No creo que haya que viajar hasta al pie de la Cordillera del Himalaya, en la India, para entender que estamos en medio de una crisis del medio ambiente.

Quizá era necesario visitar el Forest Research Institute of Dehradun y, luego, vivir la vida de Navdanya, esa granja orgánica en las orillas de Dehradun, capital del estado de Uttarakhand, para tomar conciencia del sentido que tiene la palabra regeneración; para sentir que cambiar el mundo es posible, y que es urgente; para entusiasmarse con la esperanza de hacer de este planeta un lugar mejor, y tener ideas claras a propósito de este empeño.

Tal parece que debía escuchar a Vandana Shiva, referente mundial del activismo. Convincente como es habitual en ella, la vi articular, con cierta vehemencia, lo siguiente: “Hay una crisis de la tierra, una crisis alimentaria. Es un problema que no reconoce naciones, es un problema de todos. El paradigma estaba errado. Es urgente reconocer la integridad de la naturaleza. Saber y respetar que coexistimos con el mundo. Revertir”.

Fui a la India, a Dehradun, acompañando a Ricardo. Fue nuestra manera de reanudar una charla que comenzamos hace unos años, en la Ciudad de México, cuando era todavía D.F.

Aquella vez, paseamos como detectives por el centro histórico. Ahí me contó que, luego de Guanajuato, donde nos conocimos, había vivido en Bélgica, pero que estuvo en Texcoco unos años antes. Que se había especializado en suelos y, ahora, comenzaba a trabajar para Sustainable Harvest. Estaba a punto de mudarse a Panamá.

Nos habíamos encontrado luego de una marcha en el Zócalo, si no me equivoco era un cierre de campaña en 2012. Él ya comía una sopa de mariscos en La Bota, me parece, y me vio a lo lejos. Gritó mi apodo de la universidad y lo reconocí. Yo pasaba los días en el cubículo siete de la casa de Liverpool #16, ahí en la Juárez. Esa noche me platicó de su labor en Centroamérica. Dirigiría o coordinaría a un grupo de agricultores para promover el mejoramiento de sus procesos de preparación de suelos, cultivo, cosecha y, en algunos casos, de comercialización.

Nos volvimos a ver mediante una videollamada. Pude hablar con sus colaboradores en Panamá. Hablé con ellos acerca de cómo contar las historias de aprendizaje y de mejora a la hora de cultivar, cuidar y cosechar. Era necesario tener testimonios que hicieran evidente este proceso donde los campesinos contaban de las técnicas y el soporte que daba SHI. Habían aprendido cosas que hacían falta para resistir. También, le habían enseñado al representante de esta organización, me refiero a Ricardo, cosas de la tierra, de su país, de su manera de vivir. SHI les había ayudado a seguir esa máxima que yo le he escuchado a José Mujica, el ex presidente de Uruguay: mantenerse cerca de la comida, unidos, en comunidad.

Me interesó. Supe de esas historias y trabajamos para contar lo que estaba sucediendo. Esas crónicas las podemos leer ahora aquí: https://www.sustainableharvest.org/

Soy un mirón, un curioso hambriento, persigo historias. Esa inquietud casi infantil me llevó a la Tercera Asamblea Anual de Regeneration International que se llevó a cabo en Navdanya, Organic Farmer el 7 y el 8 de octubre de 2018. Hablo de la reunión anual de organizaciones ambientalistas, como Sustainable Harvest, Navdanya o Vía Orgánica, que procuran la aplicación del conocimiento técnico y científico a zonas vulnerables con el fin de trabajar principios éticos en agricultura y rescate de suelos. Una lucha por hacer patente el término regenerar.

Fui a la India con Ricardo porque me pareció importante entender la manera de trabajar de organizaciones que buscan convertir regiones, cada vez más amplias en todo el mundo, hacia la agricultura orgánica. Para crear conciencia sobre la manera de comer y de comercializar con la comida en todo el mundo. Elementalmente, para distinguir esas historias de mujeres y hombres, comunidades enteras, con una fuerza de voluntad indomable, que buscan genuinamente un mejor planeta para todos.

Viajamos durante tres días hasta llegar a Dehradun. Ciudad de México, París, Bumbay, Nueva Delhi. De Delhi, en tren, hacia Dehradun

Tuvimos tiempo para hablar. Fui una especie de sombra de Ricardo esos días. De los apuntes que más recuerdo, de las varias cosas que aprendí, fue esa explicación en la que la tierra es tan poderosa que puede absorber el CO2 producido por el exceso de uso de vehículos de motor y la emisión de gases contaminantes de fábricas, por mencionar algo. Me contó que la tierra podía hacer eso que luce imposible. El asunto es elemental, me dijo: árboles y plantas. El asunto básico, volvió a decir, es tener conciencia ecológica.

