Sin duda una de las acusaciones más condenatorias a la respuesta del gobierno de López Obrador ante la pandemia es la elevada muerte de trabajadores del sector salud. Más que en Estados Unidos, el país más afectado del mundo.

Amnistía Internacional (AI) coloca a México ahora como el país con mayor cantidad de muertes confirmadas por Covid-19 entre trabajadores médicos a nivel mundial, con más de 104,590 casos positivos y 1,410 muertos.

Estados Unidos, Reino Unido y Brasil siguen la lista de fallecimientos por Covid-19 entre personal médico, con 1,077, 649 y 634, respectivamente. En México, el sector sanitario representa el 2 % de las muertes por Coronavirus y el 17 % de los casos, demostrando una brecha masiva en la cantidad de pruebas realizadas entre profesionales médicos y población en general.

Sin embargo, el Gobierno de AMLO afirma que sólo le ha realizado la prueba a 283,000 trabajadores médicos, o una tercera parte del total, a lo largo de la pandemia.

Enfermeros, doctores y personal hospitalario realizan numerosas huelgas, bloqueos de calles y protestas desde marzo, exigiendo ante todo equipo de protección personal. La respuesta oficial, como demuestran las cifras de muertes y contagios, ha sido totalmente inadecuada

Directivos de hospitales son grabados —y lanzados de inmediato al fuego de redes sociales— diciéndoles a los trabajadores que simplemente no hay equipo disponible, mientras que el Gobierno federal ha desestimado directamente sus demandas, afirmando que el personal médico público que tomó licencias se infectó a tasas similares. Muchos, sin embargo, han seguido trabajando en el sector privado, donde también se han contagiado de manera significativa.

(A modo de canovacci, que viene de la commedia del arte, y da lugar a la pantomima, y a bufones y payasos, en rueda de prensa, José Luis Alomía, director general de Epidemiología, no tuvo ninguna respuesta para el reporte de Amnistía Internacional, alegando que el Gobierno ha tomado todas las medidas necesarias para proteger a los trabajadores sanitarios, añadiendo además evasivamente que: “La comparación entre países en esta materia no es viable porque cada uno tiene su propio modelo.”)

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Como esto sea, en medio de una indignación general, el Gobierno ha recurrido en cambio a despedir a los trabajadores que expresen oposición; y por su parte, los sindicatos no sólo se han rehusado a librar ninguna pelea para proteger las vidas de los trabajadores médicos, sino que han asumido un papel crucial en la supresión del descontento.

Lo que ha llevado a varios grupos con miles de trabajadores mexicanos de la salud hacia las redes sociales para organizarse fuera de la burocracia sindical. Al tiempo que se les niega el equipo de protección adecuado, los trabajadores médicos se enfrentan pues al desbordamiento de los hospitales por la propagación de la pandemia.

Huelga decir que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió específicamente a México el 10 de julio que su reapertura “podía llevar a una aceleración en los contagios, así como a un posible colapso de los sistemas de salud”.

Las muertes por Covid-19 se han duplicado pues desde entonces a más de 68,000. No obstante, el gobierno de López continúa con la reapertura de fábricas en sectores importantes pero no esenciales como el automotriz, el de autopartes y electrónicos, doblegándose a la presión de la administración Trump y a las transnacionales norteamericanas

Otro factor que exacerba la pandemia es la negativa de la clase gobernante a ofrecer ninguna ayuda a los despedidos y a aquellos cuyos ingresos dependen del sector informal.

En consecuencia, esto ha obligado a la mayoría de la fuerza laboral empobrecida de México, que depende de ventas y servicios informales, a arriesgarse a un contagio para ganarse el sustento.

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En la Ciudad de México, los tres municipios con el mayor número de contagios están entre aquellos con más personas que viven en pobreza. Fuera de la Ciudad de México, los siguientes cinco estados con más casos de Covid-19 tienen tasas de informalidad más altas que el promedio nacional, desde el 54 % en Guanajuato hasta el 71 % en Puebla.

