William Shakespeare fue hijo de un próspero comerciante, John Shakespeare, fabricante de guantes. Estudió la primaria en su ciudad natal, donde lee a Ovidio y las tragedias de Séneca, que tienen enorme influencia en el teatro isabelino de entonces, tanto el de los medios universitarios como el de origen popular, los cuales forman espectadores maduros del arte dramático. Antes de cumplir los veinte años casó con Anne Hathaway, con quien tuvo tres hijos: Susana y los mellizos Judith y Hammet. Éste último murió joven (se dice que de éste tomó el nombre, con una leve alteración en una letra, para su célebre tragedia).

En 1587 marcha solo a Londres en busca de trabajo y ejerce varios oficios en el teatro como acomodador, cuidador de caballos de los espectadores, actor y empresario asociado. Traba amistad con los escritores Christopher Marlowe, John Fletcher, Robert Greene y Ben Jonson.

En 1590 estrena de manera anónima su primera obra en colaboración con Marlowe, Enrique VI. En 1593 una peste sacudió las calles de Londres y los teatros son cerrados temporalmente. En ese año pasa a formar parte de la Compañía los Sirvientes de Lord Chambelain, donde da a conocer sus primeras obras: La comedia de las equivocaciones, La fierecilla domada, Los dos caballeros de Verona. También en esos años publica sus poemas Venus y Adonis y Lucrecia; el primero inspirado en la relación con su mujer Anne. En 1595 conoce al conde de Essex y al noble de Southampton, Henry Wriothesley, a quien dedicará sus famosos Sonetos. Recordemos que por entonces Inglaterra estaba en guerra con España y que tales acontecimientos influyeron en Shakespeare y en Cervantes.

De los coetáneos cercanos a Shakespeare habría que hablar de Ben Jonson, que escribió sátiras sobre la corte y los mercaderes de la ciudad (Cada uno según su humor, 1958; El poetastro) y en su obra El alquimista (1610) mostró un diestro manejo del argumento. Sentía celos del éxito de Shakespeare y fue él quien acuñó la frase aludiéndole: “Sabe poco de latín y de griego menos todavía”; al final, terminó recibiendo una pensión de la corte.

Otro amigo de Shakespeare, el dramaturgo y poeta Christopher Marlowe, se formó en Canterbury, donde nació, y en Cambridge, donde se hizo de una educación formal vasta. Cuando se pensó iba a convertirse en clérigo, se mudó a Londres seguido de su fama de blasfemo y sedicioso. Marlowe scribió la famosa Tragedia española y el Tamburlaine, estableciendo en estas normas para los dramas isabelinos. Sus héroes eran de extracción humilde, y apuntan hacia el tema central de los límites del poder. El Judío de Malta (1590) y finalmente el Doctor Faustus, –su obra maestra— concentran las compulsiones del Renacimiento y exploran regiones del conocimiento prohibidas por la Iglesia.

Fue muy próximo a Shakespeare e influenciado por éste en su tragedia Enrique VI; la otra, más personal, es Eduardo II, el judío (1592), todas consideradas de primera magnitud en la literatura inglesa. Murió muy joven, a los 29 años, apuñalado en una taberna en Deptford por dos espías del gobierno.

Se ha especulado de manera literaria en la hipótesis de que Marlowe no murió en Deptford, sino que vivió en secreto para escribir las obras atribuidas a Shakespeare. Otro personaje muy cercano a Shakespeare fue John Fletcher, con cuya colaboración se cree escribió sus dramas finales Cuento de invierno, La tempestad y Dos nobles

El Teatro “El Globo” fue construido en 1598 en Southwark, Londres. Lo financiaron William Shakespeare, Richard Burbage, principal actor trágico; William Kemp, principal actor cómico, John Heminge y Henry Condell, actores de quienes editaron también las primeras obras de Shakespeare. El teatro, de forma circular, podía albergar 1 mil 200 espectadores sentados en dos filas en forma de herradura; una parte estaba a cielo abierto y la otra cubierta con techo de paja rústica.

Desde finales del siglo XVI el trabajo de Shakespeare es indetenible. Se inicia una prolífica producción de comedias y tragedias donde citamos las más conocidas; Ricardo III (1593), Romeo y Julieta (1595), Mucho ruido y pocas nueces (1598), Las alegres comadres de Windsor (1598), Sueño de una noche de verano (1598), Julio César (1600), Duodécima noche (1600) y las tragedias consideradas más logradas y clásicas de toda su producción: Hamlet (1601) Otelo (1604), El Rey Lear (1605), Macbeth (1606) y Antonio y Cleopatra (1607).

La mayor parte de sus dramas poseen en parte móviles históricos o., mejor dicho, tienen como pretextos a reyes, príncipes o nobles para dar luego curso a una honda investigación sobre alma humana, que rebasa los escenarios históricos. Justo es señalar que, al representar estas obras, se prescindía de escenarios fastuosos, de efectos costosos de escenografía, vestuario o iluminación. El poder de la palabra debía sustituir todo aquello, o darlo por sentado.

