Fan Ho atrapa el tiempo que se ha ido, y que vuelve, como un poema hecho de oro viejo y estrellas. Hay en su mirada el vaporoso encanto de la nada. La caída de la luz y la sombra al unísono.

Ho (Shanghai. 1931) es un demiurgo de la metacomposición de la soledad, del encuentro con la melancolía, y los misterios de preguntarse dónde ha quedado el recuerdo de lo que somos. El dolor de sabernos finitos.

Lánguidos o turbulentos los momentos nos marcan. Y Ho nos recuerda que en el transcurrir de la vida somos apenas un instante, irrepetible. Un golpe de sol o de sombras. La vida y la muerte que danzan furiosamente.

*Ruleta Rusa te sugiere escuchar la voz celeste de la soprano Sandrine Piau dando vida a una cantata de Vivaldi y leer al inmortal poeta argentino Jorge Luis Borges.

Arte poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges