Gato Negro irrumpe en el ciclo de música que ‘tomó’ los jardines del Forum Cultural Guanajuato.

También sobre el petate se ponen las frazadas, los cuerpos distendidos, ¿un vinito?…Faltaba más y el aire fresco azotando las mejillas en esa joven noche de jazz, la penúltima del ciclo que programó en sus jardines el Forum Cultural Guanajuato.

Esparcidos los petates y la emoción, con puntualidad que se achaca inglesa, los guanajuatenses de la agrupación Gato Negro se granjearon a los oyentes, casi todos en pareja y prestos a la velada.

Sopla un aire fresco luego del calor de la tarde, lo que se agradece y los tres músicos ofrecen las primeras notas de piezas esencialmente propias, cargadas de un gozo inherente por el puro placer de respirar entre todos, el mismo aire (es figura literaria) aunque sea a la distancia, compartir la atmósfera, voltear al cielo sin luna pero sí con la mirada puesta en la nota que se eleva, rebota y acaricia ojos y oídos, viaja incesantemente sobre cada uno de nosotros.

Se ha dicho por ahí que el rock es semejante a un riachuelo pero que el jazz es un mar, cientos de mares y de posibilidades sonoras

La seducción estaba puesta y ya por la cuarta pieza, algunos pierden la compostura, se acuestan a sus anchas boca abajo o boca arriba, y así también quieren tomarse su selfie, llevarse en el teléfono la instantánea con tapabocas o sin él, con el escenario de fondo, donde los músicos bañados en franjas multicolores siguen en lo suyo. La mayoría se mantiene erguido sobre el petate, cual desenfadada clase de yoga estuviese sucediendo y no la música.

Los aplausos suenan distantes pero suenan al fin, el espacio es muy amplio, hay que entenderlo…por ahí se escapan unos muchachos que ya escucharon suficiente, otros toman prestos su lugar y sacan los alimentos de sus mochilas: “Imagínate esta cenita y que nos vean”, le desliza el chico a su acompañante.

Una estampa del gozo de los asistentes tendidos sobre las jardines de Forum Cultural durante el concierto en vivo y al aire libre.

A un costado del escenario hay vendimia, cuatro puestos que no atraen muchos comensales, como en una feria triste.

Y sigue el concierto con piezas de los dos discos de la agrupación que ya suma seis años de trayectoria. Hay un estreno mundial, se escucha por el micrófono, y todos atentos al disfrute del regalo.

Gustosos del llamado jazz gitano (o manouche) y latin jazz, Octavio Enrique Tavares, René Quijas y Rafael Pérez Urquieta, se meten a los escondrijos del embrujo en el género que ha dado películas memorables, novelas ambientadas en el jazz, memorias de artistas donde esa música suena de fondo e innumerables bandas sonoras que a veces se tararean por instinto.

Mi espalda se rinde por fin y caigo en plenitud para cerrar los ojos con el peso de los acordes finales

La pieza tocada fuera de programa para completar la hora de espectáculo y pienso en el cuento de Julio Cortázar, El perseguidor -escrito en el 59-,  y en su protagonista, Johnny Carter, saxofonista de jazz y enamorado de la marihuana.

En fracciones de segundo imagino cómo fue la muerte en París, a los 69 años, del escritor argentino que -se dice- estaba rodeado de libros, discos de tango y música contemporánea, pero sobre todo discos de jazz.

El ciclo programado por el Forum Cultural Guanajuato ofreció cinco conciertos que también se transmitieron por sus redes sociales y la televisora estatal.

1,2.3 y 4 por el jazz.

  • Fotos: Forum Cultural
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