Christopher McKenney nos enfrenta a un horror soterrado, a la incógnita del personaje que surge de entre las brumas como una esfinge.

McKenney (Pennsylvania, Estados Unidos) es un oscuro demiurgo que plantea imágenes inquietantes donde todo lo que se interpreta es un reflejo del espectador. Cada ángel o demonio que se vislumbra es producto de quien lo ve. Lo que hace aún más aterrador este desfile de intranquilidad.

Extraño provocador, artífice de símbolos revueltos entre el éxtasis y la caída, en la obra de este fotógrafo peculiar encontramos un asomo a la belleza del vértigo.

*Ruleta Rusa te sugiere escuchar a la legendaria Diamanda Galás y leer la poesía de Wisława Szymborska.

La cuatro de la madrugada

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.

Wisława Szymborska

Traducción de Gerardo Beltrán