Las secuelas de películas de culto son el territorio más peligroso que hay en el cine. Es el lugar a donde sólo se dirigen los valientes o los idiotas. Nadie sale indemne de ahí. Las apuestas son tan altas, las miradas críticas son tan hostiles, que sólo las secuelas grandiosas se salvan y no hay términos medios.
Cuando se confirmó que habría una secuela para Blade Runner, película de culto por antonomasia, los fanáticos temblaron de miedo. En una era de imaginación estéril que ha revisitado películas icónicas hasta el cansancio con resultados casi siempre desafortunados, ¿para qué profanar esta rara joya? No obstante, con Dennis Villeneuve y Roger Deakins al mando de la nave, había espacio para esperar un prodigio.
Ahora que Blade Runner 2049 ha salido a la luz, las críticas no se han hecho esperar y en su gran mayoría han sido entusiastas. El consenso parece ser que Villeneuve ha conseguido lo imposible y ha creado una secuela digna de la original. “Obra maestra” y “Un futuro clásico” han sido algunas de las condecoraciones más sonadas y repetidas. Los más románticos han llegado incluso a decir, con ojo más obnubilado que crítico, que es mejor que la original. Pero no todos han caído en el encanto. También están los que han tildado de aburrida a la película o se han quejado de su duración desmedida. Carlos Boyero, el veterano crítico de El País la ha llamado “la mayor decepción del año”.
De antemano habrá que decir que, a mi parecer, tanto aquellos que dicen que es superior a la original como aquellos que la han repudiado pecan de dramatismo
Para mí, Blade Runner 2049 es una buena película. Casi sin temor a equivocarme diría que es la superproducción más interesante que veremos este 2017. Una secuela trabajada desde el amor y la admiración a la original y que a la vez se atreve a ser autónoma y toma riesgos. No obstante, no es la secuela que Blade Runner merecía (si es que acaso necesitaba una).
Lo que hace bien
El primer reto para Villeneuve, una vez superado el miedo, era lograr un balance entre el homenaje y el atrevimiento. ¿Cómo conservar un mundo tan icónico y a la vez hacerlo propio? Su respuesta fue nieve. Antes de comenzar a grabar, Villeneuve le dijo a Ryan Gosling: “En mi ‘Blade Runner’ cae nieve. Soy canadiense y necesito moverme en un ambiente que conozca”. Este pequeño detalle, se convirtió en su amuleto para abrirse paso en el futuro cyberpunk sin profanarlo.
Técnicamente, la película es un triunfo. Fiel a la propuesta de su antecesora, Blade Runner 2049 apuesta por los escenarios y la utilería tangible y descree del exceso de CGI. Dennis Gassner, el encargado de diseño de producción (artífice de las estéticas de películas como Big Fish, The Truman Show, Bugsy y Barton Fink) creó la mayoría de los nuevos escenarios dejando a las computadoras sólo los retoques.
Entre estos escenarios están incluidos algunos de escala masiva: la fachada completa del edificio en donde se encuentra Deckard, las esculturas monumentales y el campo de desechos industriales en donde el oficial K se estrella. De esta manera, Gassner dispuso el mundo para que Roger Deakins le diera vida con su lente hechizada.

De Deakins obtenemos lo único que sabe ofrecer: la maravilla. Blade Runner 2049 tiene una visión poderosa. El mundo que vemos aquí es a la vez denso y desolado, inmenso pero opresivo, bellísimo pero decadente. Los grandes planos de proporciones épicas muestran a los humanos y androides en su insignificancia, los primeros planos los muestran en su humanidad y vulnerabilidad.
En cuanto a las actuaciones, me atreveré a decir que lo mejor (y quizás lo único indiscutiblemente bueno) es el oficial K de Gosling, quien, retomando un poco de su personaje en Drive, hace un retrato multidimensional de un personaje hermético. Con pocas palabras y con un rango de gestos y expresiones limitado por las exigencias de su papel, Gosling da vida al personaje más humano y el más interesante en este mundo. El resto del casting es eficaz (con excepciones que adelante abordaré) y hasta ahí me quedo.
