San Miguel de Allende no se arredra, parece que su fama de destino turístico sigue inmutable, aunque la caía en sus cifras digan otra cosa.
Los turistas se han animado a llegar ya más en el inicio de año. Con o sin cubrebocas se les ve en las calles, arremolinándose en los bares, peleando alguna terraza al aire libre o a pierna suelta en los cafés.
Con apenas noticias de la variante Ómicron, esta ciudad del Bajío mexicano quiere mostrar un brazo fuerte, donde la crisis no arrecie tanto.
El conductor que me lleva al centro de la ciudad dice que muchos creen que con la llegada del nuevo gobierno las cosas van a componerse, tanto en seguridad como en menos “transas”.
Él, un hombre de unos 35 o 36 años, robusto en todo su esplendor, confía en que el alcalde priista (que ya lo había sido antes), la ciudad sea menos violenta.
Sí, violencia, lo que muy poco se promociona en la ciudad o lo que no se quiere reportar.
“San Miguel es fiesta y droga, droga y fiesta”, me repite uno de los dueños de un bar en la periferia al tiempo que revisa las notas del día en su periódico, sin darle mucha importancia a esas palabras.
Los caminos de San Miguel de Allende son extraños, sacados de un film que puede detenerse casi en cualquier época de tiempo desde finales de la década de los 80 a la fecha, con más o menos gente sonriente, pero casi igual
La especulación inmobiliaria eso sí, no ha parado. Hay decenas de fraccionamientos que se anuncian como lo mejor, lo más exclusivo, con precios en pesos mexicanos o dólares y esos, los inmuebles que valen dólares, son codiciados por la comunidad extranjera que cada vez se ha creído más el cuento de que aquí, en estas tierras, se encuentra una especie de Edén, donde el apocalipsis no llegará y si llega, será dentro de muchos, muchos años.
Hay casas en el centro histórico que se ofertan por 3 o 4 millones de dólares y los clientes, sí…las arrebatan.
Desde finales de 2021 y en lo que va del año se ha anunciado que SMA tendrá nuevo empuje, con la organización de encuentros y festivales que lo pongan más en la mira internacional y así activar la vapuleada industria turística.
Se ha planeado entonces el relanzamiento de la ciudad como destino idílico para las bodas, los negocios, el entretenimiento, la salud, la gastronomía y el alto perfil empresarial.
“Todo suena muy bien, pero seguimos con ventas a la baja”, se queja uno de los tantos galeristas que hay en la ciudad. La Aurora agrupa a locatarios que ofrecen arte internacional de todo tipo, desde artistas emergentes hasta piezas de algunos consagrados, pero la mayoría de ellos no ha repuntado en sus números desde hace dos años al menos.
En 2008 cuando San Miguel de Allende fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, los reconocimientos internacionales catalogándola como uno de los mejores sitios del mundo para vivir, no han parado
Aunque esa veintena de nombramientos que se presumen, provienen más de publicaciones extranjeras, lo que para algunos críticos se ha convertido en una falacia, donde la imagen que se vende al exterior no corresponde a su realidad donde los contrastes son evidentes si se sale del primer cuadro de la ciudad.
Lo que es innegable es que varios de los residentes extranjeros de una docena de nacionalidades que se han establecido aquí, han encontrado en San Miguel una red de amigos, trabajo, pareja, han iniciado negocios o han formado asociaciones y voluntariados que impulsan iniciativas de todo tipo: culturales, humanitarias, ecológicas, educativas, entre más.
“Sí suceden muchas cosas en San Miguel, pero luego no tienen continuidad porque hay poco apoyo o desinterés del gobierno y los que tienen poder económico, que residen aquí o afuera, no pueden estar subsidiando siempre de su dinero los eventos”, explica una de las organizadoras de dos festivales escénicos que no pudieron continuar.
Es de noche y la gente ha salido sin temor a nada. La música suena desde diversos puntos, las nacionalidades irrumpen aquí, por las cuatro esquinas, parece que los contagios y las crisis están en otro mundo, lejos de San Miguel, toda una paradoja.
- Ilustración: Koki