Me quedo de ver en la oficina del Grupo EsComic!, con Francisco Javier De León Murillo alias el ‘Iguano Mayor’. Es en la calle principal de uno de los barrios más concurridos de la ciudad, a unas casas del jardín de San Juan de Dios.

Toco a la puerta y me recibe un hombre alto, de pelo largo y barba.

Aguantame unos minutos, acabo de bañar a un perro rescatado. Lo estoy secando ‒ me dice a manera de saludo ‒¿No le tienes miedo a los perros, verdad?

Me lo aguanto‒, le respondo.

Paso por el corredor, acompañado de tres perros que quieren jugar. El Iguano Mayor va todo vestido de negro. Trata de controlar a sus animales y va a paso rápido para terminar lo que estaba haciendo. Me invita a pasar a un cuarto lleno de libros sobre guión, comics y memorabilia de películas de animación y superhéroes.

Si hubiera estado allí hace veinticinco años atrás, hubiera creído que era un pedazo del paraíso. Esa ñoñez que oculté durante mi adolescencia salió y se arrellanó por el cuarto. Posters, figuras, comics dan una seguridad increíble a cualquier ñoño

Al regresar, el Iguano Mayor me platica sobre el rescate de perros por la ciudad, la oficina se ha transformado en una casa de acogida también, mientras encuentran un hogar. Algunas de las historias sobre el maltrato que le damos a los animales, me hacen comprender cómo esta ciudad se transformó en un pueblo del viejo oeste, con todos sus muertos y violencia diaria. A uno de esos pobres canes le cortaron a machetazos una pierna y le rompieron el cráneo; estuvo siete meses hospitalizado y Francisco se quedó con él. El perro quedó con secuelas del ataque y necesita de alguien que le ayude. Pasamos a su oficina para la entrevista, después de aquella charla.

 

El Origen

Todo empezó con una revista en la UBAC, hoy Universidad De La Salle. Se juntaron unos treinta muchachos, en un primer momento. En cuanto inició el reto de hacerla, sólo quedaron unos pocos. Se llamó La Iguana. Era una mezcla de sociales escolares y comics relacionados con su entorno. El tono era de comedia, casi infantil. No tenía una periodicidad fija. Sin embargo, un número les llevó a confrontarse con la dirección escolar: regalaban un condón en cada número.

La revista que dio origen a todo.

Como sucede con muchos proyectos escolares, aquello hubiera terminado allí. Este grupo, por el contrario, decidió buscar la manera de mantenerse a flote sin el apoyo de la universidad. Buscaron anunciantes y la producían. Regalando la revista, ya no en su escuela, sino que en otras escuelas y en los bares que frecuentaban los universitarios.

‒¿Cómo empezaste a consumir comics?‒, le interrumpo.

‒En las peluquerías. Un lugar a donde me llevaban seguido. Si notas que tengo mucho pelo. Pues de niño era una bola, así que me llevaban seguido y allí leía lo que había. Después, con los domingos (el dinero que daban los padres ese día a los niños), mi hermano y yo empezamos a comprar lo que había en una tienda ya desaparecida, (Nano’s). Por esa tienda llegamos a la revista MAD, al comic español y el extranjero. Yo soñaba con hacer historieta, pero en aquellos momentos no había nada, ni dónde. Así que me fui a diseño gráfico en la UBAC. Mis padres siempre me apoyaron en mis sueños, no eran ricos ni nada de eso; pero me apoyaron. Pensé que era la manera más cercana a estar con lo que me gustaba.

Regresando a la historia de EsComic!; para un encuentro de comics en Ciudad de México, los que hacían La Iguana decidieron ir. En el automóvil cargaron sus revistas para mostrarla. Mientras estaban en la fila, comenzaron a platicar con otras personas. Por primera vez la vendieron y se fue pasando de boca a boca, lo que hacían en León. Fue el primer triunfo fuera de Guanajuato.

El regreso a León trajo también nuevos proyectos. Uno ya se venía cocinando: una revista que mostrará algo más que humor: terror, ciencia ficción, temas adultos. Así nace ‘El Ático’. El segundo fue el encuentro EsComic!

Poster del Primer Congreso de Cómic Estatal organizado por EsComic!. 1995.

EsComic! Funcionaba como estos encuentros universitarios: ponentes, charlas, exposición de trabajos. Se realizó en la antesala del Teatro Doblado. El encuentro fue absorbido por la Feria del Libro en subsecuentes ocasiones, lo que hizo que fuera menos notorio.

Hasta aquí todo era aún hobbie muy profesional. Había que dar el siguiente salto, ser una empresa.

 

En la cima

La transformación sucedió más por casualidad que por decisión. El Gobierno del Estado de Guanajuato, para ser exactos, la Comisión Estatal del Agua buscaban quién hiciera un historieta para el proyecto Aqua. En ese momento se dieron cuenta que tenían tres proyectos distintos que funcionaban como despachos distintos. Allí decidieron conformar uno sólo que agrupará a los todos. Crearon lo que sería el holding EsComic!. Nunca se dieron cuenta que era tal cosa, sólo lo hicieron.

