En este ‘artefacto’ intelectual que abreva del ensayo, la crítica y la entrevista, Pedro Mena Bermúdez hace una disección muy valiosa sobre la obra de Xalbador García y su nuevo libro.

Ten cuidado al mover estas cartas porque podrías destruir el universo

Leopoldo María Panero

 

  1. Alborotos

Nuestra pomposa y melindrosa racionalidad se solaza cuando considera ciertas prácticas como no convenientes a su hegemonía. Nos permite ese aire de altivez y jactancia ante las denominadas supersticiones, al grado de auto-pontificarnos como agentes misericordiosos y luminosos que rescatan a la gleba inculta y salvaje de las garras del milagrero chimuelo, de la médium flatulenta, del tahúr manco y de todo aquel que quiera hacer su agosto a costa de adivinaciones. Tanto tribunales, eclesiásticos o del estado, como revistas científicas darán fe de lo pernicioso y retrógrado del cultivo de la magia y de lo esotérico.

Por supuesto que los otros, los señalados como trúhanes y especialistas en la bribonería no se la han pasado recibiendo palos para ornar con moretes y contusiones su condición de víctimas ante los ortodoxos de la razón. Además de arrojar un fardo de pruebas retóricamente convincentes, amenazan y maldicen, con talismán en mano, a sus contrarios. Mínimo les siembran una sugestión que detonará en insomnios y locomoción torpe a la hora de beber café.

Se antoja imposible, quizá por innecesaria, la conciliación entre ambos bandos. De hecho, cualquier intento, por mustio que sea, de darse la mano en señal de paz es absurdo. Y de algunos absurdos, pocos considerando que la mata da a granel, nacen cosas dignas de mención, sobre todo en literatura.

 

  1. Sosiegos

Una voluntad que quiera llevar el absurdo a ideario estético y atronante carcajada es ave rara en el panorama literario actual. De los poetas y narradores se puede esperar esto como algo natural a su torcida manera de representar o injuriar la realidad por medio de las palabras, pero de los ensayistas es difícil no sólo sostenerlo sino comprobarlo.

El reciente ensayo Leopoldo María Panero o las máscaras del tarot (Suburbano Ediciones, 2017) de Xalbador García (Cuernavaca, 1982) es la muestra de un trabajo que conjuga el rigor científico de una investigación con una práctica asociada a la superstición: el tarot.

Tildar de absurda esta empresa no hace más que avivar las ganas de leerlo. Pues aquí el absurdo, como ya lo mencioné, es voluntario y estético, nunca ominoso insulto

Xalbador García, escritor mexicano que actualmente reside en Miami, Florida.

El libro de Xalbador libra con inteligencia y emoción el tratamiento de una obra y autor ajeno a los encomios de los académicos. Habrá que agradecerle la omisión de citas al pie de página, la exclusión de rimbombantes términos y la apuesta por un heterodoxo sistema de apartados (por medio de los arcanos mayores) con los que compone su libro. Eso deja ver a un ensayista versado en el género, más atento a los temas y tonos desarrollados que al despilfarro de erudición o la retahíla insustancial de anécdotas de Leopoldo María Panero.

 

  1. Libro-mazo

Algunos expertos en el tarot opinan sobre la importancia de plantearle al mazo una serie de cuestiones que el usuario pretende solucionar. Por supuesto las respuestas siempre estarán cifradas en analogías no unívocas. Es tarea de quien las echa y de quien las consulta advertir posibles sentidos implicados más en el presente que el deseado conocimiento del futuro.

Xalbador García echa las cartas del tarot esperando encontrar respuestas y claves sobre la obra y vida de Leopoldo María Panero y le pregunta al mazo: ¿Qué se dice cuando se le ha conocido el rostro al abismo? ¿Qué se escribe cuando el juego está por empezar? ¿Qué?, cuando las cartas han sido barajadas y hay que emprender el camino junto al arcano primero: El Loco.

Xalbador García se declara más afín a los poemas de Panero que a las cartas del tarot, lo que no le impide realizar una exegesis cuidadosa de cada arcano mayor para conocer la vida y obra de su héroe poeta. Quizá es en el arcano del Carro donde con mayor énfasis García expone su método y motivos.

Más allá de su carácter adivinatorio el Tarot es una fuente de conocimiento del Yo. Así lo sugieren los estudios de Jung en el campo de la psicología analítica. En el intento por ampliar las posibilidades y el estudio de la percepción humana, el psicólogo suizo se basó en la antropología y la filosofía, pero también en la alquimia, los sueños, el arte, la mitología y la religión. Estos últimos, discursos fuera de la racionalidad, le ofrecieron los elementos necesarios para establecer determinados patrones en los que se basa el comportamiento humano, a los que llamó “arquetipos”.

“El Tarot, aseguraba el psicólogo, era un medio para conocer el Yo, debido a que en los 22 arcanos mayores se presentan los arquetipos que rigen los actuares de los hombres”

Los arquetipos modelan la manera en que la conciencia humana experimenta el mundo a su alrededor, al igual que la forma en que se percibe a sí misma. Los arquetipos conllevan implícitas las respuestas ofrecidas por el ser humano en determinados momentos, es decir, todos los hombres actúan arquetípicamente… El Tarot, aseguraba el psicólogo, era un medio para conocer el Yo, debido a que en los 22 arcanos mayores se presentan los arquetipos que rigen los actuares de los hombres… Sus imágenes son emblemas de los sueños de los primeros hombres, están dotadas de significados ocultos y hermanan a todos y a cada uno de los miembros de la sociedad…

El Tarot puede tomarse como una herramienta de la psicología analítica. Las cartas hablan, develan los problemas y circunstancias que padece quien ha recurrido a ellas. Le brindan la oportunidad de mirar su vida en perspectiva y le muestran caminos para resolver algún inconveniente que le perturba. Sin embargo, no resuelven nada, sólo son un instrumento psicoanalítico… Según su disposición en el Tarot, las cartas son los peldaños para la autorrealización del “Héroe”, cuyo viaje inicia con El Loco y termina con El Mundo…

Leopoldo, apasionado desde muy joven al ocultismo, conoció este matiz esotérico de los arcanos. Asimismo, fue gran lector de los estudios sobre el tema realizados por Jung… María Panero se reflejaba en las cartas. La relación que estableció entre imagen, poesía, psicología y magia ofrecieron nuevos visos de su cartografía artística. Ninguno de estos aspectos le fue ajeno y construyó su obra a partir de las directrices de cada uno de ellos. Es así que su propia vida puede rastrearse en los arcanos. Era El Héroe en el camino, si no de la autorrealización, quizá sí del encuentro con la poesía, la palabra y, sus alter egos, el silencio y la nada quizá sí del encuentro con la poesía, la palabra y, sus alter egos, el silencio y la nada.

Teniendo en cuenta esas observaciones, García va develando las máscaras de Leopoldo María Panero y de los otros Paneros, como el padre, el tío y los hermanos, sin excluir a la propia madre del poeta

Portada del libro ‘Leopoldo María Panero o las máscaras del tarot’, de Suburbano Ediciones.

A su vez dibuja los respectivos contextos, tanto emocionales como sociales, en los que la obra del Demiurgo (así García se refiere en todo su ensayo al poeta) se va gestando y madurando. Es de admirar la paciencia con la que Xalbador atiende al no-loco de L. M. Panero.

Cuida que su personaje no se diluya en el charco del consabido maldistimo anteponiendo la babélica arquitectura de su obra. García no se entretiene en divagar con perfiles psiquiátricos ad hoc a los pronunciamientos del Demiurgo, opta, con prudencia, por declararlos enigmáticos. Sus versos no son simplemente un museo de rarezas preñadas de locura. Apreciarlos desde parámetros tan ingenuos es reflejo del actual mundo del espectáculo literario, tan sobrado de divas y tan falto de poetas, con los designios del mercado como norma.

