Mathias Malzieu tiene alma de provocador. La voz cantante de Dionysos llegó con su banda de rock pop a conquistar Guanajuato en la edición XLV del Festival Internacional Cervantino (FIC).

Para A.B.

Son las ocho de la noche. La Alhóndiga de Granaditas está a reventar. Todos desean ser parte del inicio de la gran celebración que se prolongará hasta el 29 de octubre. Francia, país invitado de honor, entrega a sus mejores talentos.

Se pide un minuto de silencio por las víctimas de los sismos en México. Todos los asistentes, de pie, honran la memoria de los caídos. México necesita largo aliento. Al cerrar este acto simbólico se abren nuevamente los murmullos que agitan Guanajuato.

Dionysos entrega ritmos taquicárdicos para invocar a la ‘fiesta del espíritu’. En el nombre llevan ya lo que se espera. Un ditirambo. El antiguo Dionisos o Baco está exultante. Los acordes abren con un electro sonido espectral provocado por el bajo, tocado con el arco de un violín, de Stéphano, y la voz de banshee angelical de Élisabeth Maistre. Babet para quienes le adoran.

Mathias Malzieu salta de improviso entre las gradas, cercado por una multitud asombrada que observa cómo se abre paso con un micro-megáfono con haces de luces rojas

Los acordes son como la iluminación del escenario. Un cruce de luz impoluta. La letra no puede ser sino igualmente hermosa como la noche con trémulas estrellas que descubren a intervalos el velo de las nubes que coronan la ciudad-laberinto.

Les sanglots longs des violons de l’automne/ Blessent mon cœur d’une langueur monotone./ Tout suffocant et blême, quand Sonne l’heure../” (Los largos sollozos de los violines del otoño, hieren mi corazón con monótona languidez/del todo sofocado y pálido, cuando la hora suena…). El poema más exquisito de Verlaine tiene voz nueva.

Sombrero de hipster con diminuta pluma roja, saco gris, camisa y pantalones negros entallados rematados con finos botines fashion style, Malzieu baila con una cadencia festiva que recuerda a Roco de la Maldita Vecindad. Es una especie de dandy-pachuco-parisino.

El público enloquece. Hasta las señoras maduras en plenitud agitan la cabeza como groupies tardías en señal de aprobación a un ritmo que difícilmente aceptarían en casa. Es el ‘efecto Cervantino’. Todos desean ser parte de la fiesta. Gozar sin restricciones, aunque sea sólo un momento.

Muchas gracias!- grita Malzieu haciendo que el público enloquezca por el gesto de la palabra en español en boca de un francés. La frase se repite y el grito colectivo también se replica cuando concluye una nueva ronda de acordes que hace gritar nuevamente al cantante de Dionysos en un cuasiperfecto español: “¡Soy un vampiro del amor!”.

Babet viste un vestido blanco sesentero al que ciñe un cinto negro, del que destaca un rojo corazón a mitad de la cadera. Violín en mano la chica hace saltar notas danzarinas sin tregua mientras la batería de Rico retumba acompañada de poderosos riffs que emite la guitarra de Milky Bilky.

En el escenario palpita, a intervalos, un corazón rojo que se vuelve azul y viceversa, mientras Babet hace que el banjo suene hipnotizante

Cuando suena Giant Jack, una canción oscura con un bajo repiqueteante que tiene ecos de los B-52 mezclados con Bauhaus –como si se licuasen Rock Lobster y Dark Entries- , el público está perdido en el capricho surrealista de Dionysos que es susurro y luego grito con un ritmo retro-electro. Mathias baila bravuconamente un breakdance que enciende por su júbilo de rockstar.

Mathias Malzieu hace honor a la banda sonora creada ex profeso para su libro hecho película donde narra una gran historia de amor; da fe colgando de su pecho un reloj cucú con moteadas luces titilantes de un verde neón

El rígido protocolo de postín que tiene a la gente sentada, extraña a la banda rockera que intenta conectar con el público. Nadie puede levantarse. Malzieu no puede comunicarse en español. Entonces una mujer sube al escenario y sirve de traductora. Los gritos estallan otra vez cuando las palabras del vocalista francés alcanzan con su intención.

Mi sueño ha sido tocar en México un solo de heavy metal como si anotara un penal en la final de fútbol mundial”.

Malzieu es un viejo zorro del escenario. Un escritor y cineasta genial. Lleva 25 años al frente de una banda que ha roto fronteras y que abarrota en sus presentaciones. Expresan una estética vintage y ecos oscuros de Tim Burton o Roald Dahl. Por eso el vocalista se atreve y literalmente surfea entre los brazos de la gente del escenario a las gradas y viceversa. Sigue siendo un enfant terrible a sus 43 años de edad.

La despedida es histórica. Con un ritmo que rompe las barreras del lenguaje y que hace cantar al auditorio el estribillo de Heroes de David Bowie, el colectivo aglutinado en la Alhóndiga de Granaditas representa el ‘Puño en alto‘, del que hablaba Juan Villoro en su poema –a propósito de los sismos en México-. En el escenario se proyecta una imagen de una caricatura con cabeza de corazón arropada en la bandera de México. Un gesto sensible para recordar el largo aliento a una nación en desgracia.

“’¡Oh we can be Heroes!” , es el grito multitudinario en una sola voz de millares de gargantas estremecidas que hacen un mantra de esta frase. En la apertura del FIC, con el concierto de Dionysos, todos fuimos héroes por un día.

Y mi corazón volvió a latir, como el de Jack perdidamente enamorado por siempre de Miss Acacia (A.B.).

  • Fotos: Carlos de las Piedras
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