En la piel de 140 personas, Fausto Alzati ha tatuado sus poemas. Espera ‘rayar’ a 10 más y así cerrar la singular edición de su libro ‘Acá también tengo cómo quererte’, una obra  con carne humana como soporte                                                                                                       

I

Es poeta y tatuador desde hace años. Esto tenía que ocurrir.

“Hoy haces un poema, lo escribes en tu blog, en tu twitter, en lo que sea, te dan 40 likes y chingó a su madre. Y no está mal, no hay un juicio de valor en lo que digo, pero quise que esto tuviera otro peso, algo que no solo ves pasar en tu pinche timeline”.

Por eso, después de publicar en papel cuatro libros de poemas, Fausto decidió ponerlos en la piel de otros. Con tinta incrustada con agujas. Para siempre. Prefiere que sus poemas “sean más una sustancia psicotrópica que un artefacto literario”. Desea que la poesía respire. Que ande por ahí, deambulando, en vagones repletos del metro o en oficinas grises en donde a todos se les ha olvidado emocionarse.

Un pinche poema chingón en el antebrazo de la recepcionista para que todos esos opacos lugares y todas esas diluidas personas resuciten.

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II

Fausto es de la Ciudad de México, pero de niño pasaba las vacaciones de diciembre en Guanajuato, y se perdía viendo a su abuela rezar con todo el fervor católico que florece perfecto entre los callejones y los cerros de la capital del estado.

“Veía a la gente que entraba a la iglesia a rezar y siempre me causaba una situación de intriga. ¿Qué sienten en ese momento cuando toman la comunión y se ponen en esa especie de introspección solemne? Creo que por eso la iconografía religiosa me encanta, me gusta mucho tatuar a San Sebastián, al niño dios, a San Judas”.

Es el único rasgo religioso que Fausto aprecia. Por lo demás, cree que todas las religiones son una pesada losa que ya nadie debería cargar. Conoce Guanajuato por su padre, un político priísta nacido allí. También por él carga con un apellido que lo ha jodido un poco.

Jugué ruleta rusa con los posibles brillos
de su mirada;
los gajos de su iris
girando, cargados
de balas expansivas.
FAUSTO ALZATI / POETA

Fausto Alzati Araiza, padre, censuró en junio de 2014 un recital de poesía. Ha creado escenarios tristes para sí mismo. Representa el pasado estéril. Lo que no debe ocurrir. Fausto Alzati Fernández, otra persona, hace lo que debería ocurrir más a menudo: poemas. Con susurros cabrones expulsa este verso, por ejemplo:

Mejor
explícame el sol
a lengüetazos,
mientras
derroco el imperio
de tus rodillas.

El segundo Fausto representa la vanguardia y se convierte en uno de los poetas más vivos (37 años) que escriben hoy en México. No juzga a su padre:

“No quiero condenar a un hombre que busca ganarse la vida lo mejor que puede. Tendrá sus virtudes tal vez y sus defectos insoportables, pero hoy me es imposible mantener un vínculo con él”.

Fausto, el poeta, hace lo que se le da la chingada gana sin que ningún prejuicio imbécil lo detenga. Actuar es una de esas cosas. No lo dice en la entrevista pero también es el protagonista de ‘El Placer es mío’, una película de la galardonada directora mexicana Elisa Miller estrenada este mes en la Ciudad de México.

III

En agosto, lanzó una convocatoria en sus redes sociales para buscar voluntarios que desearan tatuarse esos 12 poemas que componen su obra. Esperaba 20, y estimaba que la mitad de esos serían familiares o amigos. A las pocas horas tenía la agenda llena: 40 personas de un madrazo. Algunos solo se tatuaron una palabra. Otros una línea. Otros más un verso completo.

