Juan Malebrán es el ganador de uno de los premios más importante de poesía en lengua española, el Manuel Acuña, por su poemario ‘Tardío’, que será entregado cuando se realice la Feria Internacional del Libro de Coahuila, pospuesta por la pandemia.

Juan Malebrán se ha llevado a todos de calle en una gesta poética heroica donde en temporada de histeria, el lenguaje encuentra acomodo literario.

Este poeta chileno se levantó en alto como el ganador del Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía en Lengua Española que otorga el Gobierno de Coahuila.

Y junto con el reconocimiento, la bolsa de 50 mil dólares acompaña la celebración del trabajo en la categoría de obra inédita.

Malebrán, el nacido en 1979, que firmó con el seudónimo de ‘Digüeñe’, se impuso a otros treinta trabajos en el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía en Lengua Española

Para el jurado, el poemario Tardío destaca por “su innovadora y cohesionada propuesta formal. Es un libro sobresaliente que da nuevos aires a la tradición poética contemporánea y ensaya una interesante mirada sobre algunos aspectos de la identidad latinoamericana”.

Fallado el pasado 15 de abril, Malebrán, quien desde hace doce años radica en Bolivia, es autor de los poemarios: Reproducción en curso, Bozal, Entretenciones mecánicas y Trópico; pero también editó diversas compilaciones de lo más granado de la poesía boliviana. En Cochabamba, coordina el Área de Letras del proyecto mARTadero.

Asia, Europa y Latinoamérica son las regiones donde Juan Malebrán ha dejado eco.

En exclusiva para Ruleta Rusa, el hijo de dos países respondió este cuestionario donde devela parte de su quehacer.

¿Qué produce hoy lo cotidiano en medio de la pandemia?

Entre las cosas que me han sorprendido durante la pandemia, además de las muchas barbaridades dichas por los curiosos personajes que nos gobiernan, ha sido la reacción de cierta gente en distintos lugares frente al personal de salud o los primeros contagiados de sus localidades. Pánico y rechazo. Expulsión de condominios, cancelación de alquileres, condenas virales en el cadalso de las redes sociales, etc.

Es bastante peculiar ver cómo nos perdemos ante lo que se nos escapa. Cada día pasamos tan de largo que olvidamos cosas como, por ejemplo, la muerte, y ahora que la tenemos cerca y que, además, andamos con algo de tiempo para pensar en ella, a ratos pareciera que nos quedamos sin piso.

¿De dónde abrevas para tu vena poética?

De la experiencia. Anoto, ejercito y ficciono desde ahí. 

Si pensamos en la poesía como un acto luminoso, ¿qué actos luminosos has tenido en tus lecturas o encuentros con otros autores y autoras?

Luminoso ha sido encontrarme con personas —no solo en la poesía— que no le temen al error. Gente que se la ha jugado y se la juega frente a decisiones laborales, económicas o familiares. Personas que ponen en práctica alternativas frente a lógicas que no comparten. Y esto, no necesariamente a gran escala sino a través de pequeñas acciones.

Así creo que podría entender lo luminoso. Más allá de la pancarta o del discurso altisonante, me resulta luminosa la subversión que se ejecuta, ante todo, sobre uno mismo. 

¿Cómo se encuentra el pulso de la poesía en Latinoamérica?

Hoy en día existe muy buen material. Soy parte de la organización de un festival de poesía y estoy cercano a proyectos editoriales independientes, por lo que logro enterarme de las propuestas que se trabajan y que circulan en estos momentos. Hay gente joven desarrollando escrituras diversas en gran parte del continente. Es cosa de revisar antologías o revistas digitales para ponerse al tanto y disfrutar de ellas.

“ ‘Tardío’ es una caminata. Muchas, la verdad. De pronto, comenzó a incomodarme más de la cuenta el ruido callejero. La bravura urbana y sus escándalos. Entonces —y dado que cruzo por tierra la cordillera de los Andes al menos una vez por semestre—, comencé a interesarme por estar del otro lado de la ventana

Juan Malebrán

Háblanos de Tardío, ¿cómo se gestó?

‘Tardío’ es una caminata. Muchas, la verdad. De pronto, comenzó a incomodarme más de la cuenta el ruido callejero. La bravura urbana y sus escándalos. Entonces —y dado que cruzo por tierra la cordillera de los Andes al menos una vez por semestre—, comencé a interesarme por estar del otro lado de la ventana. El interés fue tomando forma y una parte importante de mis viajes comenzaron a ser de este tipo; es decir, caminatas. Algunas programadas y otras algo más antojadizas. Cordillera, desierto, costa, bosques y harta carpa en la Patagonia.

Es curioso porque, en estos espacios, al mismo tiempo que el ojo respira, pareciera que el habla se traba. ‘Tardío’, por lo tanto, es un intento por conectar desde ahí.

¿Hay algunas claves de lectura para este poemario?

Le di un par de vueltas a esta pregunta y pienso que, si existe alguna clave, está en la respuesta anterior.

Eres chileno, pero tienes años radicando en Bolivia, ese sentido de extranjería se plasma en tu trabajo.

Nací en el norte de Chile, en una ciudad que 100 años antes formaba parte del sur de Perú. Un lugar en medio del desierto, distante a casi 2000 kilómetros de las capitales de ambos países. Quizás, por lo mismo, la idea de pertenencia siempre llamó mi atención. Prácticamente, no tengo nada de chovinista, por lo que la extranjería es un asunto que disfruto bastante. De todas maneras, considero que una cuota de desarraigo debería siempre abrir más que cerrar.

Además de la poesía, cuáles otras actividades artísticas te interesan.

Formo parte del equipo de proyecto mARTadero, un espacio artístico cultural, ubicado en el ex matadero de la ciudad de Cochabamba. Desde que llegué a Bolivia trabajo ahí, por lo que mi relación con otras disciplinas artísticas es un asunto cotidiano. Si tuviera que elegir entre todas ellas me quedo con la música, la mancha y el cine.

  • Foto: Juan Malebrán
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