Pero los aspectos técnicos e histriónicos se han revisado y se seguirán revisando con más detalle en otras críticas. Me enfocaré ahora en algo que se ha tratado con menor profundidad y que, creo, es lo más interesante de esta película.
Figuras de origami
The New York Times ha dedicado uno de sus videos: Anatomy of a Scene a una de las mejores (¿la mejor?) escenas de Blade Runner 2049.
El oficial K camina en las ruinas de lo que solía ser Las Vegas. Aquí, Deakins captura una atmósfera que en sí misma vale la película entera: en una región desolada por radiación nuclear, sólo se dibujan los contornos de esculturas gigantes y vagas figuras de edificios derruidos. El aire está teñido de un amarillo ocre. El oficial K escucha un zumbido y se encuentra con una granja de abejas. Él no conoce esos animales y se siente fascinado con ellos. Mete su mano a uno de los panales y entonces escucha una melodía en piano saliendo de un edificio cercano. Antes de dirigirse hacia allá, vemos su mano llena de abejas.

¿Qué tiene de especial esta escena? En primer lugar, que es visualmente magnífica. En segundo lugar y sobre todo, es un ejemplo del cuidado y la atención a los detalles de Villeneuve. El director quiso que hubiera abejas porque son un animal trágicamente emblemático del daño que hemos causado a la naturaleza. Las abejas domésticas se están extinguiendo y sin ellas nuestro futuro será como el que vemos en pantalla. El hecho de que haya abejas en un sitio que se pensaba desolado por la radiación es un breve y misterioso rayo de esperanza en una película más bien pesimista. El que K se acerque a las abejas con curiosidad subraya el hecho de que los replicantes tienen sensibilidad humana. Y ¿qué hay con la melodía que suena de fondo? Es el Vals No.15 en La bemol Mayor Opus 39 de Brahms, pieza que para Villeneuve era muy importante, pues ésa es la primera memoria musical del cineasta, esas notas en piano, tocadas por su abuela.
Gran parte de la problemática de la película tiene que ver con la memoria infantil y con la pregunta: ¿Importa que la memoria sea real o no mientras se sienta real?
Utilizo esta escena como puerta para tratar lo que me parece más admirable de esta película y del esfuerzo artístico de su director y guionistas: las referencias. Villeneuve ha sembrado símbolos en la película, que, como las figuras de origami de Gaff, abren muchas y ricas interrogantes para los ojos que saben mirar.
Se ha señalado la más que obvia alusión a Pinocho, pero hay mucho, mucho más. Por ejemplo, el programa Joi (la pareja virtual de K) tiene como tema musical de inicio y apagado los primeros compases de Pedro y el lobo, el cuento sinfónico de Prokófiev. ¿Por qué? No hay respuestas definitivas, pero, recordemos que en ese cuento, Pedro (y es que las notas iniciales corresponden a las cuerdas que caracterizan a Pedro en el cuento) es el nieto de un pionero ruso, es decir, de un colonizador de las tierras inhóspitas de Rusia.
Muchos consideran que el cuento entero es una alegoría del triunfo del hombre sobre la naturaleza. Joi es un programa diseñado por Wallace, el ingeniero genético que asegura haber superado a la naturaleza en la creación de humanos. Si seguimos este hilo, podría hablarse de que la película sigue de cerca al cuento. Al final de Pedro y el lobo, Pedro captura al lobo y, en lugar de matarlo, lo lleva a un zoológico.

El oficial K está justamente en busca de un replicante especial, uno que es, digamos, salvaje, y debe llevarlo al cautiverio. Por último, valdría la pena recordar la relación entre el pato y el ave en el cuento. El ave vuela y el pato nada. El ave le pregunta al pato “¿Qué clase de pájaro eres que no vuelas?” y el pato replica: “¿Qué clase de pájaro eres que no nadas?”. El espejo que esto ofrece a las reflexiones sobre humanos/replicantes/inteligencias artificiales es claro.