Antes de escribir esta historia revisé los antecedentes de poemarios tatuados. No localizo ninguno pero descubro que el verso This is water, de Foster Wallece, es el que más se repite. Pienso que yo, de no tener este miedo infantil a la agujas, preferiría este de Fausto:

Mamita. huella de las llantas sobre el pavimento
fresco, candor de luna burlona,
el vaso de tu voz, cristal
quebrado, cortadas que no conocen el mertiolate. Mientras
te muerdes la mano
hecha un nudo,
-dale
dices
-dale
dices
-papi
me dices.

“Quiero que la poesía baje de los pedestales y esté en la calle. En los autobuses, en los mercados, en las oficinas. En lugares en donde tal vez no es habitual leer un verso”.

La entrevista por Skype no distorsiona la claridad de su idea. Aunque la pantalla se frisa de pronto, su voz sigue sonando como se le da la rechingada gana. Me inspiro en él y escribo groserías al gusto en este texto. ¿Es menos poético un puta madre a un maldita sea? No lo sé. Puta madre.

“En lugar de decir: -wey, esto es del Monte Olimpo y la chingada-, yo digo: -esto es sencillamente una manera de jugar con el lenguaje y lo podemos hacer, cuando sea, quien sea y como sea-
FAUSTO ALZATI / POETA

“Por eso decidí tatuarlo y por eso el alcance es muy distinto. Han venido muchas personas que tal vez no sienten ninguna afinidad por la poesía, que nunca irían a comprar un libro de poesía y ahora llevan un verso tatuado en una teta o en un brazo y ese verso lo ve gente en el autobús, o en la cama o en el baño, lo leen en un chingo de contextos distintos y el verso ya no es solo mío y se convierte en un verso de todos”.

Libro Fausto Alzati

IV

Con una claridad apresurada comenta Alzati:

“En todos lados hay poesía, fragmentos de retórica, metáforas en las palabras, la poesía está en todas partes cabrón; yo quiero sacarla de ese pinche limbo en el que se pone a veces”.

De su poemario ‘Poemas perrones pa’ la raza’:

(…) yo soy menos
tu más-turbas los rayos del sol
yo soy más
tu menos-precias la historia

pri pan prd
jumex aeromex dvd
privatización inmigración importación
yo soy menos
tu más-ticas mi sopa de letras
yo soy más
tu menos mal que no regresas.

V

Pocas semanas antes de esta entrevista hablé con el hijo de Pablo Escobar. Con las obvias proporciones a guardar, dos hombres, en menos de tres semanas, me contaban de la losa que podía ser un apellido. Alzati reflexiona:

“Con el paso del tiempo ha surgido un estigma muy raro, por un lado nada más me rompe las pelotas y a veces pienso, ya estuvo, cada quien sus pinches virtudes o defectos y que siga la fiesta. Pero por otro lado me he visto obligado a reflexionar tantas cosas: ¿qué es un nombre, un apellido?. ¿Qué es la vergüenza, por qué portamos vergüenzas que no nos corresponden? ¿Cuál es el pinche resentimiento de la banda? ¿porqué me lo tiran a mí?, yo no les hice nada”.

También, inteligentes ambos, Alzati y Escobar, formulaban reflexiones profundas sobre lo que es un simple nombre, un apellido, y el poder de cada individuo por extirpar aquello que les impide alcanzar lo que desean. (Un día Dylan, el Nobel, sintió que su familia no le correspondía y se fue de su casa. No tenía nada en el retrovisor. ¿Por qué cargar con lo que sabemos que no nos corresponde? Poca gente se lo pregunta. Sería muy bueno y saludable que más personas lo hicieran).

Alzati

VI

Pienso en otra casualidad poética: en menos de tres semanas he conocido dos libros fuera de serie: ‘El libro en el cielo’ , de Xu Bing, en el Museo Blanton; y ‘Acá también tengo cómo quererte’, el que prepara Fausto Alzati. Dos libros raros. Libros que no se leen de manera lineal. Que no se leen nunca por completo. Que se reinventan una y otra vez. Que se aprecian y se leen como puedas, como quieras.

(Como debería de ser todo, putamadre).

  • Fotos: Cortesía Fausto Alzati