Gábor Arion Kudász nos relata en su serie ‘Human’ una simbología sencilla que muestra la grandeza del hombre.

Arion Kudász (Budapest. Hungría. 1978) horada en el pasado el vislumbre del futuro, ese que contiene la fisicalidad de la arcilla de donde nace el objeto creado que nos aleja de lo animal, esa búsqueda de lo primario como espejo de la historia que nos remite a un presente límbico, literalmente, a la construcción de lo humano.

En el poder de un ladrillo estriba la creatividad y el nacimiento de la civilización, lo abstracto convertido en lo estrictamente utilitario, en la estética cinemática de Arion Kudász se manifiesta la posibilidad de reinventarnos siempre.

Comencé a comprender que el ladrillo es la metáfora que siempre he estado buscando. Es un objeto simple y humilde, pero puedo usarlo para hablar sobre algo que es simultáneamente personal, local y global. Puedo hablar de cosas que pasaron hace 10.000 años, o puedo hablar de lo que podría pasar en el próximo siglo“, ha dicho Arion Kudász sobre esta su magna obra.

*Ruleta Rusa te sugiere escuchar los ecos atemporales de Tuxedomoon y la poesía de Wisława Szymborska.

En la Torre de Babel

—¿Qué hora es? —Sí, soy feliz,
y sólo me falta una campanilla al cuello
que suene encima de ti cuando estés dormido.
—¿Entonces, no has oído la tormenta? El viento ha sacudido 
___el muro;
la torre ha bostezado, como un león, con su gran puerta
de goznes chirriantes.
 —¿Cómo? ¿Lo has olvidado?

Yo llevaba un sencillo vestido gris
abrochado en el hombro. —E inmediatamente después
el cielo se rompió en mil destellos.
 —Cómo iba a entrar

si no estabas solo. —Vi de repente
los colores anteriores a la existencia de la vista.
 —Lástima

que no me lo puedas jurar. —Tienes razón,
probablemente fue un sueño.
 —¿Por qué mientes,

por qué me llamas con su nombre,
la amas todavía? —Oh, sí, me gustaría
que te quedaras conmigo.
 —No siento rencor,

tendría que haberlo imaginado.
—¿Sigues pensando en él? —No, no estoy llorando.
—¿ Y eso es todo? —A nadie como a ti.
—Por lo menos eres sincera. —Puedes estar tranquilo,
me iré de la ciudad. —Puedes estar tranquila,
me iré de esta ciudad.
 —Tienes unas manos tan preciosas…

—Es una vieja historia, el filo pasó
sin lesionar el hueso.
 —No hay de qué,

querido, no hay de qué. —No sé,
ni quiero saber, qué hora es.

Wisława Szymborska

Traducción de Abel A. Murcia