Leopoldo María Panero o las máscaras del tarot es un libro, como ya lo he mencionado, que se las juega con lo absurdo como atributo estético, pues ha tratado con cautela de perito a un autor al que siempre se le toma por el lado más morboso, es decir, por la vía sosa y facilitona.

A su vez, este libro nos invita, por efecto de contagio, a releer al Demiurgo no como un fetiche, sino como a un autor que en su tiempo estuvo alejado de la nómina de premios. Su poesía se sostiene por sí misma, porque como lo escribió en Los héroes inútiles: “la idea de la gloria y el éxito no es nada, es menos que nada”.

 

¿Cuánto tiempo te llevó escribir Leopoldo María Panero o las máscaras del tarot?

Desde su concepción hasta la versión final, el libro me llevó diez años. Era parte de una trilogía que iba a abarcar tres géneros: un texto académico, uno ensayístico y otro de crónicas y reportajes. El primero fue mi tesis de licenciatura, pero finalmente los otros dos se fundieron para que naciera Leopoldo María Panero o las máscaras del Tarot.  

¿Cómo fue el proceso para publicar este libro?

Realmente fue muy complicado. Por una parte, a varios editores que se los envié les entusiasmaba la idea pero siempre había alguna situación que impedía la publicación final. Fue un largo peregrinaje de varios años en ese sentido. Por la otra, hace un año caí en la cuenta que al libro le faltaba un estirón final. Volví a reescribirlo en una versión con la que quedé satisfecho. Además, el propio texto estaba buscando un hogar. Lo encontró en Suburbano Ediciones, una editorial internacional que está haciendo una verdadera locura, lo cual me parece fascinante: hacer que el mundo castellano y el anglosajón voltee a ver la literatura en español que se escribe en Miami, una ciudad tan hermosa como perversa.

¿Cuál es tu relación con el tarot? ¿Te vales de él solamente como recurso literario (Italo Calvino escribió ‘El castillo de los destinos cruzados‘ experimentando con los mazos de tarot Visconti y el de Marsella) o te inclinas por sus implicaciones terapéuticas (cómo lo mencionas en tu libro)?    

Mi relación en el libro es meramente ensayística. Me baso en ese aspecto de Jung sobre el psicoanálisis a partir del tarot, pero se trata sólo de una excusa que me permite hacer el itinerario intelectual e íntimo de Panero que es de lo que finalmente se trata el libro.   

En una de las escasas notas al pie de página de tu ensayo mencionas que los epígrafes los seleccionó L. M. Panero ¿Mientras escribías el libro te comunicabas con Panero?

No, los epígrafes los seleccioné yo, pero todos pertenecen a Panero. Y como lo escribo en la entrevista: yo le comenté a Panero sobre el libro que estaba escribiendo cuando lo visité en Las Palmas, pero más allá de eso, nunca estuve en contacto con él durante el proceso de escritura.  

Hoy muchos autores aspiran a ser malditos, a escribir una obra que sea catalogada con este mote ¿Qué opinión tienes al respecto?

Creo que ser o no “maldito” no es una decisión. El problema de la cultura ‘light’ en la que vivimos actualmente es que todo se encuentra contaminado por fórmulas estériles. La gente va creyendo que ser maldito significa convertirse una especie de roquero ridículo al estilo Kiss o Marilyn Manson o, en el ámbito literario, en una reencarnación de Bolaño. Cuando en realidad el malditismo se trata de una patología que inevitablemente te llevará al abismo. La oscuridad no es un juego de una pose para vender libros. Al contrario, en esas personalidades, el arte y la literatura se convierten en la única vía para aliviar un poco sus mentes trastornadas. Nunca puede decidirse vivir en el infierno.

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