El Centro de las Artes de Guanajuato (CEARG) es un espacio multicultural que cumple XV años de acercar el arte de vanguardia y la cultura popular para mostrar al pueblo su poder. Sin distingos. De alguna forma, todos somos parte de este espacio incluyente que enorgullece.

El CEARG es la esencia de Salamanca. 

La primera impresión de ver este edificio histórico, enclavado en el corazón de la ciudad de Salamanca, famosa por su refinería petrolera y por los versos del inmortal poeta del pueblo José Alfredo Jiménez que canta: “no pases por Salamanca que ahí me hiere el recuerdo”, es de asombro total.

Su arquitectura barroca, las canaletas de cantera con remates zoomorfos, las dos torres que coronan la iglesia con aire ondular color terracota y blanco algún día impoluto, imponen. El antiguo convento agustino que rinde tributo al eremita salmantino español y santificado Fray Juan de Sahagún, es una joya vida de piedra viva y conocimiento.

Aquí llegaron en un inicio -antes que fuese inaugurado oficialmente como CEARG, un domingo 17 de noviembre de 2002,  por los entonces reyes de España Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, y un hombre que nos negó un mejor país- los frailes agustinos que instauraron un centro de estudios en Teología, Filosofía y Artes en el México del siglo XVIII.

El Claustro Mayor del Ex Convento Agustino inició su construcción en 1750 y concluyeron las obras en 1761; hoy sigue dando esplendor a Guanajuato a 256 años de distancia

El CEARG ha sido semillero de nuevos talentos y las orquestas juveniles y femenil de Guanajuato.

Ya desde su origen se perfilaba la representación de lo que hoy el CEARG, que ha logrado bajo la tutela de Juan Alcocer Flores, médico, grabador y director general del Instituto de Cultura del Estado (IEC), lo que anuncia: un espacio abierto para la difusión del conocimiento.

En esta celebración de los 15 años del Centro de las Artes de Guanajuato recordamos el esfuerzo que se hizo, primero para reunir los fondos económicos a fin de lograr la restauración del inmueble que se encontraba, prácticamente, sin techumbre…las bóvedas estaban cuarteadas.

Aquello era un hogar de murciélagos, arañas, alacranes y, sobre todo, palomas. Baste recordar que los custodios que habitaban ahí se mantenían de recoger el guano de las palomas y venderlo como fertilizante. Había un clima de desesperanza”, recuerda Alcocer Flores, quien fuese presidente de la asociación civil Adopte una Obra de Arte y artífice de este renacimiento.

Cuando Alcocer planteó la necesidad de recuperar este sitio emblemático de la cultura y hacer un simil con lo que nació en León como Poliforum Cultural, la respuesta empresarial y gubernamental fue lacónica y brutal; pero su persistencia prosperó

Alberto ‘Chubeto’ Castro Roa (q.e.p.d.) -a la izquierda- fue un importante promotor del CEARG y gestor cultural del arte en Guanajuato.

Le dijeron que era mejor que el sitio, que fue convento, cuartel, escuela, talleres, biblioteca, oficinas del sindicato petrolero, cárcel y hasta asentamiento de viviendas -imagino que a la manera del Real Albergo dei Poveri’ de Nápoles, que Tahar Ben Jelloun nos entrega en su novela Los náufragos del amor-, era mejor que se derrumbase para convertirlo en un vulgar y burdo estacionamiento.

Hoy el CEARG es un epicentro de las artes. Como fue concebido en su origen. Y se habla de tú a tú con el Forum Cultural de Guanajuato. No es asunto menor que Arturo Joel Padilla haya sido restaurador de este sitio. Aquí se han formado las orquestas juvenil y femenil, las bandas sinfónicas, grandes grabadores, aquí se han reunido lo mismo los grandes maestros artesanos de México que los jóvenes que bailan danza urbana o hacen graffiti. Es un sitio multicultural e incluyente.

El maestro Shinzaburo Takeda y el joven grabador-impresor guanajuatense Joaquín Ruiz.

“(Cuando llegué a dirigir el CEARG) imaginé un Centro donde todas las personas tuvieran un lugar de aprendizaje, donde fuesen especiales, donde las líneas de arte académico y el arte popular se encontraran (…) un lugar incluyente (…) en realidad, lo más trascendente no es lo que hacemos, sino lo que las personas se llevan… un acercamiento a las artes, una transformación de vida”, expresa con emoción sosegada Karina Juárez Ramírez, una espigada mujer de ojos color de avellana y gestos nerviosos, salmantina que es directora del CEARG desde hace 11 años.

Al 2017 el CEARG ha congregado a 23 mil 542 alumnos, 450 cursos y actividades académicas, más de 100 mil asistentes a 369 eventos con presencia de artistas locales, nacionales e internacionales

La belleza de la danza urbana tiene espacio en el CEARG.

No es necesaria una versión oficial para dar cuenta de la realidad. Al menos he visto de primera mano algunas actividades significativas que se plantean, y no puedo si no celebrarlas. Como el diálogo atemporal con el camarada Takeda que me llenó con su sencillez de gran maestro ese asombro y colores nuevos en los ojos, al re-descubrir a  Tamayo –como las torres de terracota y un blanco impoluto algún día, haciendo florecer mi pensamiento-. O los niños y adolescentes de la Orquesta Sinfónica Juvenil tocando en los jardines “y suspiros que enmarcan los 40 arcos del ex convento -con motivos de grecas y medallones estampados en la dura piel de la cantera- y las 13 larguísimas palmeras que ondean”.

Para cuando los poderosos címbalos de la Marcha eslava, de Tchaikovsky, hacen saltar el corazón, el cielo sobre los jardines se van alternando entre las nubes y el azur; entiendo entonces que al llegar al CEARG, nadie quiere irse

Parafraseando a Juan Alcocer Flores no tengo dudas de que no fue el Presidente de México o los Reyes de España los que hicieron posible este Renacimiento. Y aunque nunca lo asume o lo pregona, es de celebrar que haya sido Alcocer el artífice de este esplendor, y lo justo es que se le reconozca. Se le podrá reclamar alguna omisión o incluso que sea un político panista, pero no se le puede escamotear que es un hombre sensible y que gracias a su visión hay una nueva etapa para el arte en Guanajuato.

Este año acudieron El Cigala con el gran pianista Jaime Yumitus Calabuch, el Colectivo de Arte Escénico Cronopio, Alexandra Vicencio y Ernesto Anaya, Regina Orozco -diosa telúrica y frutal-, Enrique Garrik y Armando Blue, la cadencia melancólica del alma que es Concha Buika, para celebrar el avance histórico del CEARG, los que somos todos de alguna forma.

El Centro de las Artes de Guanajuato cumple 15 años. ¿Por qué no podemos darnos la oportunidad entre la matanza y el abismo que parece devorarnos, para celebrar esta luz que nunca se apaga?