Incluso muchas veces los personajes femeninos estaban actuados por hombres con atuendos de mujeres, sin que esto perturbara la percepción del personaje. Otro rasgo a tomar en cuenta en sus dramas es que ningún personaje de Shakespeare es secundario: apenas aparece en escena se convierte en protagonista. No podemos decir, por ejemplo, que Hamlet sea más importante que Falstaff, por el solo hecho de ser el primero un príncipe y el segundo un borracho.

Nadie en la literatura ha escrito tal cantidad de tragedias y comedias tan perfectas y equilibradas, con personajes tan bien dibujados, impactantes, definitivos. Jorge Luis Borges nos dice que “Nadie fue tantos hombres como aquel hombre, que a semejanza del egipcio Proteo pudo agotar todas las apariencias del ser. A veces, dejó en el algún recodo de la obra una confesión, seguro de que no la descifrarían…

Su único retrato fiable, llamado de Chandos, es de artista desconocido, y ha sido motivo de numerosos bosquejos o versiones.

Los Sonetos de Shakespeare –acaso la obra donde pudiéramos hallar más rasgos autobiográficos– está escrita en clave homoerótica y se torna ambigua e indescifrable, pues Shakespeare está oculto tras ella como lo está detrás de toda su obra; nadie podría hacer una biografía fidedigna suya aunque, curiosamente y al mismo tiempo, logra reconocerse en secreto y oírse a sí mismo como nunca nadie lo ha logrado

Del mismo modo, es posible señalar en ello un elemento novelesco inventado por éste, de similar dimensión a lo inventado por Cervantes en su picaresca de El Quijote. Con el retrato más conocido de Cervantes sucede algo similar; no está certificado que éste corresponda a él, atribuido a Juan de Jáuregui; las demás imágenes suyas que vemos son totalmente inventadas.

Pongo un mínimo ejemplo del lenguaje de Shakespeare en boca de Hamlet, una de sus creaciones mayores, hablándole a su madre la Reina, al comparar la figura de su padre el

Rey recién muerto, con la de su hermano que acaba de ocupar su lugar:

REINA: ¡Ay de mí! ¿Qué drama es éste que ruge tan fuerte y truena en el prólogo?

HAMLET: Mira aquí, en este retrato y en éste, la copia de las imágenes de dos hermanos: mira qué gracia se había asentado en este rostro, los rizos de Hiperión, la frente del propio Júpiter, unos ojos como Marte, para amenazar o mandar, una presencia como la del heraldo Mercurio, recién posado en un monte que besa el cielo; una combinación y una forma, verdaderamente, donde todos los dioses parecieron poner su sello, para dar al mundo garantía de un hombre: era tu marido. Mira ahora el que sigue. Aquí está tu marido, que, como una espiga con tizón, enferma a su hermano su aliento sano. ¿Tienes ojos? ¿Pudiste dejar de apacentarte en esta bella montaña para cebarte en esta ciénaga? ¿Eh?, ¿Tienes ojos? No puedes llamarlo amor, pues, a tu edad, el levantamiento de la sangre está domado, es humilde y sigue al juicio: ¿y qué juicio pasaría de éste a éste? [Ciertamente, tienes sentimiento, pues si no, no tendrías movimiento, pues ni la locura erraría, ni jamás se sometió tanto el buen sentido a la embriaguez sin reservarse un poco de juicio que usar en tal distinción] ¿Qué diablo fue el que os engañó jugando a ciegas? [Ojos sin sentimiento, sentimiento sin vista: oídos sin manos, ni ojos, olfato, ni nada, o siquiera una parte enfermiza de un solo sentido verdadero, no habrían podido enloquecer así] ¡Ah vergüenza! ¿Dónde está tu rubor? Rebelde infierno, si puedes amotinar en los huesos de una matrona, que la virtud sea como cera para la llameante juventud, y se derrita en su propio fuego. Proclama que no es vergonzoso que el ardor abusivo se lance al ataque, puesto que la misma helada arde con tanto vigor, y la Razón sirve de alcahueta al Deseo.”.

A estas tragedias se añade una notable serie de comedias como La comedia de las equivocaciones (1593), La fierecilla domada (1594), El mercader de Venecia (1596), Mucho ruido y pocas nueces (1598), Las alegres comadres de Windsor (1601), Troilo y Cresida (1602), Medida por medida (1604), hasta arribar a las obras postreras del cierre de su carrera, Coriolano (1607), Cimbelino (1609), Cuento de invierno (1610) y La tempestad (1611). Shakespeare fue un hábil comerciante y un usurero menor, un empresario exitoso que pudo ahorrar para invertir, comprar casas y villas y retirarse a éstas con su familia, y casar a sus hijas Susana y Judith. Se ha especulado acerca del fastuoso banquete nupcial ofrecido en la boda de su hija Judith en 1616: fue tal y el propio William se hartó de bocados en éste de tal modo ese día, que le sobrevino un colapso.

