de Turismo presentó que asistieron  414 mil personas pero al menos la mitad iba a los espectáculos, resultado: varios foros a la mitad de su ocupación o una tercera parte.

El 2020 es la edición 48 del Cervantino del que solo se saben las fechas, pues la incertidumbre de recursos suficientes  para mantener al menos la calidad que tuvo en sus mejores años la Fiesta del Espíritu, permanece.