Un dato curioso en el contexto de esta crisis sanitaria, es que la revista Forbes México reportó el mes pasado que el país tiene a 33 oligarcas con fortunas mayores a 500 millones de dólares. Hasta el año pasado, había 3,790 personas en México con patrimonios de más de 30 millones de dólares, entre un total de 8,040 en América Latina y el Caribe, según el último reporte del Wealth X.

Es decir, que aunque haya más riqueza, cuya totalidad es generada por la clase obrera, el beneficio ha terminado como siempre en las arcas de oligarcas financieros en Estados Unidos y Europa por medio de la explotación de mano de obra barata y recursos naturales del país.

Es claro pues que la respuesta del gobierno de López no ha sido impulsada por un interés en proteger a la población, sino en proteger los imperativos capitalistas de reanudar el flujo de ganancias para las corporaciones, y ni por error pensar en tocar la riqueza de los superricos.

El hombre de las mañaneras ha recortado aquí los presupuestos ministeriales a un 75 % durante la pandemia, afectando incluso al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que preside la mayoría de hospitales y clínicas, y ha visto sus gastos desplomarse en un 22 %  durante los primeros seis meses de este año, en comparación con el 2019

Esto, por supuesto, que involucra también los despidos de doctores durante la pandemia. Sin ir más lejos, el 31 de agosto, cincuenta médicos de hospitales rurales en Chiapas fueron informados que habían sido despedidos por el Gobierno estatal, controlado por el partido Morena de López Obrador.

Otro dato curioso es que recientemente, Viridiana Rios del Wilson Center le dijo al Financial Times que en estos momentos, en América Latina, cualquier “recargo a la riqueza” resultaría en “una fuga de capitales” por parte de inversores extranjeros.

Dijo así también que, en México, “la discusión ha sido silenciada por el presidente izquierdista López Obrador…”. Y fue muy categórica al decir de AMLO que “las élites políticas llegaron al poder bajo los auspicios de las élites económicas y, como resultado, no han podido aún cobrarles suficientes impuestos”.

En su conferencia del miércoles de la semana pasada, el mismo López Obrador volvió a rechazar cualquier aumento en los impuestos a los ricos para responder a la crisis. Como en todos los países, la respuesta de los gobiernos al Covid-19 ha subrayado la incompatibilidad entre el capitalismo y las necesidades sociales de la clase obrera, incluida una atención médica de calidad y libre costo.

Esto, por supuesto, en el contexto de que la economía de México se desplomó un 18,7 %, en el segundo trimestre, que es poco probable que se recupere rápidamente, y que no se debe sólo al Corona.

La economía mexicana nunca ha colapsado tanto como en este segundo trimestre de 2020. Según cifras de la oficina de estadísticas del INEGI, el producto interno bruto (PIB) cayó 18.7 % en abril, mayo y junio en comparación con el mismo período del año anterior. La caída en la industria fue particularmente dramática en 25,7 %, mientras que el sector de servicios registró una caída del 16.1 %

La caída de esta magnitud se remonta pues al bloqueo de varias semanas. Aparte de las operaciones esenciales, todas las empresas del país tuvieron que cerrar durante más dos meses. Entre otras cosas, esto afectó a la industria automotriz y de proveedores, que ahora se ha agregado a la lista de industrias de importancia sistémica https://www.gob.mx/covid19medidaseconomicas/acciones-y-programas/nueva-normalidad-244196, al igual que el sector de la construcción y la minería.

(Dicho sea de paso, desde el 1 de junio, México ha ido abriendo gradualmente su vida económica y social con la ayuda de un sistema de semáforos. En más de dos tercios de los estados, el semáforo ahora es naranja y algunos ya alcanzaron el amarillo).

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Lo grave es que el tan mentado sistema de semáforos de México sea el único verdadero camino hacia la “nueva normalidad”. Porque desde ya el Banco Central mexicano asume que el producto interno bruto del país podría colapsar hasta en un 12.8 % en el peor escenario del 2020 en su conjunto.

De hecho, en su informe trimestral del 28 de agosto, el Banco Central se refirió a una gran cantidad de riesgos a los que está expuesta la economía mexicana, y esto incluye por supuesto la extensión de las medidas de cuarentena.

