La infancia supone un estado de inocencia: es una etapa que muchos recuerdan con cariño e incluso con nostalgia.

Es muy común que lo más memorable de la infancia sean los juegos, las risas, el cariño de los padres. En esta secuencia, la adolescencia y la juventud son dos procesos de vivencias más complejas en razón de todos los cambios que conllevan, tales como vivir fuera de la casa paterna o la experiencia del primer amor.

Así, la adultez implica mayores responsabilidades porque entonces uno se enfrenta a la enfermedad y, posteriormente, a la muerte de sus padres. Un niño no suele estar tan consciente de la muerte y lo más razonable es que no viva aguardándola. En la novela Obra negra, de Gilma Luque, no ocurre este proceso de la manera en la que se ha descrito.

Obra negra relata los recuerdos de una mujer. Estas memorias refieren una infancia melancólica, la idealización enfermiza del amor, una familia disfuncional y un recurrente miedo de perder a un ser querido. A lo largo de la novela de Gilma Luque hay dos animales que marcan al personaje principal: el búho y la mariposa. Estas dos criaturas inquietan a la protagonista, tanto por sus características físicas como por estar relacionadas con su madre. El personaje principal relata una vida llena de temor por perder a su mamá, víctima de una enfermedad que se propaga lentamente.

En ‘Obra negra‘, el búho y la mariposa son simbólicos por el vínculo que los une a la protagonista y a su madre

En primer lugar, la figura del búho está relacionada con la melancolía, la soledad y la tristeza de ser un animal nocturno, nos devela Jean Chevalier en Diccionario de los símbolos. En muchas ocasiones, la vida de la protagonista se inunda de esos sentimientos, desde que ella decide dejar su casa e irse a vivir a otra ciudad con su mejor amiga, hasta el recuerdo de su madre en un estado de salud crítico. Ya en su niñez sabe que su mamá no está bien: está consciente del mal que habita en su casa y los búhos representan ese hecho.

El búho también tiene otros significados según diferentes culturas. El simbolismo de esta ave no solamente es importante en el contexto de la obra de Luque, sino que también está presente en algunas culturas originarias y en civilizaciones orientales. La representación del búho en esas culturas enriquece el simbolismo más conocido, es decir, el del búho como figura de melancolía por el hecho de relacionarse con la noche: “En la iconografía hindú el búho se atribuye a veces a la ‘matarah’ (madre)”, nos dice Chevalier.

Es intrigante la significación de esta ave en la cultura hindú porque el personaje principal de la novela, al recordar la muerte de su madre, también piensa en los búhos. Así, se plantea la conexión entre la madre y la muerte a partir de dicha representación del búho. También se puede asociar este símbolo con el del búho en la China antigua: “el búho desempeña un papel importante: es un animal terrible supuestamente devorador de su madre” (Chevalier).

Se muestra de nuevo el papel de la madre pero, ahora, de una forma mucho más siniestra. La muerte juega su papel en esta interpretación y el búho manifiesta características violentas. En la novela, podría ser que la protagonista sea la culpable de la muerte de su madre al partir constantemente, al hecho de que dejar su hogar sea como un método de escape. En la cultura de los indios de la pradera norteamericana, el búho es un protector y ayuda por las noches, así como también se le vincula al reino de los muertos.

Tanto la cultura china como la cultura de los indios de la pradera norteamericana figuran al búho como un símbolo de muerte, uno de los temas que más aparecen en la novela

Esta ave alude al miedo que el personaje principal siente. G ve al búho y a la mariposa como criaturas peligrosas: “Los búhos vuelan de noche, lo hacen de manera silenciosa. Cuido a mi madre que deja moronas por toda la casa; mamá es un animal que los búhos devoran, cada vez es más pequeña”.

El búho en Obra negra funciona como un recordatorio constante de la fatalidad, de morir. Acecha la casa como un espectro, aguardando el fallecimiento de una mujer atormentada por su enfermedad. La protagonista se inquieta por las aves. Sabe que un día invadirán su hogar y busca ocultarse de ellas. Las considera siniestras. Por ello no le agrada jugar con la colección de su mamá. Esto refleja la evasión que acompaña al personaje principal hasta el momento en que muere su madre. G se oculta del dolor que le provoca crecer con una madre cuya salud está en deterioro progresivo; también habla del terror que supone dormir en una habitación donde se escuchan los búhos: “Mis noches: soy incapaz de dormir a causa de los aleteos de los búhos. Estoy sola en mi habitación, me estremezco. Si salgo de la cama, los búhos me atacarán”.