Una intertextualidad literaria, revelada a penas, pero también relevante es la de La Isla del Tesoro. Cuando K se encuentra con Deckard, éste le cita una frase del libro de Stevenson. Lo más superficial sería decir que esto es sólo porque se encuentran en los vestigios de un casino y quizás ese casino era The Treasure Island, pero este estanque es más profundo. No olvidemos que la novela de aventuras y piratas de Stevenson tiene en su centro el tema del paso a la adultez del joven Jim. De la búsqueda de éste por una identidad y por una figura paterna. La relación con el arco del personaje de K en la película es evidente.
Otra intertextualidad literaria y probablemente la más marcada y la más rica e intrigante es la presencia de Pálido Fuego de Nabokov. K tiene el libro en su departamento y en una escena Joi le pide que le lea un fragmento. En otra escena, mientras la jefa de K lo visita, el libro aparece en la mesa. Esto funciona como una caja china, pues el título de la novela de Nabokov a su vez hace referencia a unos versos de Shakespeare en que habla del “pálido fuego” de la luna, y de cómo ésta sólo le roba su luz al sol. ¿Son los replicantes sólo el pálido fuego que roban a la auténtica luz natural de los humanos?

Pero la riqueza de esta alusión literaria no acaba ahí. Más escondida y más fascinante es la inserción de los versos 705-707 de la novela-poema Pálido Fuego en la prueba Voight-Kampf que le hacen a K:
“Cells interlinked within cells interlinked
Within one stem. And dreadfully distinct
Against the dark, a tall white fountain played”.
En estos versos dentro de la novela de Nabokov, el poeta ficticio John Shade describe algo que vio al estar a punto de morir. Después, el poeta encuentra en el periódico la declaración de una mujer que, al estar al borde de la muerte, vio: “a tall white fountain” (una fuente alta y blanca). Shade, maravillado, cree que esto no es una coincidencia, sino una prueba de la existencia del más allá. Al investigar descubre que el periódico cometió un error de dedo y debía decir: “a tall white mountain” (una montaña alta y blanca). ¿Puede esto relacionarse con el aparente descubrimiento de una memoria auténtica en un replicante? ¿Con las memorias compartidas?
Es ahí donde Villeneuve revela su genio. Con estos acertijos, el director abre ventanas hipnotizantes para la discusión. Si ese mismo genio se hubiera extendido al resto del filme, no dudaría en secundar a las voces que llaman a Blade Runner 2049 una obra maestra. Lamentablemente no todo puede ser un unicornio de papel.
Lo que hace mal: No es lo mismo Blade Runner que treinta años después
El lado negativo de la crítica se ha enfocado en el ritmo lento que ha hecho a algunos llamar al filme aburrido. No concuerdo con estas valoraciones. Quien realmente ama la original sabe que es una película que exige paciencia. A mí, en todo caso, me parece que ésta se excede con las escenas de acción que pecan de hollywoodescas. Otros han dicho que es muy larga. Esto es cierto en parte pues hay escenas que se demoran demasiado (quizás queriendo emular el ritmo de su predecesora) y otras que quizás hubiera convenido remover por completo; no obstante, esto tampoco me parece una deficiencia capital en la película.

Los problemas de Blade Runner 2049, como en casi toda película, nacen en el guión. Uno: los personajes, fuera de K, están pobremente construidos. En la Blade Runner original, a pesar de estar centrada en Deckard, conocemos a una variedad de personajes secundarios que son interesantes en sí mismos: Tyrell, como ese extraña mezcla de Gepetto, Frankenstein y Dios; Sebastian, como el melancólico y solitario ingeniero genético que sólo desea amigos; Gaff, como el misterioso agente que lo ve todo desde las sombras y se comunica con el mundo en acertijos hechos de papel; y claro, los replicantes, encabezados por Roy Batty, todos ellos con identidades desarrolladas, con motivos emocionales y cuestionamientos filosóficos; y finalmente Rachel, quien, a pesar de aparecer poco en pantalla, vive un arco emocional completo al enfrentarse a su verdadera naturaleza.
