Creo que conocí a Gilma en la Ciudad de México ¿Un karaoke en la Zona Rosa? ¿Era junio, como ahora? ¿Cumpleaños de un buen amigo géminis?

Hablamos poco esa vez a diferencia de ésa otra en el Acapulco Barco de Libros del 2014 de Yelitza; Azul y Antonio, queridos anfitriones que nos llevaron a las palapas en la playa nocturna, acabadas las visitas a escuelas de la costa, luego de las lecturas, después de escuchar a Elsa Cross, y de haber merendado en la fonda Ricardo, ahí en el centro acapulqueño que me hacía evocar películas de Angélica María.

Pasamos parte de la noche sorbiéndole al whisky con hielos, comiendo pescadillas y hablando de nuestra experiencia de visitas a Acapulco. Todos teníamos un recuerdo de la Quebrada, de Puerto Marqués o de Caleta. Yo recuerdo lo que nos contaba Juan Pablo Anaya, o lo que Julián Herbert evocaba con media sonrisa.

Luego, para la primera edición del Ciclo Escritores Jóvenes Visitan Cuévano, la busqué. El pretexto era invitarla a Guanajuato para que se acordara de sus viejos tiempos, esos que había evocado ella cuando charlamos y supo que yo había estudiado en Guanajuato. Quizá caminamos al mismo tiempo las mismas calles, le dije. Ella se rió de mí y ahora creo saber por qué.

Esa ocasión vino a hablar de Los días de Ema, publicada en Ediciones B. Lo que no sabía yo es que ella escribiría una novela sobre esos días de los que hablamos. Me refiero al pasado en Guanajuato, por ejemplo. Gilma escribía cimentando la prosa escrita en presente con verbos conjugados de monólogo de quien ubica a su lector en otro tiempo reconstruyendo una escena: “Es el primer martes de agosto. El cielo ya tomó una forma clara: es un elefante gris que se desmorona. El parabrisas abre la noche”.

En ese momento que evoco Gilma Luque preparaba ‘Obra negra’, novela recientemente publicada por Almadía

La escritora y editora Gilma Luque (Ciudad de México, 1977), con su más reciente novela.

Yo estaba lejos cuando comencé a leer y en las primeras líneas me hallé este escenario de mi etapa universitaria. Me reí, pero también me invadió la nostalgia: “un edificio viejo y descuidado sobre Avenida de la Paz; sobre la fachada azul dice su nombre con una tipografía que me parece antigua: en uno de los balcones hay una bruja de tamaño humano que pretende ser un adorno y no deja de ser siniestra. El lugar es muy oscuro, la lámpara sin pantalla. Nos dan un cuarto, al cual se llega subiendo unas escaleras lúgubres. Nuestra habitación es fría y sin ventanas al exterior, huele a humedad. Nos parece un lugar hermoso”.

La Escuela Normal Superior Oficial de Guanajuato (ENSOG) tendrá su I Jornada Literaria para acercar a sus estudiantes a la actualidad literaria

El viaje o la huida, el aprendizaje de la vida en solitario y la hermandad entre casi huérfanos, por ejemplo, resultan historias que los estudiantes normalistas hallan cercanos, emociones propias vistas gracias al filtro literario de la prosa bien lograda de Gilma Luque, en la literatura de Obra negra.

La comunidad normalista se dedicará a reflexionar acerca la lectura y de la promoción del hábito lector como una experiencia estética. Gilma y los estudiantes podrán charlar en las conocidas actividades llamadas Citas Textuales, que consisten en una conversación entre autores y lectores, entre el escritor de una obra y los lectores que, a su vez, se están preparando para convertirse en promotores de lectura en las escuelas de nivel básico.

Patricia Arredondo y Manuel R. Montes, que impartirán talleres sobre la promoción de la lectura, además de Gilma Luque, que hablará sobre Obra Negra en una de las Citas Textuales, forman parte de esta actividad la I Jornada Literaria de la ENSOG, una iniciativa de José Luis Samaguey Rentería, coordinador de la licenciatura en la enseñanza del Español, para promover el programa nacional Leer para la vida.

Este miércoles 13 de junio, a partir de las 9 de la mañana, en las instalaciones de la ENSOG, comienza la gran aventura de las palabras.