La mayoría de los estados están flexibilizando sus regulaciones de Covid en vistas de la disminución del número de casos. Pero los acontecimientos en otros países han demostrado, sin embargo, que las enfermedades virales se disparan nuevamente después de la apertura y que son necesarias nuevas restricciones.

Porque otro riesgo, pues, son las insuficientes medidas de apoyo de los gobiernos a nivel nacional e internacional, según el Banco Central.

Este riesgo es particularmente real desde una perspectiva nacional, ya que el Gobierno de México apenas está tomando medidas de política fiscal para apoyar la economía y contrarrestar el aumento del desempleo: sin más, México registró la pérdida de 1.2 millones de empleos oficiales a mediados de julio

Además, el Banco Central teme que el creciente endeudamiento de la empresa estatal Pemex tenga un impacto negativo en la solvencia del estado mexicano.

En vistas pues  de los muchos riesgos restantes y la profunda desaceleración económica en el tercer trimestre del 2020, el Banco Central mexicano sólo espera una lenta recuperación en el próximo año. En el mejor de los casos, el PIB podría crecer un 2.8 %, pero no descarta que la economía vuelva a contraerse en 2021.

El Banco Central también señala que, dado el entorno incierto, la demanda en el país ya se había desarrollado débilmente antes del Corona, y que esta situación es visible tanto en las inversiones como en el consumo privado.

Por su parte, las empresas extranjeras en México son cada vez más pesimistas. El estado de ánimo de estas empresas en el país también se ha deteriorado bastante, como muestran las Cámaras de Industria y Comercio de Francia, Alemania, Estados Unidos y Países bajos en la Ciudad de México a fines de agosto.

En comparación con el tiempo anterior a la crisis del Covid-19, el 76 % de los miembros corrigieron a la baja sus intenciones de inversión, el 58 % no espera una recuperación económica en México hasta después de 2021. Y con mucho, los mayores desafíos para las empresas locales son la menor demanda de productos y servicios así como la cancelación de pedidos.

Sin ir más lejos: uno de cada cuatro tiene problemas con las cadenas de suministro. Y otro detalle es que México tiene una tasa de mortalidad muy alta.

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Lo que esto sea, y aunque la curva de infección se aplane gradualmente, el número de infecciones por Corona todavía se encuentra en un nivel alto. Después de Brasil, Perú y Colombia, el país tiene la cuarta mayor propagación del virus en América Latina y la tercera más fatal después de Estados Unidos y Brasil. El número de muertes en relación a los infectados oficialmente —la tasa de mortalidad en México es del 10.7 %— sugiere que sin duda la enfermedad se ha extendido mucho más ampliamente en la población y está muy por encima de lo que indican las estadísticas oficiales.

Esto porque el gobierno mexicano ha adoptado “medidas corona” menos drásticas en comparación con otros países de América Latina. No existe pues una prohibición de salida o contacto a nivel nacional ni un requisito verdaderamente general de mascarilla.

Las regulaciones para enfrentar la pandemia difieren cada vez más entre los estados de manera individual. Esto hace pues que la situación sea más confusa, especialmente porque no existe una lista general, del lado oficial, de las disposiciones que se aplican en las entidades independientes

En algunos estados como Ciudad de México, las medidas ahora incluso varían dentro de las comunidades. Así también, existen prohibiciones regionales de conducción (por ejemplo, en la Ciudad de México) y en algunos lugares es obligatorio usar protección bucal y nasal.

Como se sabe, se debe mantener una distancia mínima de 1.5 metros en los espacios públicos y, en regiones particularmente afectadas, hay toque de queda entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana, por ejemplo, en el estado de Nuevo León.

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Como esto sea, México ha terminado formalmente con su emergencia sanitaria. El 1 de junio, se introdujo un sistema de semáforos en cuatro etapas para evaluar la situación en cada estado individual, pero hasta aquí, cabe destacar que casi ningún país está haciendo tan poco por la economía en la crisis del Corona como México, donde el instrumento más importante son los préstamos con descuento para pequeñas empresas.

De modo tal que el virus del Corona golpea con tanta fuerza la economía mexicana porque el gabinete que rodea a López Obrador se apega a su política de austeridad. Incluso, anteriormente, en julio, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, reafirmó que el gobierno nacional no quería endeudarse para apoyar a las empresas en la crisis del Corona, informó al diario El Financiero.

