Hoy se cumple el 281 natalicio del Marqués de Sade, y hace unos días me encontré a mi amigo Sergio Martínez, especialista en la obra de este apólogo del crimen, según George Bataille, para charlar sobre ello.

Aproveché para hacerle unas preguntas que, a lo largo de los años, he ido formulando. Dichos cuestionamientos son de índole filosófica, dado que Sade no ha sido, en rigor, una lectura de cabecera para mí.

Pese a que hay imprecisiones y saltos en la presente conversación (admito que los yerros son mío y no de mi interlocutor), consideré oportuno compartirla por este medio para quienes leen a Sade más allá de las claves eróticas y pornográficas en las que se le suele encajonar.

Aprovecho el espacio para agradecer a Sergio la paciencia de responder a mis inquietudes. Sin más, los dejó en lo conversado. 

“Considero que a Sade le sucede los mismo que a cualquier autor clásico. Es mencionado por muchos, pero poco profundizado”

Sergio Martínez

Pedro: Sergio, Sade se nos presenta como un autor muy leído, en la mayoría de los casos por morbo o franca empatía ¿Cuándo y cómo comenzaste a leer a este libertino?

Sergio: Sobre el planteamiento previo, considero que a Sade le sucede los mismo que a cualquier autor clásico. Es mencionado por muchos, pero poco profundizado. Escarbando en mi memoria, fue a la edad de los 18 años cuando había terminado de leer La historia del ojo de Bataille, la cual me llevó a Sade, dado que pertenecían a la misma colección de literatura erótica. Comencé con Justina o los infortunios de la virtud. Al principio me llamó la atención que no sólo era pornografía o erotismo. Los detalles descriptivos, tan precisos de las torturas y padecimientos de los victimarios, no dejaban de ser magnéticos, además del acompañamiento de grandes discursos y diatribas filosóficas.

Pedro: ¿Esos discursos y diatribas filosóficas fueron el motivo que te impulsaron a escribir tus tesis de grado, tanto para obtener la licencia y maestría en filosofía? Además, cuéntame cómo te fue con esa elección ante las instituciones, sobre todo con los dominicos que, bajita la mano, intentan que todo pase por aguas tomistas…

Sergio: Respecto a la tesis de licenciatura, mi problemática quedó ceñida a la moral en dos textos sadianos, Justina y Juliette. Era una especie de ecuación entre el vicio y la virtud. Y en el caso de la tesis de maestría el problema fue orientada hacia una arqueología de la filosofía política en sus principales obras, fundamentalmente en Las 120 jornadas de Sodoma. Visto en perspectiva, considero que intenté mostrar a un Sade filosofo, pero no ortodoxo, que difícilmente la academia o los manuales de historia de la filosofía lo considerarían digno de mención. En todo caso, se le relega a la esquina de libros de pornografía o erotismo, aligerando y desviando sus planteamientos respecto al libertinaje y el poder.

Afortunadamente no estamos en una época donde la filosofía sea la sierva de la teología, y en cierta forma hice referencia indirecta de mi tema de tesis al libro Jesús García (director de tesis y director del CEFTA) El pensamiento filosófico en Sor Juana Inés de la Cruz. Catalogada por él como poeta, en su texto analiza su obra detectando los planteamientos filosóficos en la escritora de la Nueva España. Y recuerdo que cuando le presenté el título de mi tesis de licenciatura, me cuestionaba si Sade era filosofo, ya que sólo había escrito novelas. Mi argumento fue semejante al de su libro, trataría de encontrar los planteamientos filosóficos en el Marqués. El asesor de mi tesis, en aquel entonces, fue un profesor adjunto de la Universidad de Guanajuato (UG), Francisco Lara.

Pedro: No hay que ser muy listo para caer en cuenta que la producción literaria de Sade está orientada a plantear problemas de índole filosófica y política, más que juegos y artefactos eróticos y licenciosos. Aprovecho, ya que has mencionado la liberación de la filosofía respecto de la teología, para preguntarte: qué papel juegan Dios y la teología en la obra del Marqués…

Sergio: Sade es hijo de la Ilustración, un ultra de las luces como lo clasifica Michel Onfray. En un primer momento, aparece en voz de los libertinos la blasfemia y el insulto ante el ser Divino, que ante cualquier situación hacen uso de sus arrebatos para hacerles ver a sus víctimas lo vano de las suplicas ante el tormento. Y en caso de éste existiera, sería un ser indiferente, cruel y déspota al dolor humano.

