Olaf Parusel, líder del grupo alemán Stoa, es un demiurgo de la musicalidad y la poética del ‘semper dolens’ elevado a calidad de rito ditirámbico.

Su poder de arrancar, desde lo profundo, el latido del alma con acordes del wave gothic y el nuevo Bel Canto que -si me perdonan la licencia, queridos lectores, puedo decir que es un neobarroco gótico- acompañados de voces celestes, es ilimitado; además que el encantamiento trae consigo lo mismo versos de Blake, Verlaine o la poesía persa, para hacernos ya seres sin voluntad, de facto suyos abismándonos desde el pórtico abierto al convulso infinito.

¿Cómo explicar que Stoa sea reverenciado en países tan dispares como Alemania, Japón o México -donde sus discos literalmente desaparecieron a cada producción, siendo la tierra del centzontototl {pájaro de cuatrocientas voces}- el país que más ventas les ha reportado?; para sostener lo anterior existe el dato de que por ello Zal (producción mitológica de 2001) se vendió primero en nuestro país antes que en Europa.

Basado en la poesía y la filosofía, el concepto de Stoa abre portales infinitos al entendimiento del mundo, la carne, las limitaciones humanas y el dejar de ser

Olaf Parusel, genio contemporáneo que ha hecho de la poesía y la música el engarce perfecto, es un tótem vivo. Aún en el silencio.

Trabajos como Urthona, Porta VII, Zal y Silmand -la última producción con la que ¿desaparecieron o están produciendo algo aún más sofisticado y sagrado?-, testifican lo que es haber hecho ya historia en la música contemporánea.

Su música nos arranca de nosotros mismos para suspendernos en un prolongado éxtasis sonoro. Teológicamente el éxtasis es la unión mística del ser humano y la divinidad mediante la contemplación y el amor, pareciera blasfemo decir que ello ocurre con Stoa, pero es un hecho innegable. Basta escucharles para salir de dudas.

Urthona es un disco con la poesía de Kai Uwe Skerra, Alfred Tennyson, Samuel Rogers y William Blake -fuerza motora de la cosmogonía de Parusel-. Mientras que Porta VII, un bello tratado de letras en latín, abreva de la ópera Ariane et Barbe-Bleue (Ariana y Barbazul), de Paul Dukas.

En Zal (nombre de un antiquísimo y noble guerrero persa padre del también legendario Rustam -motivo de incontables miniaturas-, lo mismo que vocablo con el que los polacos describen la melancolía), sin temor a equivocarme, Stoa logró su culmen al volcarse literalmente sobre la poesía que arde. Aquí se congregan versos de Boethius, William Shakespeare ,William Blake, Keiji Sayama, Paul Verlaine, Rainer Maria Rilke, James Joyce o Sam Rosenthal.

‘Silmand’ es un guiño raro. Y se atreve por terrenos más convencionales, aunque sin perder la pureza del estilo que hizo mitológico a ‘Zal’

El canto es el principio humano de la poética vital, por ello invariablemente los rituales litúrgicos están asociados a él, pero no sólo el cántico es inherente a la religiosidad, también lo son los ritos de la fecundidad o los lamentos fúnebres, la sanación y hasta el trabajo o la guerra.

Los sistemas de ordenación sonora que dan vida a la música combinados con la voz humana resultan embriagantes cuando se engarzan a la manera en que Olaf Parusel los ha concebido. Los equipos de trabajo de este músico alemán, educado en el  Stadtsingechor zu Halle, el coro más antiguo del orbe, han logrado traducir y hacer suyas, con una fineza abrumadora, una supremacía que nos ahoga en lo infinito; las alegorías que Parusel entrega son la manifestación de la sonoridad de los astros.

Stoa no se entiende sin el elemento femenino que obligadamente nos hace emerger de los abismos rítmicos donde la vorágine del piano -matemático y preciso ensoñado por Parusel-, el violoncello (pulsado con maestría por Christiane Fischer) o los sintetizadores, nos arrojan sin más, desnuda el alma, a un paraíso perdido. A la manera de Milton.

Para conocer un poco más de cerca a este grupo de leyenda puedes dar click aquí: http://www.stoa.de/

Convocados por las voces de Conny Levrow, Antje Buchheiser -la diva más etérea de la tríada que ha acompañado a Parusel en el largo camino emprendido desde 1991- y Mandy Bernhardt , habremos de alcanzar por siempre el éxtasis. La comunión con lo etéreo.

Tantas veces como escuchemos a Stoa.

  • Fotos: Stoa