“No hay más que un problema filosófico: el suicidio”.
Albert Camus
Un hombre sentado en un sillón piensa en el suicidio, piensa en tirarse de un piso catorce, pero no puede, porque no está en la gran ciudad.
Mientras está pensando esto viendo los árboles del otoño por la ventana, llega una noticia de un canal de televisión conocido diciendo que una alumna de una universidad privada cayó del piso once y está con fracturas graves internada en un hospital reconocido de la gran ciudad.
Otro comentario dice: “ahora dudo si tirarme o no del balcón”. Otro dice: “mirá lo que hiciste… y nombra al presidente”. Desde un piso catorce la muerte será consumada. Pero tenés que saber saltar. No podés saltar y golpearte en un balcón. Tenés que tirarte con envión y de cabeza cosa que la muerte sea rápida e indolora. Cuando te lanzás de cabeza la sangre se va a los pies entonces creés que estás caminando en el aire.
No sé qué pensarán los suicidas. Sé que sentirán un gran alivio por dejar esta vida que no cierra, más bien encierra, oprime, expulsa. Entonces está bien el suicidio. Es un buen método, para liberarse de las ataduras que nos queman la garganta y hacen que lloremos cuando nadie nos ve. Porque los suicidas se la pasan llorando los más y los menos, los estoicos, se suicidan en silencio, tomando pastillas, algún veneno, que asfixie.
Cuántos casos hay de escritoras y escritores, de empresarios, artistas en general. “Matarse es, en cierto sentido y como en el melodrama, confesar. Es confesar que la vida nos supera o que no la entendemos. Mas no vayamos demasiado lejos en estas analogías y volvamos a las palabras corrientes. Es solamente confesar que ‘no vale la pena’. Vivir, naturalmente, jamás es fácil. Seguimos haciendo los gestos que la existencia pide por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone que hemos reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter ridículo de esta costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento”, dice Albert Camus en El mito de Sísifo (1942).
Los escritores que salen a correr o no han tenido vicios por lo general no se suicidan. Porque viven en otra dimensión y no se entregan al arte. Los verdaderos suicidas son los poetas y los adolescentes. Y pensar que hay gente que muere sin querer, por enfermedades mortales
Y otras, bueno, no están a gusto con la realidad que plantea el sistema, o la gente las hizo mierda, entonces no queda otra que lanzarse de un piso muy alto y reventarte los sesos contra el concreto. Por ejemplo, la vecina de cuarenta y tantos años. Lo mejor es saltar al vacío. Y mientras más rápido lo hagas, más conveniente, porque la agonía dura menos.
Los que pueden vivir es porque no hablan de sus dolores, entonces la gente, confundida, cree que están bien. Los que hablan de sus dolores, los que no tienen un lenguaje que los reconforte o actividades que le sean útiles para encontrarle un sentido a la vida, bueno, optan por el suicidio en el mejor de los casos y sino viven una vida falsa, con los dientes blanqueados, sonriendo, porque son cobardes, mienten, embusteros, viven traficando emociones, embaucándose a ellos mismos, o tienen hijos, entonces no pueden pensar en el suicidio, salvo que seas un filósofo, ahí sí te suicidás.
Hay que ser más valiente para suicidarse que para seguir viviendo una vida que es una estafa. Los que no se sienten estafados es porque están en un contexto que también es mentiroso y, entre tantos espejitos de colores se consuelan con falsos halagos. Así viven, encerrados en una sintaxis que repiten y repiten, culpando a otros, o teniendo buena circulación, tomando vino, sin fumar nunca, haciendo como sí. El como sí es muy eficaz, porque si sabés mentirle a los demás sabés mentirte a vos mismo. Pero no todos saben mentirse, no todos saben ocultar sus emociones y, cuando entrás en ese desierto es difícil salir, nadie sale, todos mueren por insolación.
Los mejores se han suicidado, siempre, o muerto prematuramente, también, que es una manera de suicidarse en cuotas como dicen los imbéciles. Kafka se murió joven, Roberto Arlt, Pizarnik, Fisher, Kennedy Toole, etc. Sin hablar de los franceses o los japoneses o los miles de coreanos del sur que se suicidan a diario tirándose de puentes.
En Estados Unidos todos se suicidan rápidamente con fentanilo. Estaría bueno tener el poder de hacer aparecer un arma y pegarse un tiro, también es una buena idea, pero la magia no existe, para oprobio nuestro. No existe el poder de ser feliz, no existe el poder estar a gusto en este mundo, con lo que te va sucediendo, con lo que van haciendo que te suceda los otros. El gran problema es el otro, si uno viviera en un mundo donde el otro no irrumpe, no tendría tantos problemas de salud.
