Ensayando en estos días una ordenación de mis libros, he dado con un pequeño volumen, que yo sospechaba perdido en la biblioteca de algún amigo, con una plaquette en la actualidad casi inhallable, Récit secret, de Pierre Drieu la Rochelle.

Fue publicado este librito –en las prensas de A. M. G., París, 1951– confidencial, casi para que circulara sólo entre los amigos del malogrado Drieu, por su hermano Jean, siete años después de la muerte de aquél, siete años después de su suicidio.

He vuelto a leer este relato de su vida. He vuelto a calar en sus trastiendas, en sus íntimos resortes morales –muchos dirán, por cierto, inmorales.– He braceado nuevamente en los destinos que corren palpitantes, tembloroso, bajo su prosa excelente.

Drieu no fue un hombre de un solo destino, único e incanjeable. No fue lo que llamamos un hombre serio, cuya vida ha de desistir en el desenvolvimiento de una verdad conquistada en las mocedades

Contrariamente, como su obra, fue más bien una suite de ideas contradictorias y vacilantes, un hombre en cuya vida pugnaba siempre su presente con su pasado y éstos con su futuro. Vivió desde sus antinomias, mostrando siempre una radical incapacidad de superarlas, de conciliarlas en una síntesis armónica.

Su nacionalismo intransigente le empujó a la colaboración, su antisemitismo le llevó a tomar por esposa a una judía, su hitlerismo le obligó a denunciar el mito, la mixtificación del Leadership, su socialismo le hizo pactar con los elementos más reaccionarios de la Acción Francesa… En verdad, Drieu fue un caso de conciencia desgarrada, agónica –en permanente lucha consigo mismo.

Drieu no pudo vivir cómoda, tranquilamente instalado en su mundo complaciente y complaciendo los apetitos de l`ignoble foule humaine

Desde su primer libro –Mesure de France – habló un lenguaje que hubo de escandalizar a quienes frecuentaban las parleries littéraires de la primera postguerra. Ya cuatro años antes –en 1918– había entregado a la estampa una breve plaquette (Interrogation), en la cual el excombatiente de Charlerol, de Verdún, el hombre que aún tenía los pies hundidos en la carnicería, se volvió contra la retórica del patriotismo ministerial, y del Café: “la clameur –escribió entonces– glorifiante des foules, rythmés par le maîtres, écrasse nos cris malhabiles”.

Drieu es hoy casi un desconocido para las nuevas generaciones. Casi nadie le lee, menos aún le estiman perdonándole por haberlo comprendido. Su nombre como su obra suelen extrañar inclusive a quienes han entregado algunas horas al estudio de las letras francesas… L`ignoble foule ha tomado su desquite: Drieu es el proscrito en todas las conversaciones, en todos los ateneos de hoy.

Procedencia del texto: “Radiografía de Drieu”, Martes 21 de Mayo de 1957, sección “Punta de lápiz”, vespertino La Gaceta, Santiago de Chile.

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