‘Traslúcidos’ de Frydha Victoria Ramos es uno de esos poemarios que se disfrazan de ovejas siendo lobos.

Versado libremente por intervalos variados de largo aliento y otros bastante cortos, el poemario nos habla sobre la pérdida definitiva de alguien muy cercano. La poeta decide ablandar la trágica noticia disfrazándola de personas ajenas, de una ciudad o de paredes (de ovejas), cuando los vetustos pelos y punzantes fauces licantrópicas son más que evidentes.

El libro se divide en tres partes bastantes claras y ordenadas de un nivel de introspección bajo, casi social a un nivel de máxima plenitud de conciencia del “simismo”, dejando, de tal manera, para la última página de la última parte, una dedicatoria que nos permite empezar a sospechar de las máscaras que han aparecido durante todo el camino recorrido.

Siendo así, en la primera parte: La ciudad, de los invisibles, se habla del dolor de esta pérdida tan importante desparramada en la urbe. La percepción triste de la poeta de una ciudad triste nos presenta, en esta  primera sección, a los traslucidos que son seres invisibles al ego y optimismo; son niños de la calle, vendedores ambulantes, payasos, desequilibrados mentales y (también lo son) un reflejo de la melancolía de los que logran ver a través de su cuasi-transparencia.

La tristeza traslúcida con sus personajes son parte del duelo de la poeta

En la segunda parte: Los muertos, ellos se quedan aquí,  habla del recuerdo y cómo este punza hasta cortar en los días cotidianos y en los días festivos, y en los que no son tan importantes. El recuerdo se manifiesta en una botella sin etiqueta, en el aliento que apaga las velas, en el sexo, en el vacío que queda en las preguntas de las personas comunes.

En la última parte: Los vivos, sus pasiones, se  hace de manifiesto el cómo las pérdidas se reflejan en la poeta, el afán de llenar el espacio con otros aromas, sabores o colores, y el intento de edificar el futuro sobre las cenizas. En esta última parte, nos damos cuenta que Traslúcidos Es un poema sobre la muerte y que los únicos realmente vivos son las mandarinas (que nos han vencido, según Frydha Victoria Ramos) y las aves que son imágenes comúnmente presentadas.

En este juego de ovejas, lobos y aves es el que hace de Traslúcidos, merecedor del XXXVIII Premio Anual de Poesía Trapichillo en el año 2015, ya que nos recuerda que el dolor propio transparenta el de toda una ciudad.

  • Ilustración: Gustav Klimt