En Blade Runner 2049 todos, excepto K (y tal vez Sappir Morton, el replicante interpretado sorprendentemente bien por Dave Bautista), tienen la profundidad de una hoja de papel. Aun el legendario Rick Deckard sólo vale por su memoria en esta película y se ve convertido en un souvenir. Duele aceptarlo, pero si no lo creen, pregúntense: ¿Qué arco dramático sigue en esta película? En Blade Runner Deckard hace avanzar a la historia, en Blade Runner 2049 a Deckard sólo le pasan cosas: K lo encuentra, K lo interroga, Wallace se lo lleva, K lo salva.
Se ha alabado el hecho de que la película tenga un reparto en su mayoría femenino y eso es bueno, pero ¿cuál es el papel de estas mujeres?
Robin Wright, como buena actriz que es, hace lo mejor que puede con el personaje acartonado que le fue dado. ¿Cuál es su motivación? ¿Detener una guerra entre replicantes y humanos? De acuerdo, ¿y por qué? ¿Cuál es su conexión emocional con eso? Ninguna. Es sólo una agente del sistema.
Por otro lado, ¿por qué ayuda a K? Quién sabe. Le cae bien porque sí, porque él es más sensible que otros, porque eso necesitaba el guion. Luv, la replicante favorita de Wallace, parece más un robot de Terminator que un replicante. Se nos hace ver que ella desea ser amada por Wallace, pero la forma en que esto se evidencia es torpe. Ella es una máquina efectiva para matar. Es obediente. Fin. Mariette (la replicante prostituta) es sólo un artefacto para hacer avanzar la trama. Joi, la novia de K, es interpretada con más belleza que habilidad histriónica por una Ana de Armas que no logra descifrar el tono para humanizar a una inteligencia artificial diseñada como compañera amorosa. Su personaje (y toda esta área de la historia) acaba siendo una copia desafortunada de Samantha, en Her.
Hay incluso una escena (demasiado larga) que es una copia exacta de una escena mucho mejor lograda en Her. Me pregunto incluso, ¿valía la pena hacer la pregunta, por demás ya tratada, sobre si las inteligencias artificiales son capaces de amar? Si quitásemos esta subtrama entera, creo que el filme ganaría.

Sobre Jared Leto es mejor no hablar mucho. Pareciera que confundió el Oscar con un permiso para sobreactuar. La afección que le infligió a la voz de su personaje en un intento desesperado por darle vida propia, sólo lo hizo palidecer más en comparación con el muy logrado Tyrell de Joe Turkel.
Pero el error crucial de la película es otro. Antes de hacer una secuela para una película icónica, hay que peguntarse ¿qué hizo a esa película lo que es? Hay que conservar esos elementos y usarlos para ampliar el universo. Blade Runner 2049 ignora las claves del legado de su predecesora.
Clave 1: Neo-Noir en el futuro
Sí, la visión de Deakins y Villeneuve es deslumbrante, pero ¿qué hizo memorable e influyente a la estética de la original? El hecho de que Scott y Cronenweth tomaron la estética del noir y la llevaron a un futuro distópico. En todas las escenas de Blade Runner, los personajes están recortados por la luz. Luz azulina entra por persianas y se enrarece con el humo de cigarros. Luz de neón se refleja en charcos en las calles mientras llueve y sale humo de las alcantarillas.
Esa estética noir obedece a los temas y motivos de la película también. Deckard es el típico detective endurecido, silencioso, solitario; Rachel es la clásica femme fatale. La línea de investigación es precisamente como la de una novela detectivesca: preguntar en las calles, interrogar en burdeles, seguir pistas sucias.

Blade Runner 2049 pierde esto. Es una película de ciencia ficción y punto. El trabajo detectivesco de K no es el punto de atención. La iluminación y fotografía sí funciona con claroscuros, pero de ninguna manera los claroscuros típicos del noir.
