La protesta popular en Nicaragua ha derivado en un hecho inesperado que parece anticipar la caída del presidente Daniel Ortega.

No tenemos por qué reprimir, creemos que el diálogo es la solución”, ha expuesto el coronel Manuel Guerrero, portavoz del Ejército de Nicaragua, ante los nuevos disturbios en el municipio de Masaya.

El pasado sábado en Masaya se generó un nuevo ataque violento a manifestantes inconformes por las reformas de Ortega que afectan la seguridad social, con un saldo de cinco personas muertas y más de 200 heridos tras los ataques de policías, paramilitares e integrantes de las llamadas Juventudes Sandinistas, según reportan diversos medios internacionales.

Desde el pasado mes de abril la población nicaragüense ha salido a las calles a protestar por las reformas abusivas del gobierno de Ortega -que buscan mayores impuestos por la seguridad social, con cargo a los trabajadores y empresarios, entre otros asuntos-, lo que obligó al despliegue de una fuerte represión contra la población civil y estudiantes, que se saldó con 50 personas asesinadas por el gobierno.

En un comunicado oficial el Ejército nicaragüense refuerza su postura de no atacar o reprimir a la sociedad civil: “Somos el pueblo mismo uniformado, trabajando en su propio beneficio”

El rechazo del Ejército nicaragüense a la represión del pueblo que se ha levantado, quizá tiene explicación en la independencia -de la Presidencia y por mediación de Humberto Ortega, hermano de Daniel Ortega- que ganaron las fuerzas armadas tras el triunfo electoral de Violeta Chamorro en 1990.

La Iglesia Católica ha sido especialmente crítica y partícipe en alentar la revuelta popular, pues considera que el régimen de Ortega se ha excedido al masacrar a estudiantes que protestaban por lo injusto de las reformas. E incluso ha exigido la entrada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que se investiguen los más de 50 asesinatos durante las protestas.

  • Foto: Especial
  • Noticias relacionadas: Nicaragua arde violenta