Mi mejor amigo fue un Sony Walkman.

Lo cargaba a todas partes: a la escuela, a la Iglesia, al psicólogo infantil. Nunca salía sin mis baterías de repuesto.

En inviernos y en veranos mi padre me pagaba un boleto de avión para que yo visitara a mi madre en cualquier parte del continente donde el azar la hubiera puesto. Cualquier otro se hubiera quejado de las horas muertas en los aeropuertos, sentado en un rincón, esperando a que el ejecutivo de la aerolínea me condujera al avión de la mano.

Para mí, esas horas muertas eran lo que los gringos llaman quality time.

A los 18, la idea de caminar por la calle con los audífonos puestos me resultaba penosa. Hoy todo el mundo lo hace; han evolucionado esas cosas. Pero los míos eran estorbosos, nada estéticos. Me veía yo como el boceto descartado de un futuro aberrante. Pero era necesario mutar.

Fui un pionero. Y los pioneros son feos como trogloditas

Si uno quiere ser libre debe resignarse a ser ridículo. Hagamos la prueba. ¿Cuál es la calle más transitada? Allá en el centro, donde pasan las chicas hermosas. ¡Vayamos a hora pico! Sentí la excitación que debió sentir Oppenheimer antes de estrenar la Bomba.

Escogí el Atomizer de Big Black. Kerosene.

Soy el primer pez que camina; sigo la línea de una fantasía violenta. La autoconsciencia pulverizada en el pavimento. A mi alrededor fluye un río de epilepsia. Las líneas de velocidad se tensan en un punto de fuga.

There’s kerosene around: find something to do.

Me imagino un bólido. Alto y jorobado, ojeras del más allá, pálido como esperma de ahorcado. La gente me siente venir por la acera— una aguja de fonógrafo que hace ruido contra los escaparates, un motor de mala vibra-.

Me ven venir y se abren

Set me on fire, kerosene.

Set me on fire, kerosene.

Set me on fire, kerosene.

Set me on fire, kerosene.

Set me on fire!

 

Este mundo es una impostura del grosor de una oblea.

  • Foto: Portada del nuevo disco-cassete de Muse ‘Simulation Theory’
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