Carlos Pascual ha hecho lo imposible en una ciudad imposible y en un lenguaje, el esloveno, también imposible.

Él, un mexicano de pura cepa, curtido en los más variopintos oficios, se granjeó en agosto de 2021 el Premio Novo Mesto a la mejor colección de cuentos del año con el libro Nezakonita Melanholija (Nostalgia ilícita en español), algo tremendamente buñuelesco por lo inédito de la decisión del jurado en premiar el libro de un autor no nacido allí.

Ahora en este 2022, aparecerán dos títulos más en ese idioma: Los hipopótamos en el desierto y Esperando a los chinos (este último junto con el libro ganador, completa un tríptico de crónicas).

Lo que no le sucedió en México, le vino a ocurrir en ese país de Europa del Este, donde radica desde hace 13 años.

Escritor, guionista, productor de cine, así como un hombre de teatro enjundioso, Carlos Pascual hizo de la crónica, el arrebato y el desenfado literario

Portada del libroNostalgia ilícita‘.

Su bandera en una región donde los círculos de la escritura o la escena contemporánea son marcadamente cerrados y es prácticamente imposible entrar si no se es ya un consagrado autor europeo.

Las crónicas -dice en directo desde su casa en Eslovenia- son una mezcla de estampas usuales en México, tamizadas con la vida cotidiana de los eslovenos, con guiños literarios, de personajes, autores y situaciones que van entretejiéndose en saltos temporales y con las propias experiencias del autor, lo que resultó un golpe brutal en las estructuras de la narrativa eslovena que lo colocó en los cuernos de la luna.

Pascual anduvo del tingo al tango en una docena de ciudades en México y el mundo antes de establecerse allá.

Tenía yo mucho interés en la región (de Eslovenia), estaba viviendo en Guanajuato y sentía que me quedaba chico el campo y quería irme, tenía entre Montevideo y Liubliana.

Pensaba en venirme un par de años, porque siempre pienso en trabajar y vivir en donde esté. Lo que no estaba en mis planes era escribir, pero terminé haciéndolo”, cuenta.

En Liubliana, capital de Eslovenia, Calos Pascual se dedicó a dar conferencias, editar a la distancia para algunas revistas en el país y enviar colaboraciones o guiones para sobrevivir

Además del periodismo y la narrativa, el montaje de obras de teatro es parte fundamental del trabajo de Pascual.

Construyó y fundó a puro pulmón un teatro independiente que es el único de su tipo en Liubliana, donde produce y acoge espectáculos de pequeño o mediano formato de artistas y compañías que encuentran en el Black Box Studio un oasis ante el embate del oficialismo.

Fui de todo en México, aquí empecé a trabajar un poquito el teatro, empecé a hacer talleres de teatro en algunas escuelas, pero en Eslovenia es un teatro muy monolítico. Lo que no está dentro del teatro oficial, no existe”.

La historia de este escritor es como de cuento de hadas que se resume en que un día, en una conferencia, una mujer lo escuchó y de inmediato le propuso escribir un artículo para una revista. De ahí a la fecha, esa mujer es su principal impulsora y madre de sus hijos.

Mi vida como escritor en México fue muy marginal, no estuve en diálogo con nadie, no fui generación Unomásuno (un diario de referencia en la cultura nacional), etcétera. Solo escribí para radio.

Para mí ha sido una gran novedad a partir de mi segundo libro, que se fijaran en mi escritura y me hubieran nominado al premio…No puedo hablar esloveno ni para defender mi propia vida”.

Luego de la pausa obligada por el coronavirus, Pascual parece no tener descanso, pues lo mismo escribe para suplementos culturales, revistas de literatura y cine, prepara sus próximos libros y se da tiempo para dirigir el Black Box Studio

Carlos Pascual en su estudio ‘Black Box’

Han sido muy generosos los lectores y los escritores establecidos. Mi primer libro fue de 2013 y este último (el ganador) salió en 2020. Estoy muy contento que se me considere en la colección de la Nueva narrativa eslovena.

“…Soy muy afortunado de tener un lugar donde se me publica…tengo mis lectores que me los encuentro en las calles, que me mandan mensajes. Tengo un teatro en un espacio donde no había nada.

De verdad que no fue fácil. Me mudé unas cinco o seis veces a ciudades donde no conocía gente. En ningún lugar me costó tanto trabajo como en Eslovenia”, resume.

Este autor empecinado en continuar por el camino de la más absoluta independencia, publicó también el libro de ensayos De sirvientas, tacones altos y oportunidades perdidas y Muros gruesos, ventanas pequeñas.

Su escritura, según la crítica eslovena, es un ejercicio sin par de crónica, ficción, periodismo gonzo, que hibrida de manera contundente e ingeniosa.

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