Portugal es el país invitado de la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL 2018). Y  ‘Un país levantado de alegría’ (Alfaguara), del periodista Ricardo Viel, es un libro que celebra de forma inmejorable los 20 años del Premio Nobel de Literatura 1998, concedido a José Saramago (1922-2010).

 

“Dios no necesita del hombre para nada, más que para ser dios”
José Saramago
“Saramago pertenece a un linaje
más singular de lo que se cree,
el de aquellos que escriben después de haber vivido”
Eduardo Lourenço

Le pregunto a Ricardo Viel, ¿qué fue lo más impactante de escribir este libro? Y me responde que, sin duda, lo improbable del destino de Saramago:

Un tipo sin ‘apellido’, sin padrinos, que llegó a donde llegó pese a que hasta los 19 años compró por primera vez un libro y, a los 59, se ve sin empleo y se plantea: ¿qué soy capaz de hacer? (…) lo que dice Lourenço en el prólogo: La violenta voluntad de alcanzar algo, sin prisa, pero con determinación”.

‘Un país levantado de alegría’ (Alfagurara 2018), será presentado por su autor el miércoles 28 de noviembre a las 3 de la tarde en el Pabellón Portugal de la Expo Guadalajara durante la FIL

Ricardo Viel.

 

I

En un fragmento del documental José y Pilar (2011) José Saramago expone un poderoso momento íntimo:

¿Qué quieres que haga?, le preguntó Pilar del Río obviando el doloroso “cuando mueras”. Saramago, que afirma nunca haber pensado en eso respondió con certeza: “continuarme”.

 

II

Ricardo Viel (Sao Paulo, Brasil, 1980) es un periodista y escritor que justo ahora contribuye al deseo de continuación de José Saramago.

Un país levantado de alegría, editado por Alfaguara este año, es un bello reportaje (o libro periodístico) en el que Viel entrega una reconstrucción de esos días, los días del Premio Nobel otorgado por primera vez a un escritor portugués. Ocurrieron en octubre de 1998 y a partir de entonces, aunque es algo muy dicho ya, todo cambiaría radicalmente.

Durante poco más de un año, José Saramago reinó con la invisible banda cruzándole el pecho. (…) Viajó por África (Angola, Mozambique y Sudáfrica) y América (Brasil de norte a sur, Argentina, Cuba, México y Estados Unidos) y recorrió buena parte de Europa”, recupera Ricardo Viel en el libro.

La noticia fue tomada por Saramago con una insólita calma. Durante años, su nombre se escuchaba como candidato al Nobel de Literatura, distinción que lo colocaría en el Olimpo en donde reposa Camus, Kawabata, Mann, Hemingway, Neruda, Paz. Pero José Saramago ya no quería distraerse más con esos rumores anuales.  A la hora en la que anunciarían al ganador, el portugués esperaba un vuelo de Alemania a España.

Teresa Cruz, responsable de la prensa en la Feria del Libro en Frankfurt, fue la persona que llamó al aeropuerto para avisar del premio e impedir que el escritor viajara. Ricardo Viel la entrevista para este libro-reportaje y ella recuerda que Saramago no parecía sorprendido ni eufórico al recibir la noticia.

«Lo noté hasta un poco frío», evoca Cruz dos décadas después.

Saramago destinó sólo tres líneas al respecto en su diario: “Aeropuerto de Frankfurt. Premio Nobel. La azafata. Teresa Cruz. Entrevistas”.

Los periódicos del mundo no lo tomaron tan a la ligera. En Un país levantado de alegría  son reproducidas varias portadas de importantes diarios de todo el mundo anunciando lo de José Saramago: la increíble historia del Premio Nobel de literatura concedido a un hombre abiertamente socialista que, además empezó a los 60 años a ‘escribir en serio’.

III

La historia es “contada como si se tratara de un thriller por todo el suspenso que conlleva”, describe con toda precisión en uno de los textos introductores del libro de Viel, Sergio Ramírez, escritor nicaragüense distinguido en 2017 con el Premio Cervantes.

El pasajero José Saramago no puede entrar en ese avión, le han dado el Premio Nobel y tiene que volver a la Feria del Libro”, se lee sobre aquel emblemático momento cuando Saramago recibió, de voz de una azafata de Iberia y no del secretario general de la Academia Sueca, la noticia que cambiaría su vida y que contribuiría a provocar la visibilidad del portugués, “el idioma más bonito del mundo”, decía el también Premio Camões, el más importante en lengua portuguesa. (En conmemoración a ese premio, Saramago nombró Camões a uno de sus perros).

