Jan Saudek refleja en laberintos a la mujer que hace poesía con sus gestos, con lo sagrado de su cuerpo.

Saudek (La ciudad de Kakfka. 1935) abre como una flor luminosa los misterios de la mujer. En una revuelta reverencia de tocar lo amado, ese cuerpo en llamas que desea el engarce…fugaz o infinito. La vida y la muerte estallando al unísono. El caos de amar ante el memento mori o los ritos antiguos de Eleusis.

Saudek refleja en la carne un deseo vivo de luz. Aunque la tormenta nos lleve un día a violentas agitaciones del alma y el corazón, nos queda el tocar de alguna forma lo deseado. Ese grito de hierro y seda. Ese trueno de flores que es su fotografía, el amor total al cuerpo.

Con Saudek vas al infierno o al paraíso. Juegas a la ruleta rusa…

Con ella en París

Ni la poesía satisface mis deseos, ni la canción.
En nombre de la poesía, pido perdón a tus ojos.
Intenté describirte y no pude.
Oh tú a cuyos pies se humillan las imágenes.
Divulgan noticias que no creo:
¿es verdad que entre tus pechos habita la luna?
¡Qué difícil es describirte y deletrearte!
Cuando te toco, lloran en mis manos las piedras.
¿Quién eres? ¿Quién serás?: Me fallan los nombres,
no me bastan el ingenio y la vista.
Con mi amor pintaba tus pechos
y fracasé: no soy más que un hombre.
 
Oh nube de música que me da sombra.
Así llovizna sobre el paraíso.
La letra, desde tus ojos emprende su viaje.
Sin ellos, todos los lenguajes se desmoronan.
Oh tú, por la que deseo que se me torne la sangre
vino con fuego de amor fermentado.
El amor viaja cual espada por mi cuerpo,
y yo no estaba preparado… ¡cosas del destino!
Mis derrotas en el amor parecen perfumadas:
en tu amor soy vencedor y perdedor.
Atrás dejé mis victorias… y héme
orgulloso de tu pelo hasta la cintura.
¿Qué es el amor sino aventura?
Y de ti, lo mejor del amor es el peligro.
 
Oh tú, por la que deseo hasta que se torne mi boca
en jardines con agua y fruta…
Las islas de kohol en tus ojos maravillan.
¿Qué hacer, si el viaje me reclama?
 
Morena: los campos de tabaco están iluminados
y las perlas del mar son transparentes y originales.
¿Te acordarás de nuestro vagar por París?
Caminabas perseguida por árboles.
Tus pasos por la plaza Vendôme eran una melodía
con el kohol de tus ojos extendiéndose por la Madeleine.
Amiga del restaurante chino: nuestro asiento
aún espera en nuestro rincón poético.
Todas las estatuas de París nos conocen,
y las floristas, los kioscos y la lluvia.
Hasta las fuentes de la Concorde nos recuerdan:
no sabía que el agua tuviera memoria.
 
El Burdeos que saboreo me vence
y tu cálida voz no deja piedra sobre piedra.
Mientras sigas siendo mía, son mi reino las fronteras del sol,
la tierra firme, la mar, las playas y las islas.
Si tu amor me otorga su manto,
¿cómo no voy a conquistar el mundo y triunfar?
Me echaré a la mar, loco y suicida:
el verdadero enamorado vive cuando se suicida.

 

Nizar Qabbani