Baudelio Camarillo tiene un canto de agua viva, de corriente acristalada, evocaciones de la dulzura del cuerpo femenino en flor, y también un árbol y un niño en la voz. Ha florecido sutilmente enraizado como un sabino a las aguas del rio de la memoria.

Su poesía es poderosa y toca como un beso de luz el corazón al cantar lo sagrado, es un poeta de resplandores, inmerso lo mismo en los misterios de la noche que de la festividad solar del día. Un amante de las palabras que nacen y vuelan como pájaros desde su boca.   

En su libro En memoria del reino, ganador del Premio de Poesía Aguascalientes 1993, Baudelio Camarillo nos muestra por qué su voz se ha elevado por entre las ruinas del lenguaje contemporáneo. Y nos lleva hasta su adorado Río Guayalejo, que da título a un largo poema donde nos confía:

Cada atardecer vuelan gritos de muchachas

sobre las tibias aguas de este sueño;

nadan en él, en él se bañan

y las aguas se endulzan con sus cuerpos”.

(…)

Con gritos y canciones adornamos la luz

y el aire de verano que son nuestras estancias favoritas.

Somos aves buscando agua para beber,

para hundir nuestro asombro,

para dejarnos llevar por su corriente”.

Este poeta tamaulipeco nació el 7 de septiembre de 1959 en la comunidad rural de Xicoténcatl, Tamaulipas, bordeada por el Río Guayalejo, y enclavada entre la Reserva de la Biosfera del Cielo y la Sierra de Tamaulipas. Quizá por ello su poesía evoca siempre el paraíso perdido y el río de su infancia, la corriente de agua que es metáfora del paso del tiempo y el cambio permanente, como planteaba con sabiduría Heráclito.  

Desde niño le gustó leer. De familia campesina en casa no tenían mas libros que los escolares -a los que volvía una y otra vez para releer poemas y narraciones breves-, hasta que un evento fortuito cambió su vida, literalmente. Un ejemplar de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, llegó por accidente a su casa cuando cursaba el primer año de secundaria. Y se volvió su libro de cabecera.

Baudelio leyó el Quijote con pausas, y con voracidad en las interminables tardes de lluvia del verano que le impedían salir a jugar; y su amor por la palabra creció como él, hasta llorar por la muerte de Don Alonso Quijano

Al terminar la secundaria emigró a Zacatecas para estudiar en la Escuela Normal Rural de San Marcos, en Loreto, de la cual salió a los 18 años como Maestro Normalista. Tiempo después emigró a Guanajuato persiguiendo el amor.

Yo pienso que el poeta nace. La lectura del Quijote me llevó a pensar que hay un destino, que el poeta nace y se hace, porque es como una semilla. Si esa semilla cae en un sitio fértil las ocas se dan, el árbol crece, la poesía florece. Y si esa semilla cae en un lugar donde no tiene posibilidades se sobrevivir, se apaga.

Conmigo sucedió eso, por ello creo en el destino, porque también en un momento dado pude haberme quedado en una comunidad rural muy lejana y no haber conocido el sentido de mi vida (…) y me dejo en el lugar justo donde yo debía de estar (en Celaya), con el único maestro que he tenido yo en mi vida, que es el maestro Efraín Bartolomé”, confía Baudelio sobre ese nacimiento del fuego interno en su existencia.

En Celaya, ciudad a la que llegó en 1987 y en la que ha sido además de docente, editor de los periódicos a.m. y El Sol del Bajío, ahora es faro de las nuevas generaciones de poetas a través de sus talleres; y aquí conoció también a otra figura determinante para su destino: el poeta y escritor Herminio Martínez.

En los talleres del INBA en la Casa de la Cultura, terminó por aprender a entrelazar las palabras hasta ser también un grande como Herminio, a quien recuerda con respeto y admiración, por las enseñanzas, el apoyo y su generosidad en momentos muy duros.

Esa pación de vivir cada instante de tu vida como si fuesa el último, creo que eso es lo más importante, lo más vital de un poema. Un poema es la vida al límite, en todas sus posibilidades, es tu experiencia vital. Y el sentido del poema es lo que nos hace dignos de este mundo, del disfrute.

Pienso que hay cosas en la vida que significan mucho para nosotros, me refiero a eso que llamamos sagrado. ¿Por qué es sagrado?, porque es un misterio, porque nosotros de algún modo nos adentramos en el misterio sin conocerlo, y tratamos de vivirlo, de interpretarlo. Es el equilibro que nos da aquí en la Tierra ese momento que vivimos”, reflexiona Baudelio sobre el carácter de la poesía y como vive ese misterio en su vida.

La simbología de Baudelio Camarillo está ligada invariablemente al Río Guayalejo, que se extrapola como alegoría del tiempo, de la pasión de la vida que se va entrelazando al campo, la lluvia, el sol, la tierra, los árboles, las nubes, las aves

El misterio femenino también es símbolo permanente de sus versos. El cuerpo amoroso, el engarce de lengua y cadera, la comunión sensual de la carne trémula.  

A Baudelio Camarillo lo ‘conocí’ hace más de una década a través de uno de sus libros. Cuando leí sus versos de ‘La noche es el mar que nos separa’, me conmovió profundamente. Ahora que lo conozco personalmente, reitero mi admiración y respeto a su poesía de largo aliento.

Ambos tenemos un mar de amigos poetas en común. Aunque nunca confluimos en el mismo río de palabras, hasta hoy que le honramos en un merecido homenaje a su obra y trayectoria en el 5º. Encuentro de Escritores de Guanajuato. Mi poema favorito de ‘La noche es el mar que nos separa’ dice:

Ebrio de tanta luz, a ciegas casi,

avanzo hasta tu cuerpo.

Una melodía de espejos te refleja desnuda.

Soy la sombra del árbol donde tus aguas pasan.

Soy la oscura presencia que te habita un momento,

sólo un breve momento

porque luego

cuando cierras los ojos y yo caigo hasta el fondo

la sombra se diluye:

de lo hondo de tu cauce

también brota la luz”.

En su carrera literaria, además del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1993 por su libro En memoria del reino, Baudelio Camarillo ha ganado el Premio de Poesía San Juan del Río 1996 por Huerto infantil, y el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2004 por La noche es el mar que nos separa.

Su poemario En memoria del reino -que se ha traducido a otros idiomas- se incluye en la compilación Premio de Poesía Aguascalientes 30 años, 1988-1997, Joaquín Mortiz/Gobierno del Estado de Aguascalientes/INBA, 1997.

Cuenta además con los libros Espejos que se apaganCuadernos de PraxisLa casa del poeta y otros poemas, Poemas de agua dulceCuerpo bajo las aguasAl fondo está la noche y Poemas de Agua Dulce.

A lo largo de su vida y obra el río que no cesa, con su ondular tranquilo lo va depositando en lo sagrado, lo refleja anticipadamente en el momento en que todo deja de fluir al dejar de ser para volver a ser parte de esa agua profunda, como escribe en este hermoso verso:

En voz baja soñamos que volvemos

o volvemos soñando

a nuestra infancia”.

El agua es para Baudelio Camarillo la sustancia fundamental, porque representa para él: “el río de Heráclito al que nadie vuelve, el río que fluye, el río de la vida, el río de la pasión, el río del tiempo que se va a cada instante, el deslumbramiento, el espejo incesante”.

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