Incluso la banda sonora cae lejos del blanco. La banda sonora que hizo Vangelis para Blade Runner es una de las más influyentes de la historia del cine y es porque siguió esa lógica de un noir futurista: combinando la estructura y temas del jazz urbano con sintetizadores para darle un toque lúgubre de distopía futurista. La banda sonora de Hans Zimmer suena bien, pero peligrosamente similar a su trabajo para Inception.
Clave 2: Ambigüedad
Blade Runner es ambigua. En ella no hay malos ni buenos. No podríamos decir que los replicantes son malos, pues sólo quieren vivir y ser libres, sin embargo, tampoco son buenos pues matan a muchos humanos para conseguirlo. No podemos decir que Tyrell sea totalmente malo, pues de hecho ama a sus creaciones, pero las ve como eso, como creaciones.
Deckard es el héroe, pero ¿podemos decir que sea enteramente bueno? Mata a replicantes siguiendo órdenes y sin chistar. En Blade Runner 2049 está claro quiénes son malos y quiénes son buenos. Los replicantes son buenos, Joi es buena, K rápidamente descubre qué es bueno y qué no. Wallace es malo, es un megalómano dispuesto a torturar y hacer sufrir para conseguir lo que quiere.
La ambigüedad de Blade Runner es necesaria por el tema que trata: ¿Qué significa ser humano? Tal pregunta sólo puede abordarse de manera filosófica y poética
Eso quiere decir, desmenuzando la pregunta abriendo nuevas interrogantes y sin dar nunca una respuesta concreta, acaso sólo sugiriéndola. Blade Runner 2049 trata de abarcar ese mismo tema, pero ampliándolo con subpreguntas: ¿Pueden los replicantes amar? ¿Por qué obedecemos y cuándo está bien obedecer? ¿Cuál es el papel de la memoria? Y la principal: ¿Somos humanos porque nacemos? ¿Algo que se reproduce por vías propias, puede seguir siendo artificial? Al abrir tantas preguntas, la película se desborda y se pone a apuntar a las respuestas con poca sutileza. Cuando a K le encargan hallar al primer niño nacido de una replicante, dice: “Creo que si algo nace, tiene alma”… ¿Por qué responde eso? ¿Villeneuve no confía en la inteligencia de su audiencia?
Para subrayar el contraste, basta con señalar el monólogo final de Batty en Blade Runner. La última línea: “All those moments will be lost in time, like tears in rain” (Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia).
Estas palabras y la muerte del último replicante Nexus 6 persisten y resuenan en la audiencia reiterando la pregunta: ¿Qué significa ser humano? En la secuela no hay nada próximo. A K le dicen explícitamente: “¿Qué es más humano que sacrificarse?”. En lugar de entregarnos un mensaje sutil, se nos da la respuesta y como consecuencia en el momento en que se busca hacer homenaje a la escena de Batty con el personaje de K, el eco es débil.

Blade Runner ha sobrevivido y gana potencia e interpretaciones porque estuvo adelantada a su tiempo. Blade Runner 2049 no. Las preguntas que propone ya se han hecho y la forma en que las hace no es novedosa. Blade Runner lidia con humo y, sabiendo que es inasible, se limita a retratarlo y nos pide descubrir sus formas. Blade Runner 2049 quiere embotellar ese humo y dárnoslo con forma definida.
No puedo más que admirar el trabajo de Villeneuve, de Deakins y de Gassner. Admiro su valentía. A nadie le debe caber duda de que hicieron lo mejor que pudieron y lo hicieron con talento y dedicación. Pero el genio es más que eso y por ello es tan difícil replicarlo.
Quién sabe cuál es la alquimia exacta para hacer una gran secuela. Lo único cierto es que sólo las grandes secuelas, las que continúan el mito, que lo ensanchan, lo alteran y se vuelven parte necesaria de él sobreviven a la par de su original. Las demás se convierten en notas al pie. La obra de Dennis Villeneuve se esfuerza admirablemente por formar parte de las primeras, pero se acerca más a las segundas.
El tiempo y el poder de la memoria lo dirán.