El próximo lunes el país tendrá por primera vez en su historia a un gobernador que años atrás fue figura del futbol mexicano.

Siguiendo la máxima del célebre cronista chileno Juan Pablo Meneses (“la anécdota como noticia”) Luis M. López relata tres momentos que ha vivido en la última década con quien será la máxima autoridad de Morelos, un estado devastado por el narcotráfico y la corrupción.

I

Pocos meses antes al mundial de fútbol en Sudáfrica 2010, en una salita de jardín en la casa de un empresario millonario de Guanajuato, vi al ídolo del futbol mexicano, Cuauhtémoc Blanco, bebiendo brandy Torres y fumando Marlboro blancos.

Me invitaron de última hora a ese encuentro: una especie de entrevista comercial que ofrecía el dueño de una marca deportiva con su compadre, esperanza de la Selección Mexicana y figura del América en ese momento. Mi función era a tomar las fotos y nada más.

Blanco hablaría del cariño que le tenía a la ciudad, León, por ser el lugar en el que debutó como profesional

El empresario le pediría en repetidas ocasiones a su compadre que se cambiara de ropa para que luciera en las fotos los nuevos modelos de pants para esa temporada. Dos reporteros de experiencia del diario en el que trabajé hicieron la entrevista. Ambos americanistas.

El ‘Cuau’ durante su estancia en León. En casa de un millonario zapatero.

Un cachorro de león, mascota del empresario, jugueteaba a nuestros pies. Nos mostraba lo fuerte que era aún siendo un bebé. Sus patas gigantes se posaban en nuestras piernas y el dueño del lugar, una enorme residencia en desniveles en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, nos contaba que esa misma tarde ofrecería una fiesta con un reconocido artista pop como variedad.

Quédense-, nos dijo el millonario amante de Rod Stewart, a quien imitaba el corte de pelo y de quien tenía una figurita a escala junto a otra de él emulándolo, frente a un micrófono.

La sala principal de la casa, con una pantera y un león disecado, saturada de ‘animal print’, era el lugar perfecto para tomar la fotografía. El mundial era en Sudáfrica y teníamos en esa casa un set ideal para poner al delantero de Tepito posando junto al rey de la selva…

Pero no lo hice. No puse al Cuau junto a los animales disecados. Le tomé una foto, plana, sentado en uno de los muebles estilo Luis XVI del lugar. Se publicó como un pase principal en portada al día siguiente. Yo me arrepentí y muchas veces solo para mí he dicho “qué wey fui”.

También he pensado que habría pasado si una foto de Cuauhtémoc Blanco fumando, poco tiempo antes del mundial, se filtrara

Unas semanas después, durante una concentración, alguien más sorprendería en Alemania al futbolista en la ventana de una hotel fumando. México sería eliminado en la fase de siempre con un Lionel Messi ya tomando forma de crack mundial y un Carlos Tévez en su modo de imparable. En ese mundial Cuau metió un gol de penal a Francia en el partido que México ganó 2 a 0.

De la enorme casa una imagen que me impactó: en la cochera, sobre una réplica de un Ferrari F40 para niños descansaba un añejo cartón de caguamas.

II

El 20 de mayo de 2011, un gran amigo y hombre sabio del periodismo guanajuatense me avisó que Cuauhtémoc Blanco llevaba horas encerrado en la casa de apuestas Caliente en Irapuato. Para entonces yo había sido nombrado editor general de la filial en aquella ciudad del diario en el que trabajé.

La información no habría tenido ningún valor si se tratara de su día de descanso, pero justo al día siguiente Irapuato jugaba la final por el ascenso a Primera División contra Xolos de Tijuana, propiedad del controversial Jorge Hank Rhon, también dueño de una infinidad de empresas entre las que se incluía a los Caliente, la cadena de casinos más grande del país.

Un año antes, en 2010, Cuauhtémoc Blanco, con 37 años entonces, comenzaba a vivir el ocaso de su carrera al ser fichado como el mediocampista estrella del Irapuato, un equipo de primera división

En su presentación oficial confundió a Irapuato con Veracruz y así comenzó su polémico paso por el equipo de la ciudad de las fresas. Pero un año después, con Irapuato disputando el ascenso, a todos se les había olvidado ese resbalón.