Ahora está de moda la salud mental. No hacen diagnósticos y está bien, porque sino la gente se suicidaría más rápido. Si te hacen un diagnóstico te están sentenciando a muerte. Y nadie quiere tener las manos llenas de sangre. Ni hablar de los asesinos que terminan suicidándose, esos sí que son unos hijos de puta. Porque se llevaron vidas primero. Los que fueron a la guerra y se suicidan están más que justificados.
Es increíble que las personas que más daño hacen a la sociedad no se suicidan. Los presidentes, los dictadores, los economistas, los empresarios. Debería haber cierto cupo donde una vez cumplida ciertas atrocidades que se pueden llenar si cometes una grave, automáticamente aparece un arma y te dispara en la sien. De un fogonazo esa persona deja de respirar y hacerle un mal al mundo
Pero la justicia no existe, es lenta, torpe, ciega y retrasada. Los débiles pagan, con violaciones, con vejaciones, con torturas. Y no sólo los débiles, que por ser débiles no quiere decir que no sean valientes. Suele asociarse la debilidad a la falta de valentía, pero todos sabemos que los débiles son los torturadores. El uso de la violencia es ser débil, no tener nada adentro, estar totalmente muerto, pero lamentablemente no están muertos, son muertos vivos, que irradian dolor hacia el prójimo. Logras hasta que se suiciden. Por eso son asesinos.
En cada suicidio hay un asesinato, en masa o individual, que afectó tanto la pisque del individuo que termina matándole. Un asesinato implícito digamos. Lícito para los demás, pero ilícito de todo punto de vista. Porque siempre se culpa al suicida, se lo individualiza. Se lo segrega. Lo apartan, porque sino cómo siguen con la farsa. Tiene que seguir girando la rueda de los enfermos funcionales. Los que torturan, los que exprimen, los que van matando poco a poco a los demás quitándoles la libertad. Ahora, que esa palabra fue violada, para seguir violando a las masas. Así van robando poco a poco lo bueno que se logra conseguir. Y las olas de suicidios aumentan.
Cuántos asesinatos por hurtos imbéciles hay que terminan impunes por lo pronto, eso te dice, que dios no existe, que estamos solos y que el karma funciona, ojalá que funcione. Pero a veces, termina lastimando a los que no hicieron nada, culpa de la meritocracia. Quién decidió que para vivir hay que esforzarse, sólo un hijo de puta. Porque con vivir no alcanza. Con ser en la tierra, ser sin haber decidido ser, por eso tantos deciden dejar de ser, porque te obligan a ser, a ser una copia encima, lleno de retazos, de escamas que te van pegando, las subjetividades ajenas. Por eso la gente es un virus y un cáncer. No solo el lenguaje. También la gente, las masas, pero no las masas que luchan por el bien común, sino los pequeños grupos. Pero bueno, todo terminan reduciéndolo al individuo.
Esto no es un estudio sobre el suicidio, es lo que cualquiera sabe en el primer cuarto delsiglo XXI. Qué nos espera. Una extinción global, provocada por unos pocos asesinos que manejan el mundo. Eso es lo descabellado. Ahí está la trampa. No hay evolución, sólo avance para la destrucción. No se salvan vidas, se quitan. Y toda esa gente no se suicida. Al contrario, se irán a Marte. Espero se suiciden ahí. Espero les agarre un virus mortal por tanto egoísmo. Pero no existe dios, existe Marte, no existe dios, existe el capitalismo, no existe la historia, existe el capitalismo, y todo es cíclico. Es una mierda, que todo sea cíclico, el eterno retorno, en un engranaje oxidado.
Parece un mal chiste, como en los países que todo va bien y vuelve a ir mal o va mal todo el tiempo porque otros países no les permiten que vayan bien entonces se la pasan violándolo. Y todos miran para el costado, porque la farsa tiene que seguir. Tiene que seguir hasta que explote todo. Hasta que no quede nadie. Espero sobrevivan algunas almas o todas las caritativas. Ojalá se mueran los que siempre mienten, dice la canción. Y una vez en el infierno, se quemen para siempre.
Es loco, pensar en el suicidio, llegar a concluirlo es otra cuestión y no podría estar escribiendo este texto. Pero bueno, valoro a la gente que se va. Por lo general no molestan a nadie. Salvo Hitler. Salvo los hijos de puta, que no deberían suicidarse, sino que deberían morir como vivieron, causándoles el mismo mal que causaron, pero eso sería ser igual a ellos y nadie quiere ser igual a un hijo de puta.