El Forest Research Institute en Dehradun, una construcción colonial, de la India británica de otros tiempos, es un centro universitario donde se llevó a cabo la ùltima edición del International Biodiversity Congress. En este evento, de varias jornadas de debate, exposición y planteamientos en torno a la conservación de la biodiversidad, el tema no fue exclusivo para estudios técnicos, de estadísticas, de observación de fenómenos, de innovación o de mejoras. Las conclusiones de este congreso se abrieron hacia cómo deberemos utilizar este conocimiento de la biodiversidad y qué es lo que hace falta para que la ciencia se ponga al servicio de su conservación y, en algunos casos, urgentes, su regeneración.

Luego del congreso en el Instituto, se llevaría a cabo la Tercer Asamblea Anual de Regeneration International, una organización que tiene como propósito revertir el calentamiento global y acabar con el hambre mundial facilitando y acelerando la transición global hacia la agricultura regenerativa y la gestión de la tierra en lugar de su explotación.

Si en algo está de acuerdo la comunidad científica y el activismo ambientalista es en que es necesario encontrar la manera de tener una conciencia ecológica: “Para que la tierra viva no debemos olvidar que coexistimos con el mundo”. Así comenzó Ronnie Cummins su intervención en la Asamblea a la que asistí de observador. Es parte del consejo directivo internacional de este movimiento. Lo conocí ahí, en las cabañas de la granja orgánica Navdanya.

Llegamos caminando a la granja luego de que un tuk-tuk nos acercó a la entrada, un pasillo de terracería flanqueado por árboles de mango. Ricardo me hablaba de Ronnie. Me hablaba de su esfuerzo en San Miguel de Allende, Guanajuato, de la existencia de Vía Orgánica, del trabajo que han hecho. Me decía que casi todo el alimento orgánico que se consume en la región se produce en esa granja local o de productores que han aprendido ahí. Esa granja, esa tienda, ese lugar, busca un México en el que la agricultura orgánica, la justicia social, el comercio local y la vida sostenible estén al alcance de todos.

Vía Orgánica es parte de redes internacionales como Millones Contra Monsanto, Consumers International y Regeneration International: orgánico, local, sano, decía Ricardo

Conocí a Ronnie en el centro de un salón de una granja orgánica en la India. Lo conocí postulando los principios de Regeneration International. Insistía en el carácter ético de la causa. Es un convencido de que es fundamental educar en la conciencia ecológica y en el conocimiento que se tiene para trabajar la tierra de manera regenerativa, local y justa.

Lo que implica esta consciencia ecológica es pensar diferente―enfatizó Ronnie―, confiar en la educación que sensibilice a los ciudadanos del futuro para que juntos entendamos que tenemos una urgencia, no como un acto piadoso sino como una responsabilidad individual. Y esa urgencia es por entender, respetar y colaborar para coexistir con la tierra, con la madre tierra”.

Regeneration International defiende que la agricultura regenerativa dará respuestas a la crisis de la tierra, a la crisis alimentaria y a la crisis de salud que implica el cambio climático y la ausencia de verdadera democracia. Considera que es necesario cambiar de modos de cultivo. Afirma que es hora de volver a las formas antiguas, a las de nuestros abuelos. Este cambio ayudaría a combatir también los sistemas económicos actuales cuya práctica es alarmantemente contraria a una práctica ética tanto en la producción como en la comercialización de los alimentos.

En suma, es una organización de organizaciones que incluye a países americanos como Brasil, Estados Unidos de América o México; africanos como, Kenya, Lesotho, Mozambique, Tanzania, Zambia y Zimbabwe; europeos como Alemania, Francia y España; asiáticos como Myanmar, Nepal, Singapur y la propia India, que ha sido la sede de la asamblea anual, y reitera su defensa de los derechos humanos. Está hecha para esos grupos que se dedican a mantener y enriquecer la biodiversidad, la fotosíntesis y la productividad de alimentos regenerativos y la diversificación en el uso agrícola del suelo.

Regeneration International es un organismo sin fines de lucro que promueve estrategias para combatir crisis ecológicas como el calentamiento global, el efecto invernadero y, puntualmente, la crisis de la tierra

Regeneration International busca generar agenda en el territorio político actual en México. Sus principios básicos los llevan a afirmar que las crisis de medio ambiente, el deterioro de salud pública, la pobreza, la guerra, la violencia o la migración obligada, tienen que ver con la falta de democracias reales y de solidaridad entre las naciones. Postula que es urgente generar comunidad a partir de la agricultura:

Producir alimento localmente es propiciar el bien común. Hacerlo de manera orgánica, sana es propiciar el bien de la madre tierra”, dice Ronnie “Es la hora de comunicarlo a todos, de adoptarlo todos. La gente debe hacerlo en comunidad. Todos debemos ser parte de esto y necesitamos estar atentos a los problemas de cada localidad. Es una cuestión biológica: necesitamos adaptarnos a las urgencias de hoy, de nuestros lugares”.