En ambas formas, en la dramática y la lírica, Shakespeare está considerado un maestro, un innovador, un escritor que rompe todas las reglas, potencia la lengua inglesa y la concepción del mundo isabelino y se proyecta en lo futuro, en el romanticismo, sobre todo, en la llamada modernidad y en las vanguardias con una fuerza inusual, que ha dado lugar a las interpretaciones más diversas y atrevidas

Shakespeare es tenido como el más grande dramaturgo, superando incluso a los clásicos griegos y a los autores medievales. Macbeth, Otelo y Hamlet son consideradas las obras teatrales más perfectas que se hayan escrito, por contener en sí los elementos constitutivos de la naturaleza humana: el odio, el amor, la alegría, la amistad, la muerte, el poder, la tristeza, la felicidad, la guerra, la fugacidad, la locura, la paz, los celos, la envidia, dios, el demonio, todo está contemplado y tratado en ellas.

La vida amorosa de William Shakespeare es un enigma. Todo en ella resulta poco claro. Aparentemente, se prendó de una muchacha en su juventud y no fue correspondido por ésta; entonces se refugió en el afecto de una mujer ocho años mayor que él, Anne Hathaway, con quien se casó a los dieciocho años, más por despecho y compromiso (“para reparar un desliz juvenil”, según documentos de la época) que por verdadero amor. Con ésta tuvo tres hijos, Susanna y los mellizos Judith y Hamnet; éste último murió cuando apenas contaba once años de edad.

El tema amoroso tiene en Shakespeare, sin embargo, uno de sus motivos centrales tanto en tragedias y comedias como Antonio y Cleopatra y Romeo y Julieta o Trabajos de amor perdidos, como en sus Sonetos de amor, que comienza a escribir desde 1593 hasta 1599, llegando a la cifra de 154 sonetos, finalmente editados en 1609 por Thomas Thorpe. Antes, en 1592, publica los poemas Venus y Adonis y La violación de Lucrecia, dedicados ambos a Henry Wriothesly, conde de Southampton y barón de Tichfield. En la dedicatoria de este último poema dice: “Lo que he hecho os pertenece, y lo que haga también os pertenecerá, como porción de todo cuanto os he dedicado”.

En la dedicatoria de Venus y Adonis (1592) anota, al dedicar el poema al Conde de Southampton (su tema, sin embargo, según explica James Joyce, puede ser la seducción ejercida por Anne Hathaway sobre él): “Considero mi actitud valiosa si vuestro honor queda satisfecho, y esto me compromete a obtener el mayor beneficio posible de mis horas de ocio, hasta lograr homenajear a Vuestra señoría con un trabajo de mayor valía. Pero si el primogénito de mi invención resulta deforme, lamentaré el haber elegido tan notable padrino; y nunca volveré a cultivar tan árido terreno por temor a recoger una mala cosecha. A vuestro honorable juicio lo encomiendo y a vuestra gracia para deleite de su corazón, el cual espero responda siempre a vuestros deseos más íntimos y a las esperanzas más llenas de expectación del mundo”.

En 1609 se editaron sus Sonetos y el poema La queja de un amante, dedicado a Henry Wriothesly, su patrono, conde de Southampton. La dedicatoria de estos textos siempre ha estado rodeada de ambigüedad y generado muchas hipótesis, ninguna de ellas aclarada del todo. Otra teoría más aventurada nos dice que Shakespeare no fue el único autor de estas obras, que se trataba de varios autores cuyo interés mayor era dar el mejor acabado posible a éstas, en beneficio de su frescura y verosimilitud, y el público las celebrara, más que para pasar a la historia de la literatura. Lo que sí es cierto y relevante en ellas es su don musical y la belleza de sus imágenes, un juego brillante y casi fantástico con las metáforas, y un arsenal de efectos sonoros en beneficio todos ellos de un poder conceptual impresionante, que han convertido a Shakespeare en un poeta sin igual y en un excepcional filósofo de la existencia humana.

Casi con seguridad, William se enamoró del barón Henry Wriothesly y —haya consumado con él o no una relación carnal o erótica— veía en él algo más que a un noble virtuoso o un amigo fiel, lo cual es algo totalmente posible. También se ha hablado de una famosa “Dama oscura” objeto de destinatario de estos Sonetos; pero el mismo Shakespeare se prestó a oscurecer el destinatario real invirtiendo las siglas (W.H.) y sumiendo el asunto de nuevo en el misterio. Sea como fuere (si lo pensamos bien, puede ser las tres cosas), los poemas han permanecido como unos de los más hermosos de la literatura inglesa.

Yo he intentado un modesto acercamiento personal de traducción al castellano conociendo del riesgo que esto implica, guiado más por realizar un ejercicio personal con el lenguaje que por creer que mis humildes versiones puedan dar una idea de la compleja música interna que poseen en el idioma inglés.

*NOTA: Para descargar el libro Sonetos -traducido por Gabriel Jiménez Emán- puedes hacerlo en el siguiente enlace:

*Ilustración: Anónimo (detalle), Universal History Archive