León recupera su Festival Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) después de que el anterior Consejo del ICL cometiera la torpeza de convertirlo en Bienal para maquillar la flojera institucional

Las necedades son un clásico. Regatear a los artesanos, dejar todo para el final, llegar elegantemente tarde, fumar antes del desayuno. En fin. Infinitas posibilidades que rondan la genialidad o la ingenuidad, de la perseverancia sana al hacer por hacer. Responder sin hacer preguntas, proponer por capricho o el simple hecho de inventar algo para justificar el sueldo que te acabas de subir. Increíblemente, en cuestiones de cultura y arte, esa necedad es a veces una necesidad. La epidemia motivacional de equivocarse hasta lograr el éxito, como el pérfido eslogan de una universidad patito, es en ocasiones capaz de impulsar un producto cultural.

Así el Festival Internacional de Arte Contemporáneo de León (FIAC) regresa una vez más para volver a intentarlo. Este festival que nació de una necedad cuando aún se podía apostar a casi cualquier cosa y ‘apantalló’ con su lista de estrellas de culto a los más globalizados, sembró la semilla de un árbol torcido que sigue parapetando con su sombra el tropiezo de los incautos o el tino de los ‘elevados’. Para decirlo de otro modo: un festival que aprovecha lo más popular entre los impopulares. La tan rabiosa alta cultura resurge a pesar de todo. La necedad de mostrarle al mundo un hijo ‘ñoño’ al que solo aguantan unos pocos es lo que lo hace del FIAC un acertado error.

Comercial en sus primeros años de vida. Sí, comercial para un ínfimo sector de la población que estaba al tanto de lo friki. Para el peatón de a pie, porque hay peatones con pies, un simple evento más, lejano, confuso y absolutamente innecesario. Y, en sus últimas ediciones, puede que absurdo y mal planificado. Y eso sin meternos en comparaciones: popular o impopular, rentable o deficitario. Al fin y al cabo, una necedad que se agradece aunque esté dirigida solo a los que buscan algo diferente. Incluido en el plan de gobierno pero muy mal comunicado, el FIAC 2016 puede que atraiga a unos centenares de leoneses.

El cartel, como siempre, carga con estrellas, algunas más distantes que otras, que causarán el asombro o el disgusto, el aplauso o la queja. La siempre necesaria ‘peor edición’ para los críticos

Bajándole a lo ‘elevado’, cualquier propuesta cultural o artística debe tener siempre algo de provocación. Este FIAC regresa para conectar con el entorno de ese mundo facebukiano. Cuestiones tecnológicas, el glitch y la singularidad. Cuestiones que casi nadie entiende pero que suenan chic y servirán de imán para los clones con barba que se pasean por los antros de la Madero. Un festival que erróneamente se ha medido por el cartel o la asistencia. Que se viste de polémico porque de algo hay que quejarse, que busca saldar deudas imaginarias y llegar a todos los que pueda en un esfuerzo por estirar el billete que escasea en donde en verdad se necesita.

El FIAC se enfrenta al mismo enemigo de siempre: el rechazo a vivir nuevas experiencias tan común en ‘mochilandia’. Se enfrenta a las redes sociales, al desinterés de la mayor parte de la población, y cómo no, a la dinámica de una ciudad estresada que se creyó esa vieja infamia de que el trabajo todo lo vence. Antes del chiste (tosco y mal fundamentado) de volverlo bienal para esconder la negligencia del  anterior director de Desarrollo en las Artes, su última edición cumplió con lo prometido: asombrar a los abiertos a recibir. Hoy su programación ruega por tener la oportunidad de ser escuchada. Lo de ser entendida será motivo de oración de otras ediciones.

El FIAC 2016 persigue marcar tendencia  y está diseñado para los jóvenes _______ (ponga aquí su etiqueta favorita). Para los contados artistas locales interesados en ver lo que ocurre en otras latitudes, para el plan de gobierno (sale a plazas públicas y zonas marginadas), para los estudiantes de arte, para los intelectuales empeñados en retar a sus neuronas, para los críticos, para las parejas necesitadas de selfies que muestren su amor barato y para todos aquellos que disfrutan de lo desconocido.

Necedad incomprendida o necesidad política de que parezca que León se interesa por la cultura, este regreso del FIAC regará el árbol de la rareza en la monótona existencia de una ciudad enganchada a producir eventos masivos que colapsan el tráfico y disparan la venta de calzado. Buena suerte necio FIAC.