Me ha llamado la atención que se diga en esta asamblea anual que la gente en México ha respondido al mensaje, que ha entendido que la agricultura regenerativa es una manera de cuidar la tierra y de honrar la memoria de nuestros abuelos, de comer como en el rancho, en lugar de ceder a la inclemente oferta de comida chatarra. Pienso, por supuesto, que debería ser verdad. Pienso en lo urgente para revertir el aumento de problemas de obesidad y las consecuencias de esto en México. Me detengo. Hago notas al pie en mi libreta. Escribo: tenemos que entender que no somos sobrevivientes de un apocalipsis que ya pasó, sino que estamos viviéndolo. Es un futuro enfermo el que nuestro presente nos augura. Es la voz de la conciencia la que me hace escribir esto. Que me hace preguntar ¿Quién regula todo esto?

La voz de la ciencia, las acciones emprendidas desde hace cuatro años por Regeneration International, me hacen pensar que Regenerar es una palabra importante, y posible. Todo está dañado, pero es momento de iniciar las acciones que procuren nutrición y salud; precios justos y sistemas públicos congruentes, que se alejen de la rapacidad y la superproducción.

Es un reto, un verdadero reto. Pero las circunstancias apremian. Esta crisis alimentaria, ambiental, de la tierra, será poco, muy poco frente a la vecindad de una crisis mayor: la apabullante crisis del agua

Suena a la utopía en la que creyeron nuestros padres en otras décadas. Suena a una batalla que nos dijeron (que nos repiten siempre por todos lados) que se ha perdido. Suena a volver sobre un camino que parecía haberse borrado. Pero suena a volver a la semilla, a la enseñanza ancestral; encontrar el sentido para una esperanza que parecía olvidada: cambiar el mundo, mejorar el mundo, dar soluciones a las crisis.

Por nuestro bien, por el del planeta. La tierra no nos necesita tanto como nosotros, pero está en nuestras manos hacer lo que las circunstancias exijan por lograrlo.

Escucho de nuevo a Ronnie Cummins. Ya concluye la primera sesión de trabajos de la Asamblea anual de Regeneration International. Reflexiona.

La solución no es que la gente se mueva en busca de oportunidades rumbo a Canadá o Estados Unidos de Norteamérica, en el caso de México. La solución reside en cambiar la discusión. En lugar de la migración, la regeneración. La vuelta a la tierra. Tenemos entonces algo por hacer: incidir políticamente, propiciar políticas públicas, acciones comunitarias para ayudar a la gente a quedarse en sus lugares y generar arraigo, tener el hogar cerca de la tierra donde hemos nacido.

Esta unión y estas raíces nos ayudarán a resistir frente a estos problemas geopolíticos de migración, frente a la necesidad de ir a buscar. Nos ayudarán a organizarnos, a construir cadenas de trabajo fundadas en el bien común. Debemos lograr convencernos de estar cerca de los alimentos, de trabajar juntos, en coexistencia con el medio ambiente. Debemos estar listos porque producir orgánicos nos garantizará la comida. Y cuando las corporaciones busquen agenciarse esas producciones, porque lo harán (ya sucede: el 75% de la comida en mercados de Estados Unidos es ahora mismo producción orgánica), deberemos estar preparados para resistir los embates capitalistas y cambiar el camino de comercialización. No permitiremos que nos alejen otra vez de la comida. Lucharemos por el consumo y la producción local.

Estas prácticas nos darán el conocimiento para valorar todo el ecosistema. Esto que digo lo debemos aprender desde niños, en la  primaria, en la secundaria, en la preparatoria, en la casa, con los amigos, en la universidad. Este aprendizaje debe convertirse en nuestra práctica. Debemos educarnos en la conciencia ecológica, y eso significa un trabajo urgente y duro por hacer. Ayudar lo que esté a nuestro alcance a que el poder de la naturaleza para regenerarse combata   lo que hasta ahora hemos hecho mal”, expone Ronnie.

Cierro el cuaderno de notas. Camino junto a Ricardo por las parcelas. Me explica las combinaciones de cultivos para preparar suelos fértiles, me presume que esto se hace en Belice, donde él está de tiempo completo actualmente. Asegura que también en Irapuato o en San Andrés Tuxtla, en Iguala o hasta Zacatecas debería hacerse. Me dice que Ronnie es combativo, como si yo no lo hubiera notado.

Me dice que está convencido de que es una lucha que debe hacerse, que él la hace por Rafa, su hijo de cinco años -al que comparamos con una licuadora sin tapa- que corre por los jardines en San Miguel de Allende.