Pero al calce, un análisis del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) deja en claro cuán poca ayuda estatal destina México al Corona en comparación regional.

Con una muy exigua participación del 2,8 % del producto interno bruto (PIB), México ocupa hoy el penúltimo lugar de los nueve países latinoamericanos examinados.

Las medidas se centran en trabajadores autónomos y pequeñas empresas. Las grandes empresas no obtienen nada, y los paquetes de estímulo económico para industrias importantes son simplemente inexistentes.

Posdata

Pero nada se ve mejor a escala global que el Índice de Respuesta Global Covid-19 de FP Analytics, donde México se encuentra en el lugar 34, de un total de 36 países analizados. El índice, desarrollado por la revista estadounidense Foreign Policy (FP), evalúa las reacciones de estados seleccionados a la pandemia, incluso en los campos de la salud y la política fiscal.

Además de la débil ayuda financiera, los expertos critican hasta el momento el reducido número de pruebas que se han realizando en México

Otra crítica tenaz son los préstamos con descuento para microempresas y pequeñas empresas familiares en los sectores formal e informal que se encuentran entre las ayudas estatales de emergencia más importantes.

Porque el monto del préstamo por negocio está limitado al equivalente a 1,100 dólares estadounidenses, el plazo del desembolso es de 33 meses, y su tasa de interés anual es del 6.5 %.

Cabe destacar este detalle, y es que en el caso de las empresas registradas oficialmente, el préstamo está vinculado a la condición de que no se despida al personal durante la pandemia. Pero ojo: Los fondos para los préstamos con descuento provienen de fondos del gobierno nacional, y el fondo estatal de seguridad social IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) otorga un aplazamiento del 80 % de los pagos del empleador.

La participación es pues de alrededor del 22 % de la masa salarial. El aplazamiento es posible hasta por 48 meses, pero se adeudan intereses de demora del 1.26 al 1.82 % al mes.

De modo que todos los empleados del sector formal de México están asegurados obligatoriamente a través del IMSS, y la empresa de financiación de vivienda pública Infonavit también facilita las cosas a las empresas.

Por si esto fuera poco, a fines de junio, los reguladores bancarios ampliaron la capacidad de las instituciones financieras para reestructurar los contratos de financiamiento para facilitar las condiciones de endeudamiento.

Los estados particularmente afectados están lanzando sus propios programas. El gobierno del distrito capital de la Ciudad de México, por ejemplo, otorga préstamos a microempresas. El estado de Jalisco paga a las empresas con hasta 15 empleados (el equivalente a 860 dólares por empleado) durante un máximo de dos meses para mantener los puestos de trabajo.

El Estado también otorga préstamos a pequeñas y medianas empresas para que puedan seguir cubriendo los costos laborales. Los Estados mexicanos, sin embargo, recaudan pocos impuestos directamente y dependen financieramente del gobierno federal. Por tanto, es poco probable que se produzcan grandes programas de ayuda a nivel estatal

La Asociación de la Industria de Servicios Concanaco (Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo) ofrece pues un resumen de las medidas de ayuda por estado federado. Pero para reactivar la economía, el gobierno depende de la implementación acelerada de proyectos de infraestructura pública.

Sin embargo, se trata principalmente de proyectos que ya estaban planificados antes de la pandemia del Corona y forman parte del Plan Nacional de Desarrollo 2019 a 2024. Estos incluyen la gran refinería Dos Bocas actualmente en construcción y el tren turístico Tren Maya planificado, así como el aeropuerto de Santa Lucía.

El Plan Nacional también establece que el gobierno tiene la intención de invertir en la modernización de las instalaciones del productor de electricidad estatal. Porque dicho sea de paso, hasta hoy en México, la atención se centra en las centrales hidroeléctricas.

De ahí que expertos como FP Analytics critiquen, por ejemplo, que el gobierno nacional no esté proporcionando, ni de cerca, el suficiente dinero para combatir directamente la crisis de salud, lo que conduce a conflictos entre el gobierno al más alto nivel político y los estados.

  • Foto: Bloomberg
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