La mariposa es otro elemento importante en ‘Obra negra’. Se le considera como símbolo de ligereza y también se dice que su llegada anuncia la muerte de alguien

A este insecto, como al búho, Chevalier nos dice también se le relaciona con la muerte. Verónica, la mamá del personaje principal, tiene una obsesión con las mariposas. Las colecciona y busca que su hija se encariñe con ellas, aunque jamás funciona. A pesar de ello, G, la protagonista nunca se opone a lo que dice su madre: “Los insectos están por todas partes. En la esquina del patio, sobre una maceta, una oruga construye su capullo. Mi madre está maravillada: ama las mariposas. Yo no las soporto”.

La transformación de oruga a mariposa es significativa en la novela porque el personaje principal nunca termina de salir de su capullo. De niña, G no se atreve a expresar en voz alta sus gustos y deseos. Permite que su madre la vista como ella y, en muy pocas ocasiones, tiene la voluntad de quejarse. Verónica y su hija se visten igual durante algún tiempo. La mamá le impone a su hija la ropa que debe usar y también decora el cuarto de G con mariposas. Se observa mediante esta dinámica que la niña es sometida a los deseos de su madre y no se resiste hasta que ya es mayor, cuando decide abandonar el nido y volar a Canadá.

El capullo de una mariposa permite la metamorfosis aunque también se puede vincular con una prisión. En el caso de Verónica, la crisálida, de la cual no puede escapar, es su esclerosis múltiple. La mujer está envuelta en un capullo que termina transformándola en un ser completamente dependiente de los demás. Una de las alternativas para deshacerse de esa cárcel es la muerte, la otra es imponer su propia persona a su hija. Verónica al perder, con el paso de los años, la capacidad de moverse, utiliza a su niña como otra forma de vivir. La protagonista no se resiste a los caprichos de su madre porque no le gusta verla débil y desconsolada: “Intento no mirar a mamá para proteger mi corazón. Me duele su enfermedad, que apenas asoma la cabeza”.

A pesar de la enfermedad de Verónica, la mujer posee un inmenso poder en su hija. Desde pequeña la controlaba con sus miedos como el terror a la vieja gorda: “Imagino su casa: (…) Mamá no ha inventado un monstruo, hace uso de un miedo genuino para que yo obedezca”.

La personalidad de la madre es mucho más fuerte que la de su hija y la intimida en muchas ocasiones. El carácter de la protagonista se vuelve mucho más débil. A los treinta y cinco años de edad, G se siente diminuta cuando algún acontecimiento doloroso ocurre e, incluso, afirma haber estado en terapia durante algún tiempo. Cuando ella se separa de Félix, se vuelve pequeña y también se siente así al morir su madre. La identidad del personaje principal depende de la persona que más valor tiene en su vida. La mamá inconscientemente le arrebata una parte fundamental de ella; la vuelve frágil como un cristalito, apodo que le da el padre a la niña.

Los sueños son memorias del pasado, una marca que queda sumida en el inconsciente hasta que uno duerme

El búho y la mariposa muestran la condición de lo ya ocurrido, pero no solamente en el sueño, sino en la realidad de un personaje que sufre por el estado deplorable de su madre: “Dice mi terapeuta que los sueños son muy importantes: son símbolos. No sé qué significó ese sueño, pero intuyo lo que significó dejar de escribirlo: no quería continuar con esa historia onírica, no quería nada del pasado porque me dolía”.

Ya se sabe que el búho y la mariposa tienen relación con el morir. Durante toda la novela se relata, con un dejo de tristeza, la condición de una familia marcada por el aliento de la muerte y en la que no existe una solución. Ambas criaturas aparecen en varias etapas para recordar al personaje principal que su madre será arrastrada a la tumba. El búho, en específico, es más notorio cuando, al inicio de Obra negra, la enfermedad de Verónica está en una de sus últimas fases, lo que la deja con un olor a carne putrefacta. También es muy simbólico que la hija le regala a su mamá un búho blanco de peluche cuando ya tiene un pie en la tumba: es una despedida de la vida y un saludo al camino de los muertos.

Se puede observar que la mariposa y el búho forman parte de la identidad de Verónica. La obsesión por coleccionar figurillas de estas criaturas provoca un fuerte impacto en el personaje principal. El búho y la mariposa terminan por ser adoptados como una parte importante de la protagonista, no sin cierto rechazo: el búho, por causa de los aleteos, le provoca terror y las mariposas, por la forma de su cuerpo, le producen repulsión.

En la novela de Luque, el búho y la mariposa están siempre presentes por los temas centrales de la muerte y de sus dos elementos simbólicos. Tanto Verónica como su hija se unen por medio de lo que representan ambos animales. La madre de la protagonista se siente atraída a ellos por su condición de salud y el personaje principal se vincula a los animales porque su madre trata de vivir a través de ella, lo cual está más relacionado con la mariposa. G, la protagonista de este oscuro drama, rechaza pues a estos animales porque le teme a la muerte y porque su madre le ha impedido desarrollarse plenamente.

  • Ilustración: Salvador Dalí