Dicho holding verá la luz cuando comienzan a trabajar para el programa ‘Descontrol’ de TV Azteca. Aunque seguían realizando los otros proyectos, la situación los llevó a crear una S.A .de C.V.

Gracias a ‘Descontrol’, trabajaron 20 minutos de la película ‘La leyenda de la Nahuala’, bajo la productora Animex

‒¿Cómo fue enfrentarse a algo así?

‒Bien difícil. Nadie nos creía cuando buscamos quien trabajara con nosotros. La reticencia estaba como primer muro. Trabajábamos de las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche. Sólo eramos diez personas. Todos estábamos apasionados con ese proyecto. Sin embargo, al tiempo, me doy cuenta que también teníamos que pensar en nuestra felicidad. Estar de lunes a sábado, trabajando trece o catorce horas diarias dejas de disfrutar las otras partes de tu vida. En los momentos de entrega, llegamos a estar hasta las 4 de la mañana y regresábamos a las 10 del día siguiente. Era emocionante, pero también eso nos llegó a costar problemas con la familia, con los amigos. Y esto empezó como un grupo de amigos.

Con La leyenda de la Nahuala, una gerente de cine se dio cuenta que EsComic! había trabajado allí. Les propuso que la película estuviera en cuatro o cinco salas, con la condición de una charla y una firma de posters. Se pusieron en una mesa larga y estuvieron firmando bastantes.

‒¿No perdieron algo de piso con cosas así?

‒Por eso decidimos estar en un barrio como este. Salir a la calle y ver gente que te saluda, que barre el frente de su casa. Muchos nos dijeron que ya podíamos irnos allá por el Moral o el Campestre; pero decidimos estar aquí, un lugar que no nos dejaba perder piso. Con las otras películas, llegamos a tener hasta cien equipos trabajando, así que tuvimos que invertir en poner un poste y transformador. Los bajones de energía eléctrica están bien cabrones por la zona. Pero con eso no sólo nos ayudamos a nosotros, la gente de la cuadra también recibió una alivianada.

Así llegaron nuevos proyectos de animación y continuaban con los proyectos de diseño. Después de ‘La leyenda de la Nahuala’, vino ‘Nikté’, ‘La Revolución de Juan Escopeta’, ‘El Santos vs. La Tetona Mendoza’

Con su participación en la película animada ‘La leyenda de la Nahuala’, el grupo EsComic! alcanzó su madurez creativa.

La charla se detiene un momento. Alguien toca a la puerta y su perro sin pierna da un ladrido extraño, los otros se asustan. Parece el inicio de una gresca entre los animales. El Iguano Mayor da muestra de quién es el jefe de la manada. Regresa a su silla.

‒¿En qué estábamos?‒, me pregunta. Me doy cuenta que llevamos más de una hora platicando; bueno, él platica y yo lo escucho. Después de la pregunta me doy cuenta que por unos segundos se asoma la nostalgia a ese hombre lleno de energía.

‒Andamos por el 2015 o 2016‒, respondo.

‒Cierto, cierto.

 

Los ñoños también nos volvemos a adultos

Los términos usados en la charla han cambiado, ya empezaron a asomar cosas como Modelo de Negocios, Inversionistas, Proyectos en Curso, Incubadoras de Negocios. Y, por supuesto el adiós a los antiguos socios con los que inició el proyecto.

‒Cada uno de los socios se fue, tenían proyectos personales. Uno quiso regresar a las artes plásticas, otro encontró trabajo en Canadá… Los últimos dos años han sido difíciles. Ahora está la decisión entre seguir con el nombre de EsComic! O armar el proyecto del Iguano Mayor. En este espacio se han formado mucha gente que hoy hace animación para proyectos en el extranjero, dibujan para Marvel o DC, otros hicieron cosas distintas a esto.

‒¿Has buscado nuevos modelos de negocios?

‒Por supuesto. Metimos un proyecto en una incubadora para rentar personajes institucionales para marcas. Pero la gente de la incubadora no entendió la idea. Así que no avanzó.

Esto podría parecer algo extraño, pero está funcionando. Muchas empresas ya no invierten en una animación propia, sino que por unos pocos dólares, bajan las maquetas de la red y las usan. Ya no hay un brief para el diseño de los personajes, con que cumplan con el cometido primario es suficiente.

En el estudio hay varios proyectos enlatados que pueden funcionar. Sólo necesitan un inversionista que se arriesgue. Desde una película que puede tener buena aceptación en Netflix, crear series animadas, proyectos para multiplataforma, etc. Lo único que se necesita es creer en el proyecto e invertir.

Me despido de Francisco Javier De León Murillo, el Iguano Mayor, lo dejó en el pedacito de paraíso para geeks. Camino hasta mi casa pensando en cómo contar su historia.

Aquí está el resultado.

  • Fotos: Especial