IV

El libro de Ricardo Viel cumple además con otro deseo de José Saramago: publicar algunas de esas cartas, muchas de ellas inverosímiles, que llegaron hasta Lanzarote después de la noticia del Nobel de Literatura.

Portada del libro escrito por el periodista Ricardo Viel.

Escritas por sus lectores, gente común de todo el mundo, en varias ocasiones las cartas no tenían más datos que el apellido del autor, la isla en la que vivía y, en varias de ellas por error, Portugal como referencia a esa isla española en la que vivió hasta su muerte, haciendo a esa entrega un hecho inaudito.

Pero quizá el gran milagro fuera que llegara a manos del escritor una misiva cuyo remitente desafiaba la geopolítica mundial: «José Saramago- Lanzarote-Portugal», cuenta Viel en su libro.

“(…) su Premio Nobel, uno de los más justos”, le diría a través de un fax Gabriel García Márquez en la víspera del reconocimiento, recupera Viel en la página 135, entre las centenas de felicitaciones de personalidades provenientes de todo el mundo también compendiadas en el libro.

V

Una foto, en la que aparece Saramago hablando algo con García Márquez en Guadalajara durante la Cátedra Cortázar en 2004, cuelga en una de las paredes de mi casa. La tomó y me la regaló hace muchos años ya Rodrigo V. Hörner, amigo fundamental de la vida.

Me alegra este libro por el respeto que cultivé, sin que nadie me lo pidiera, a la obra de José Saramago. Otro de mis amigos esenciales, Ricardo N. Viel, ahora hace esta potente relatoría de redacción impecable, capturando la esencia de un hecho sin precedentes ocurrido dos décadas atrás. Una reconstrucción hecha con la delicadeza que exige un proyecto así; con el sello sofisticado pero nítido del estilo de escribir de Viel, y de ser, en la vida en general.

Desde hace casi una década, por Santiago A. Montenegro, amigo definitivo también, hacemos una broma que implica tratar de imitar a Saramago molesto

Lo hacemos porque hace muchos años Santiago trabajó editando una larga entrevista en video en la que el escritor por momentos, que se hacían cada vez más constantes, se le veía agobiado por lo básico de las preguntas formuladas. Vimos muchas veces ese video en su casa y aún perdura esa broma tonta en la que hacemos como que hablamos en portugués, como enojados.

VI

Hace poco leí La creación de una novela (1969), del menospreciado escritor gringo Irving Wallace. En ella relata cómo trabajó en uno de sus libros más polémicos: El Premio (1961), en el que analiza, en forma de novela y desde diversos ángulos, al Premio Nobel y todo lo que este reconocimiento implica.

El argumento de esa novela es excepcional. La historia empieza con la descripción exacta del lugar en el que los galardonados (personajes inspirados en ganadores reales) recibieron la noticia del Nobel: el de medicina, en la novela, estaba con su amante; el de física haciéndose un electrocardiograma, el de literatura ebrio.

Con el libro de Viel no puedo evitar pensar que la forma en que Saramago recibió la noticia entraría perfecto en la novela de Wallace: “en la sala de espera de un aeropuerto, completamente solo, una azafata le notificó: usted ganó el Premio Nobel de Literatura, no puede abordar”.

«Tuve que recorrer un pasillo inmenso, completamente desierto. Y entonces yo, el premio Nobel, el pobre señor que iba por allí completamente solo, con su maletita de mano y su gabardina colgada del brazo, me dije: pues parece que soy el premio Nobel, y qué. Ahí, en la soledad de aquel pasillo inmenso, no me sentí en el pináculo del mundo, por el contrario, me sentí solo, con mucha pena de que mi mujer no estuviera conmigo», relataría José Saramago a un diario de Lisboa, según recupera Ricardo Viel en la página 42.

VII

Me encantaría estar en México para ir a la presentación de Un País levantado de alegría”(y después charlar con Viel sobre estos últimos años, en Guadalajara, Jalisco, con todo lo que eso implica).

  •    FotosRodrigo V. Hörner/ André Dias Nobre