Ya desmontado el argumento teológico, el Marqués pasa a defender el discurso de la Naturaleza como fundamento de la realidad, esto apoyándose en tres pensadores, La Mattrie, Holbach y Helvetius, donde la Naturaleza ha conformado y determinado al ser humano para ciertas disposiciones y predisposiciones, ya sean el placer o al dolor. La condición sórdida del ser humano, en el modo en que el universo se desenvuelve de forma perniciosa, es la noción de la existencia de una entidad malvada, como bien lo define Irving Singer.

En Sade el universo es un abismo, un agüero insondable que lo absorbe todo. Sade es una especie de teólogo negativo, nihilista sombrío, tenebroso y maldito; donde el universo es horroroso y se consume en su vacuidad.

“En el siglo XX, poetas franceses como Paul Éluard y Apollinaire lo vindicaron como modelo del revolucionario que propone una libertad sin límites”

Pedro: Bien, me parece relevante el que se sitúe a Sade en el marco de la Revolución francesa y su precedente ideológico que, tú me corriges, inca sus raíces en la Ilustración. En el siglo XX, poetas franceses como Paul Éluard y Apollinaire lo vindicaron como modelo del revolucionario que propone una libertad sin límites.

Esta imagen, algo idílica y conveniente para el vanguardismo surrealista, ha sido puesta en duda por especialistas en la obra de Sade, me refiero a un Gilbert Lély (editor de sus obras completas en francés), a Jean-Jacques Pauvert, a los biógrafos Louis-Michel Le Peletier y Francine Du Plessix que, grosso modo, coinciden en el carácter oportunista del Marqués al tildarlo de adalid indirecto de la retórica de los regímenes hegemónicos…

Sergio ¿Cuál es tu lectura respecto a estas polarizaciones de un personaje tan complicado y astuto como lo es Sade?

Sergio: Sobre la vanguardia surrealista, a ellos les debemos en gran medida las publicaciones de las obras completas, y en cierta forma Sade llega a convertirse es una especie de padre protector, que arropa a gran parte del movimiento; bien sabido es que Apollinaire lo declara: “El espíritu más libre que ha existido”, y que, incluso menciona, que el Marqués propició desde la ventana de la torre de la Bastilla la sublevación previa a la toma de la prisión, o que el mismo Luis Buñuel hace guiños directos al Marqués en sus películas (La edad de oro y Susana carne o demonio). 

Ahora, como bien expones, las críticas que hacen sus biógrafos se quedan escuetas en lo que considero. Sade llega a convertirse, en el siglo XX y comienzos del XXI, en una especie de receptáculo portador de fuerzas descomunales que se puede utilizar, desde la psicología, la política, la literatura, el cine, la filosofía, en fin, en la cultura misma. Prueba de ellos son los estudios que le dedica la elite intelectual francesa de mediado del siglo XX y parte de los años, 60 y 70, como Bataille, Klossowski, Blanchot, Lacan, Foucault, Sollers, Beauvoir, Barthes y Deleuze.

Como bien mencionas en tu pregunta, Sade llega a ser polifónico, una especie de caleidoscopio cultural, y en lugar de hablar de un universo sadiano, se puede decir que hay un multiverso sadiano ante lo que nos encontramos. Es una labor descomunal querer sistematizar a un autor tan desmedido y desmesurado, muy semejante a Maquiavelo, donde, para algunos estaría presentado, de manera cínica, los mecanismos de poder y sus auténticas intenciones o, caso contrario, denunciado y evidenciado los abusos de los poderosos. Tomar partido por alguna de las opciones anteriores deviene en pletóricas pistas.

Pedro: Coincido en que la obra de Sade es refractaria a todo intento de sistematización. Sin embargo, hay una reticencia, por no llamarla tratamiento, en hacer apología del ateísmo.

