Al cierre del primer año del Presidente Andrés Manuel López Obrador queda claro que la cultura no es ni será parte importante o que merezca ser tomada más en cuenta en su Administración.

Los hechos hablan, son contundentes. El discurso tan sobado de la austeridad de la 4T no ha hecho mas que minar a diestra y siniestra alguna manifestación que nutra el placer estético y dé mejores condiciones a la creación artística.

Si se recorren las noticias que dan cuenta de los desastres, el paisaje es de exterminio auque en los discursos oficiales se diga lo contrario.

La 4T concibe a la cultura como un ‘despilfarro’ y no como una inversión. A los creadores les toca persistir, disentir y sobrevivir en la precariedad

Tan solo en el último mes se contabilizan algunos desatinos que, sumados a los primeros meses de la gestión del gobierno federal, parecen acrecentar el desconcierto y frustración entre los sectores culturales.

Los grupos artísticos denuncian, por ejemplo, que no se les ha pagado durante más de 8 meses luego de haber culminado sus funciones en festivales y teatros.

La mayor parte de los recursos van al Programa de Cultura Comunitaria que, aunque loable, aún despierta varias dudas por su mecánica de operación.

Alejandra Frausto, la secretaria de Cultura, recién presumió un aumento al sector y a los recursos en los estados, pero que en la práctica no son tales.

La solicitud fue de 13 mil 367 millones de pesos para el presupuesto 2020, que representa solo un 0.1 por ciento de aumento con respecto a 2019 que, a su vez, sufrió un recorte de 3.9 por ciento con respecto a 2018.

Del presupuesto federal se destina solamente 0.21 por ciento al sector cultural. Lo que indica el estatus de prioridad que tiene para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador

Y aunque se anunció que los estados recibirían 10 millones de pesos, el doble que el año pasado, no se recuerda en la SC que en 2016 los estados recibieron alrededor de 34 millones de la federación. ¿Cuál aumento real entonces?

En su análisis publicado en la Revista de la Universidad de México, Adriana Malvido es contundente:

¿Alguien ha visto al Presidente en una función de ópera? ¿Se ha escuchado a la Secretaria de Cultura defender con pasión y coraje al sector ante los recortes o a un público cantar por más apoyo? De todos modos, la imaginación sigue ahí en el teatro de Bellas Artes, donde surge, alrededor de la política de austeridad del actual gobierno de México, un debate entre artistas y funcionarios del presente y todos los tiempos”.

Excélsior también hace un recuento de los golpes bajos a la cultura y trae a cuento los muchos desatinos que marcaron el 2019:

En febrero pasado iniciaron las protestas, cuando trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), acompañados por el arqueólogo Leonardo López Luján, denunciaron la falta de pagos y la ausencia de regularización contractual.

“ A esa protesta le siguieron la de creadores ante los cambios planteados en el Fonca, en el IMER y, recientemente, en Radio Educación. Persistieron las mantas, colocadas por los sindicatos, en la fachada del Palacio de Bellas Artes y el cierre de las oficinas centrales de la SC, de la Biblioteca de México y del Centro Cultural del Bosque, así como los reclamos de los legisladores, quienes insistieron en que muchos proyectos estatales fueron marginados”.

La crisis ha provocado la salida de funcionarios como Mario Bellatin (Fonca), Édgar San Juan (Desarrollo Cultural) y Pedro Salmerón (INEHRM), y se han relegado las reformas a la Ley General de Cultura.

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) -que acaba de concluir gyer – le llovieron críticas a Alejandra Frausto, secretaria de Cultura

Desde este espacio de diversidad e interculturalidad, hacemos votos para que Estado y sociedad asuman a la cultura como una auténtica prioridad, demostrando que la transformación nacional solo es posible si se construye desde la base de las ideas, el pensamiento crítico y el fomento a las diversas manifestaciones culturales”, expresó en un mensaje directo al gobierno federal, Raúl Padilla López, presidente de la FIL.

Columnistas y medios han dado, cada uno desde su particular perfil editorial e ideológico, el punto de vista de la política cultural de este gobierno de Morena pero la mayoría coincide en que todo ha ido Rumbo a peor, como el título de una novela de Samuel Beckett.

Rafael Lemus dibujó en la edición de The New York Times en español el paisaje  desolador que supuso para la cultura la administración morenista.

Hace unos días, en su primer informe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador dedicó apenas unos segundos a exponer las obras de su Administración en materia cultural. Hizo bien al ser así de breve: su gobierno no tiene demasiado que presumir en esa área. Al menos en lo que a política cultural se refiere, el saldo de este primer año es resueltamente negativo.

En la realidad, el gobierno de AMLO se ha obstinado en ser decepcionante. No solo no ha habido un incremento al apoyo a las artes, sino que el sector cultural ha tenido que soportar las dificultades de siempre y otras más bien novedosas. Para empezar, la comunidad artística —escritores, artistas visuales, cineastas, músicos y un abultado etcétera— ha sido inesperadamente estigmatizada durante estos meses.

En más de una ocasión él y algunos de sus allegados se han empeñado en representar a los creadores como una más de las dañosas élites que el gobierno debe combatir: consentida y privilegiada, dependiente de las becas y del subsidio público, apenas productiva. No se olvidan al respecto las declaraciones de la senadora Jesusa Rodríguez en las que convoca a los artistas a dejar de ‘vivir del presupuesto’ y a ‘aguantar sin privilegios’. Tampoco se olvida aquel reportaje de ‘Notimex’ (la agencia de noticias del Estado) que identificaba, a manera de criminales, a los creadores que habían recibido más apoyos del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). Bonita cosa: apoyar la cuarta transformación y aparecer al otro día fichado en las notas oficiales”, escribió Lemus.

En un ejercicio de pluralidad, el suplemento Laberinto, del diario Milenio, publicó en días pasados un especial denominado ‘La Cultura a debate en la 4T’, donde preguntó a una decena de intelectuales y académicos su balance en el campo

Destaca una de las opiniones de Sabina Berman:

Me parece muy atinada y atractiva la idea de llevar las artes a los poblados más violentados de nuestro país. Lo que no me gusta es que las artes profesionales se quedaron donde estaban y con un recorte económico. Me gustaría que la Secretaría de Cultura fuera coherente con los gobiernos de izquierda e impulsara la danza, el teatro, la música. Respecto al Fondo de Cultura Económica, creo que Taibo lo está haciendo muy bien. Me emociona ver libros de doce pesos y deseo que este segundo año creen más colecciones. Sus cifras económicas son más altas que las de la administración pasada”, expuso Berman.

Desconcierto tras desconcierto para muchos sobre la forma en que se han tomado las decisiones e impuesto planes y programas, hubo en última fechas un par de hechos inéditos: 36 millones de pesos del Estímulo Fiscal a las Artes (Efiartes), se perderán porque no se asignó ese monto.

Y en el plano más guanajuatense, no se anunció ni el país ni el estado invitados para el Festival Internacional Cervantino (FIC) en el 2020, algo que no ocurría en los últimos 15 años.  

Sin duda, hubo varios vientos de cambio en la cultura.

  • Intervención fotográfica: Ruleta Rusa
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