Con un homenaje a Piazzolla y piezas de autores nacionales, Argentina Durán hizo ‘volar’ al público que acudió gustoso al concierto presencial en el Teatro del Bicentenario.

El de Argentina Durán fue un encuentro intempestivo que tomó por asalto la sala principal del Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña en lo que fue su segundo concierto presencial del ciclo del piano.

Tómese la palabra asalto en el buen tono, sí, como el de una cuerda de un piano suculento para ser devorado por las manos de la célebre ejecutante.

Una mujer menuda, irrebatible, con la A en la cúspide que se paró enjundiosamente para alejar la neblina de esa tarde noche y beberse a un auditorio -escaso por el aforo limitado- ansioso por deleitarse con su quehacer.

Y la Durán arremetió fuerte con Adiós Nonino de Piazzolla, en homenaje al padre, tanto el del compositor como el suyo propio, así lo dijo con voz un grado más de lo audible

La nacida en Xalapa e integrante ahora de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, no dio ninguna tregua en cada una de las piezas del programa que se sucederían cual torrente refrescante.

No, no la dio ni un minuto en que sus manos, esas manos de las que podría hacerse un tratado completo, digitaron con maestría las “Danzas tropicales” de Ernesto Elorduy, Mazurka No. 4 de Manuel M. Ponce, hasta aterrizar la primera parte con el muy gozoso Danzón No. 2 de Arturo Márquez.

Pudieran haberse tomado cientos de fotos e instantáneas de los lapsos en que la pianista a puro prodigio de memoria, lanzaba la cabeza atrás con ojos cerrados mientras esas manos, insisto, danzaban por las teclas en una coreografía exquisita, sin errores ni tropiezos, solo pisando la nota exacta.

El piano, la pianista, el vestido, las manos, la memoria, el pelo, ese vestido negro ajustado lo preciso, van componiendo la pintura de esta mexicana que se elevaba con cada interpretación como si de un viaje místico se tratase cuando prosiguió con Liszt o la Balada mexicana tejida por Manuel M. Ponce.

Elevarse, elevarse hasta dejar en el escenario desnudo el imponente piano alemán C. Bechstein puede parecer una bonita figura plástica sacada de un fotograma de Wim Wenders en El cielo sobre Berlín

Aún mas, las imágenes táctiles que dejó la ejecución de la Durán, hacen posible construirse un mundo así de surrealista, donde ella vuela y sus manos se extienden hasta el infinito…

Y otra vez el escenario, los aplausos en plenitud de ese público arrobado por el arte vivo, el arte en vivo.

Hubo dos piezas más de regalo que se deslizaron con la fuerza de un torbellino en ese recital pletórico de vida donde los 70 minutos anunciados de concierto se capitalizaron al máximo.

El último concierto del ciclo de piano es de Alain del Real el próximo viernes 19 de marzo.

  • Foto: Forum Cultural

INFORME