La ausencia de Dios se presenta como fundamento ontológico de la filosofía del libertinaje, de ese culto a la libertad irrestricta que conlleva la idea de un nuevo hombre, de un nuevo ciudadano y, por ende, de una nueva república, aberrante y utópica, ya que congrega exclusivamente a criminales, a individuos que manifiestan su naturaleza caótica.

Pero el libertino, en Sade, es un asceta apático ¿qué demonios quiere decir Sade con esto?

Sergio: Sade lleva al extremo los argumentos de la modernidad; despojado de Dios, de la naturaleza, carenciado de proporciones y parámetros, se encuentra el libertino en las cimas de la devastación y desolación, sobre una pila de cadáveres a sus pies, obedeciendo a sus deseos e impulsos. Bataille, al respecto, señala que por un lado el libertino conserva una claridad lucida y racional, aún en el paroxismo de la crueldad.

Todo libertino es metódico, ordena, calcula, mide, prevé los detalles; pero una vez que ha realizado los actos más depravados y despreciables, se vuelve a encontrar frustrado, tratando de imaginar nuevos medios para satisfacer su insatisfacción, acumulando víctimas.

Esa extraña alianza entre los apetitos sexuales, con un solipsismo radical, nos lleva a estar en presencia de un sabio estoico oscuro: no sigue a la naturaleza, con amor y alegría, la copia aborreciéndola y sin comprenderla; pero por ello no se siente feliz, su esencia es el dolor. Este dolor se padece como alegría. Es el último grado de corrupción reflexionada. Se trata de la máxima afirmación del yo, una vez que se ha derrumbado a Dios, a la Naturaleza, a las leyes, la moral, a la humanidad, le queda la apatía, todo se vuelve inservible, agotado, miserable, tedioso, la soledad consumada en soberanía. Logra la ataraxia, semejante a la piedra filosofal de los medioevales, transmuta las derrotas en triunfos, el crimen en virtud, el dolor ajeno en placer propio, que va del hedonismo al estoicismo, la felicidad prometida al hombre, en el libertino es la indiferencia plena.

“Detecto que existen los intentos de domesticar a Sade, desde los mismos mecanismos de las industrias culturales”

Pedro: ¿Es posible domesticar a Sade, incluirlo en los índices de las historias de la filosofía y la política?

Sergio: Considero que operan dos lógicas en lo que planteas. Por un lado, me parece muy interesante la propuesta de Michel Onfray de realizar una historia no oficial de la filosofía, recuperando filósofos y pensadores relegados, olvidados, periféricos, que lamentablemente los manuales de filosofía no consideran importantes, sólo dejan espacio a los grandes sistemas y a las reverenciadas vacas sagradas de la filosofía (Platón, Aristóteles, Tomas de Aquino, Hegel, etc.), prueba de ello es su texto El siglo de los ultras, en el cual le dedica un espacio al Marqués de Sade.

En cuanto a la cuestión política, más que domesticación, localizo un acto de divulgación y redescubrimiento en dos ejemplos en particular: el primero de ellos, con la película del director italiano Pier Paolo Passolini: Salo o las ciento veinte jornadas de Sodoma, en donde se reinterpreta el encierro de los cuatro libertinos en el siglo XVIII (En la novela de Sade), en la Italia en sus postrimerías al gobierno fascista.

El segundo ejemplo es la pieza teatral, y posterior puesta en pantalla del director Peter Weiss, de Marat/Sade y que lleva por subtítulo La persecución y asesinato de Jean-Paul-Marat, representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton, bajo la dirección del Marqués de Sade.  En ambos casos no domestican a Sade, lo reactualizan.

Pero, por otra parte, detecto que existen los intentos de domesticar a Sade, desde los mismos mecanismos de las industrias culturales. Uno de ellos es el filme de Letras prohibidas, la leyenda del Marqués de Sade, es un intento hollywoodense de presentar a nuestro libertino como un ser que termina sus días arrepintiéndose de su vida y de sus escritos ante la imagen del Mesías.

El otro intento lo ha venido realizando la psiquiatría, denominando al sadismo como una metonimia, en este caso, como un trastorno sexual, con el uso de toda la parafernalia, indumentaria y juguetes sexuales que lo acompaña. Y con ello, no resulta difícil explicar el éxito editorial y cinematografía que tuvo Las cincuenta sombras de Grey.

