¿Por qué alguien tendría una adicción a ver muertos? Apenas tomé el libro entre las manos, fue la primera pregunta que me llegó a la mente. Y como siempre, antes de decidirme a meterme a las tramas, a las texturas literarias que me esperaban ansiosas entre las líneas impresas, le dedique un rato de mi atención al objeto.
Casualmente es algo de lo que poco se habla (el libro como objeto) cuando se abordan las reseñas literarias. Así que mi experiencia con este libro en particular, Adicción a ver muertos, comenzó con el objeto por primera instancia y no sólo lo digo para elogiar el buen trabajo de los de Ediciones Periféricas y la gran imagen de portada (que en mi mente funciona como una mezcla de televisión de Poltergeist y oficina del detective Héctor Belascoarán Shayne).
Pero fueron estos primeros elementos los que me impactaron como una entrada maquiavélica al juego que no tenía idea aún, que encontraría en esta historia.
La trama base: una historia de detectives (siempre me ha fascinado el género negro y ya me sudaban las manos por empezar a enredarme en la pesquisa detectivesca) que sucede en un universo donde lo más normal del mundo es convivir con fantasmas, demonios y otros seres fantásticos (o no tan fantásticos).
Más allá de la original mezcla de géneros literarios y de la narración fluida y envolvente de Oswaldo Buendía, lo que más me llamó la atención de Adicción a ver muertos, fue el personaje principal de toda la novela. Aquel personaje que se mueve, muta y lo envuelve todo y a todos

Y en realidad, no me refiero al detective drogadicto y alcohólico que busca encontrar respuestas a preguntas que se ha hecho por muchos más años de los que podríamos imaginar. Ni tampoco me refiero al fiel asistente cuya principal cualidad es ser un fantasma con una perspicaz imaginación y talento para la investigación urbana.
En realidad, me refiero a la ciudad en dónde todo parece converger. La ciudad que, en vez de ser habitada por una infinidad de seres extraordinarios (muchos de los cuáles se dibujan como seres convulsivos y violentados por sus realidades), es ella quién los habita a todos, es ella quién con una sombra profunda y misteriosa vive dentro de los personajes, en los fantasmas y hombres lobo, en la oscuridad pocas veces percibida de las hadas, en el hambre incesante de los demonios.
Ciudeath, una ciudad en movimiento que devora un poco de todos los que viven en ella. Así en el mundo que nos presenta Adicción a ver muertos como en cualquier ciudad grande de esto a lo que llamamos vulgarmente realidad.
Y de ahí nace justo este lugar que nos parece conocido a todos, muy a pesar de lo quimérico y fantasmal, nos vemos reflejados en estos personajes que van por la vida, viviendo cada día cómo mejor pueden, dando lugar a los vicios, a las distracciones y, por supuesto, al amor. Y, sobre todo, nos aliamos con estos personajes que tratan de encontrarle un poco de sentido a la existencia, sobreviviendo a sus propias dolencias mientras buscan un poco de aquello que entienden por justicia y verdad, un caso a la vez.
Adicción a ver muertos de Oswaldo Buendía Galicia, no es sólo una novela negra desarrollada en un mundo de fantasía, es la puerta que nos invita a conocer las entrañas de una ciudad que aún guarda muchos secretos para quienes gozamos de un voyerismo literario catatónico.
- Fotografía: Joel Peter Witkin