En el partido de ida de esa final, el Cuau se lesionó la rodilla derecha y se perdería el partido de vuelta en Tijuana. No viajó con el equipo y ese juego perdió gran parte del interés generado. Algunos sospecharon que la lesión fue inventada porque Blanco durante esa temporada alegó que el club no le había pagado lo pactado en su contrato.

Pero el rumor de que llevaba horas apostando, en el Caliente, empresa que formaba parte del emporio del equipo rival, debía confirmarse y tener alguna prueba para su publicación en la portada. Pedí a un fotógrafo, cerca del medio día, permanecer afuera de la plaza en la que se encontraba la casa de apuestas para captar al ídolo saliendo del lugar; pero pasaron las horas, muchas horas, y el jugador no salía.

Cerca del cierre de la edición, después de las 10 de la noche, hice algo de lo que tampoco me siento orgulloso: al estilo de los paparazzis entré junto con un reportero en ciernes al Caliente y, fingiendo que tomábamos una inocente foto entre nosotros, captamos al futbolista en la zona de las apuestas a los caballos.

La portada del diario al día siguiente parecía la de un TvNotas. Ante las dudas en días previos sobre sí jugaría Temo o no la final, quise poner como cabeza: “Cuau sí juega… pero en el Caliente”. La directora editorial del diario matizó (y qué bueno) lo que yo pensaba que sería chistoso.

Irapuato perdió la final con marcador global de 2-1. Cuauhtémoc Blanco dejó el equipo algunos meses después

Irapuato no ascendió y hoy juega en segunda división. Durante ese año que jugó en la ciudad en la que yo viví por dos años, Temo formó parte de una telenovela (representando a un bombero) y tuvo un programa de televisión llamado La Hora de Cuauhtémoc Blanco.

Esa edición del Cuau apostando se vendió mucho, yo era parte de la maquinaria periodística y eso me interesaba.

III

Hace un par de años, el sábado 17 de diciembre de 2016 ya como reportero independiente viajé a Cuernavaca en donde mi mejor amigo festejaba su cumpleaños. Me hospedé en un pequeño hotel del centro de la ciudad y justo a la vuelta de ese lugar, en una plaza próxima a la catedral, Blanco comenzaba una huelga de hambre.

El ‘Cuau’ ya era Presidente Municipal de la capital de Morelos y protestaba porque el Congreso del Estado aprobaba su destitución

Los diputados argumentaban una de esas cosas obvias que uno no entiende como ocurren en la política mexicana: que el futbolista político falseó documentos para acreditar su residencia en Cuernavaca y así poder presentarse a las elecciones que barrió de 2015.

El ‘Cuau’ durante la huelga en Cuernavaca, cuando intentaron destituirlo como Alcalde de la ciudad.

En la Catedral de Cuernavaca el sol de medio día caía pleno y un enjambre de personas, afuera de la Catedral, lo buscan como una atracción turística. Las señoras le dejan medallitas.  -Dios te va cuidar, Temo-, le dice una anciana y le entrega una medalla de manera discreta. Al estilo de los ‘dealers’ ”, escribí entonces para la crónica publicada en Ruleta Rusa.

Meses después, la Suprema Corte de Justicia dejaría sin efecto esa medida y Cuauhtémoc Blanco no solo permanecería en su cargo, sino tomaría mayor fuerza de cara a las elecciones a gobernador que arrasó representado a Morena, hoy el partido presidencial.

El próximo lunes tomará posesión el primer futbolista electo como gobernador en el país. Gobernar Morelos, estado apabullado por la delincuencia organizada, el narcotráfico y la corrupción será más complicado que inventar una jugada inoperante (la cautemiña) o meter un gol de tiro libre.

He escuchado que podría ser Presidente de México y si esto llega a pasar, el joven ñero de Tepito demostrará lo que dicen que dijo Salvador Dalí para no visitar nunca más el país: “De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”.