Haití es un país donde se ha cebado sistemáticamente con furia la naturaleza, física y humana. Terremotos, huracanes, corrupción boyante. Es el país más pobre de América y desde hace más de un mes vive una nueva tragedia, casi ignorada.

Las revueltas y el caos en la isla comenzaron el 7 de febrero. La gente ha tomado las calles harta de la corrupción que encabeza el presidente Jovenel Moïse. En enero el Tribunal Superior de Cuentas reveló que se han desviado unos 2 mil millones de dólares a través de la paraestatal Petrocaribe, mientras la gente sufre hambre.

Marchas multitudinarias, calles con barricadas e incendios son el panorama desolador que se muestra hoy en Puerto Príncipe, la capital de Haití. Moïse cumplió dos años en el cargo el pasado 7 de febrero y la población ya exige su renuncia ante su corrupto régimen.

Las protestas han dejado al menos 26 personas muertas y 77 heridos, según reportan diversas oenegés

Un soldado y un manifestante durante las protestas del pasado 15 de febrero en Puerto Príncipe.

Esta última oleada de protestas, que estallan esporádicamente, se desató a raíz del intento del Gobierno de alzar el precio de los combustibles, en julio pasado (2018), por recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Una medida difícilmente aceptable en un país con una inflación galopante, donde además aproximadamente el 60% de la población vive con menos de 2 dólares estadounidenses por día y donde el Producto Interno Bruto, la riqueza del país, por habitante se evaluaba (anualmente), en 2014, a 830 dólares, siete veces menos que la vecina República Dominicana”, describe el periodista Tristan Ustyanowski, en un reportaje para France 24 esta semana.

Escasez de agua, alimentos, medicamentos, de todo, hacen hoy la vida insoportable para el grueso de los 11 millones de habitantes que viven en una porción de la isla que ocupan Haití y República Dominicana. De 1986 a 2018 han ocupado la presidencia 19 políticos. Sólo 3 han terminado su mandato sin revueltas.

La última mirada y el apoyo internacional colectivo para Haití ocurrió en enero de 2010 tras el devastador terremoto que sumió al país en un infierno del que no han podido salir aún. Hace una semana el FMI ha prestado, sin intereses a 3 años, 229 millones de dólares al gobierno de Moïse para amortiguar la crisis permanente. Los ciudadanos dudan que el dinero se traduzca en beneficios.

Las calles muestran una imagen brutal de un verdadero infierno en la tierra.

  • Fotos: EFE/AFP