El próximo domingo 22 de octubre, el Teatro del Bicentenario continuará con su agenda como parte del XLV Festival Internacional Cervantino con la presencia de Romengo & Mónika Lakatos, agrupación conformada por seis artistas húngaros.

Con quince años de vida artística, Romengo & Mónika Lakatos han participado en los festivales de música más importantes en veinte países de Europa, así como en otros más de Asia, incluyendo la India; en cada una de sus presentaciones, llevan los cantos y bailes tradicionales que alegran la vida de un pueblo gitano perseguido desde la Segunda Guerra Mundial.

La extraordinaria voz de Mónika Lakatos, se encarga de personificar, a través de su canto, no sólo los lamentos de los romaníes sino también las tradicionales canciones étnicas, colmadas de alegría y de incitación al baile

Mónika Lakatos, como es usual dentro de su comunidad, se relacionó con la música gitana desde muy pequeña, y aun siendo una niña fue impulsada por su familia y gente cercana a exponer sus talentos más allá de su pueblo. Así fue como Lakatos ganó, en 1995, el concurso de talentos a nivel nacional Ki mit tud? (¿Quién sabe qué?) y se involucró en el Teatro Holdvilág en Budapest, donde trabajó como cantante por un tiempo y conoció a su ahora esposo, Mihály ‘Misi’ Kovács, un músico del Conservatorio Béla Bartók, famoso entonces como relator de historias gitanas, con quien colaboró durante varios años en la agrupación Romano Drom.

Juntos, decidieron fundar su propio proyecto musical en el 2004, al que llamaron Romengo, y en el que colaboran con cuatro músicos más, también húngaros: János ‘Guszti’ Lakatos y Tibor ‘Tibi’ Balogh en la percusión y la voz, Richárd Vaskó en el contrabajo y Mihály ‘Misi’ Kovács en el violín.

Contrabajo, violín, guitarra y percusiones, así como jarras con agua, cucharas y baldes de madera, forman parte de la instrumentación que utilizará la agrupación durante su concierto en el Teatro del Bicentenario. Sin maquillaje ni sobre-producción, su música expresa las más profundas emociones: la alegría, el amor, el exilio y la injusticia con piezas que en su mayoría fueron compuestas por ellos mismos y canciones tradicionales con arreglos que las hacen sonar muy contemporáneas.

La música de Romengo no requiere de trajes ni de coreografía; es lo que es: inspirada, vital como la vida misma, capaz de moverse de un lamento desbordado de emociones a una alegría evidente en los movimientos de los pies y el júbilo escrito en las caras de los músicos, reflejado en las de su público.

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