Pedro: Considerando el nivel de libertades adquiridas en un contexto global ¿El siglo XXI toleraría a un Sade, lo encumbraríamos como un adalid de la libertad o seguiría siendo un monstro del que conviene alejarse lo más rápido que se pueda?

Sergio: Es raro el modo en seguimos considerando que avanzamos a medida que pasa el tiempo. Pareciera que el siglo actual se está volviendo puritano, aunado a una orientación de lo políticamente correcto y la cultura de la cancelación por todos lados. En la cual triunfan productos como el café sin cafeína, cigarros sin nicotina, mayonesa sin grasa, cerveza sin alcohol, etc. Una realidad superficial y falsa. No me parece extraño que a Sade se le endulce, edulcore o se le cancele, para que no se ofenda nadie, para permanecer puros y delicados.

Sade en siglo XXI implica que estamos ante un vidente, un vaticinador e iluminado, por irónico que esto suene, de las profundidades del corazón humano. Desde la trinchera de la literatura fue un provocador, que ha dejado una impronta en la cultura occidental y popular, que va de generación a generación. Permanece como un deleite que a ningún lector le puede dejar indiferente, se le ama o se le desprecia.

La segunda opción implica aceptarlo con todos sus defectos, contradicciones e imperfecciones, además de asumir todos los riesgos. Decirlo todo, como lo plantea el propio Marqués, creer que nos encontramos en el mejor de los mundos posibles, es ilusorio. Revisemos cualquier manual de historia de la humanidad de los dos últimos siglos para verificar la actualidad y vigencia de los libertinos sadianos, mesetas cubiertas de ruinas, guerras, infanticidios, despojos, genocidios, asesinatos, en fin, estos tiempos han sido como cualquier otro, sádicos.

Pedro: Para cerrar nuestra charla dispersa, dime cuál ha sido tu experiencia cómo docente cuando te cuestionan sobre tu gusto y estudio por la obra y figura del Marqués de Sade…

Sergio: Procuro, en la medida de lo posible, no mencionar el tema, dado el carácter provocador que esto implica. Soy consciente de los tiempos políticamente correctos que corren, de cacería de brujas. Recuerdo una anécdota al respecto, fue en la entrevista de trabajo para ser docente a nivel medio superior, en una institución de corte religioso y de acceso económicamente alto; considero me desempeñe de forma correcta en las preguntas que me hacían, e incluso hasta en la formalidad que esto implicaba (de traje y corbata), pero al finalizar la entrevista, me pregunta sobre la dirección de correo que uso (Sade_kant), la cual es una alusión directa al texto de Jacques Lacan, referente a una complementación entre los sentidos y la razón. Quiero pensar que a mi entrevistadora le parecía raro que yo quisiera entrar a un colegio conservador, dado el perfil de mi investigación. Ella aplicó la clásica expresión coloquial: deje su currículo y después lo llamaremos.

Aunque los cuestionamientos los he recibido más por mis asesores y compañeros de estudio, por ejemplo, en la defensa de tesis de licenciatura, uno de mis sinodales me cuestionaba si yo tenía gustos sádicos en pleno examen recepcional. A lo cual argumenté que son dos cuestiones diferentes y opuestas, hacer un análisis de la obra de Sade y otra muy distinta poner en práctica sus ideas. A final de cuentas, si fuera afirmativa mi respuesta, pertenece al ámbito de la vida privada y personal.

Pedro: Sergio, te agradezco el permitirme tomar notas de esta conversación.

Sergio: Fue un gusto charlar contigo.  

PERFIL

Sergio Antonio Martínez es Licenciado en filosofía por el Centro de Estudios Filosóficos Tomás de Aquino (2004), maestro en pedagogía por la UPN en 2010, maestro en Filosofía por la UG en 2018. Ha participado en la docencia desde 2005, en los niveles de secundaria, medio superior, licenciatura y maestría. Además de docente en prestigiadas instituciones académicas ha sido colaborador en publicaciones especializadas y ponente en congresos nacionales e internacionales. Actualmente es candidato al grado de Doctor en la Universidad de Guanajuato en el área de Ciencias Sociales.  

  • Ilustración: Especial
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