Hay gente destinada a hacer el mal, es extraño, a decidir por la vida de los demás, a tener poder contra otros. Y no los internan, no los destierran, quiero decir, no los mandan a Marte. Ojalá pudieran apretar un botón y que terminen en Marte, solos, vagando por el desierto, sin oxígeno. Es todo demasiado surrealista, demasiado enquistado, demasiado desigual
La gente sigue zafando porque lo drogan con tecnología, si no fuera por esa tecnología ya muchos más se hubieran suicidado. Pero como están dormidos, como pudieron crear grupos de pertenencia, bueno viven dopados, sin estar dopados, y los que no están dopados, están dopados. Porque la vida es demasiado, porque son demasiado sensibles, porque necesitan tenerlos así, porque la vida no basta. Por eso inventaron todo lo que inventaron, incluso la literatura. Como dice Pessoa.
No quiero nombrar a muchos autores, aunque he leído más que muchos que tienen libros publicados y premios, he leído más que los idiotas sonrientes que salen en la tele con pinta de engreídos o con pinta de humildes sin serlo. Porque nunca pasaron hambre, porque todo les fue dado, porque tuvieron oportunidades. Aunque tengan oportunidades,
muchos se terminan suicidando, porque de un día para otro ya no las tienen, se las arrebatan, entonces optan por suicidarse.
Que loco que la gente siga teniendo hijos, con la mierda de mundo en la que vivimos. Hay que ser hijo de puta para traer un hijo al mundo, seguro es por error, por ignorancia, por exceso de calentura o exceso de sustancias. No se sabe por qué sucede. Pero ahí están todos jugando al juego de la vida que no es ningún juego, nunca lo fue, ni siquiera en la infancia, porque es lo primero que te arrebatan. Después aprendés a pensar por vos mismo. Pero tus pensamientos nunca serán tuyos. No sé quién injerta la semilla. Para empezar la familia, o el contexto más bien, porque uno no está con la familia, está en la escuela y con amigos, entonces sería el contexto. La familia, bueno, hace lo que puede.
Entonces no hay un debate cerrado sobre si la sociedad corrompe al individuo o el individuo ya vino corrompido de nacimiento. Como si tuviera algo innato que lo obliga a hacer el mal. Nunca va a cerrarse esa incógnita. Sabemos que hay individuos corrompidos por la sociedad que causan el mal y también corrompidos por la sociedad que terminan matándose.
Todo está en el subconsciente y a la vez no porque depende de la experiencia, uno habla en base a la experiencia y a lo que cree que fue su experiencia siendo que tiene un montón de lagunas y hasta se miente a sí mismo sino no podría vivir. Pero el que dice mucho, el que está enroscado en sus problemas, bueno ese va directo al tacho. Porque no sirve, no es funcional, no es práctico, necesita demasiado del otro y si el otro no está. Sí no puede arreglárselas solo. Es débil. Pero si él o ella no decidieron nacer. No decidieron esa sensación de desamparo, fue inoculada.
El individuo nunca tiene la culpa, siempre la tiene el contexto. Algunos dicen que hay que buscarse la vida, que hay que pelear por lo que querés, pero a qué costo, para qué, para ganarle al otro, como si la vida fuera una competencia. Una prueba de capacidades. Entonces el incapaz qué, lo matamos, lo dejamos que se mate, por idiota. Es extraño este acontecer de hechos desafortunados
La palabra no sana, ya lo sabemos por Pizarnik, la palabra no sana, el lenguaje no sana. Los que vienen programados de alguna manera o los programan de alguna manera no tienen solución ni arreglo, están condenados a vagar a la deriva hasta que les llegue la hora, si el sufrimiento no los hace partir antes, partirse al medio, partirse en mil pedazos, pero como digo, todo depende del contexto, el sentirse bien o no, de lo que hagas, de lo que te dejen hacer, de lo que está bien y está mal, de la censura
o no, del castigo o no, sabemos que vivimos en una sociedad atrasada desde siempre, que la historia no aprende y que vuelve con sus garras afiladas y oscuras a quebrar las gargantas.
Dice Camus: «Yo grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer por lo menos en mi protesta».
Los que viven bien es porque se engañan, porque saben engañar a los demás, porque viven dormidos, porque viven en una mentira, porque saben jugar el juego, porque quieren jugar el juego, y hay miles más de porqués. Cada uno elige si vivir o morir y a veces no, sino pensemos en la historia, todo está ahí.
La gata está pidiéndome entrar, escucho a los niños pasar saliendo de la escuela primaria, escucho a los perros ladrar, tengo ganas de fumar un cigarrillo, ir suicidándome lentamente, esperando la hora final, el descanso, el consuelo, el letargo eterno, el puro éxtasis, la gloria sin epitafios: «el pensamiento del suicidio es un poderoso medio de consuelo: con él se logra soportar más de una noche», dice Nietzsche en Más allá del bien y del mal en 1886.
Y Dostoievski sentencia: «hay que amar la vida antes de razonar sobre ella, sin lógica: sólo así se puede comprender su sentido».
- Ilustración: John Everett Millais