Hay quienes sostienen que ser instruido, culto, educado o informado inmuniza a las personas para no ser monstruos, verdugos o crueles agentes de la ruina de otros, de sus cercanos.  Algo parecido opinan quienes ven en la madre a una especie de santa o mártir.

1.

De ordinario a la madre no se le asocia con términos duros, al contrario, las referencias casi siempre apuntan a la ternura, al amor, al sacrificio. Las excepciones, cada vez más numerosas, no terminan por derruir la figura o idealización que nos hacemos de nuestras madres.

No sé desde cuándo el opinólogo y sabelotodo se dio a la tarea de demarcar qué es ser una buena madre, lo cierto es que abundan, como chinches en cama de motel barato, los libros y artículos que se empeñan en instruir a las madres

Y creo que sucede esto porque ya no hay la certeza de que la naturaleza dota de un sentido misterioso (instinto) a las madres.

Dice el sentido común, ese que es motivo de gastritis y migrañas entre los expertos en alguna fantasía elevada a ciencia, que cada quien habla según le haya ido en la feria. El que odió desde pequeño a su madre verá en ella, y en todo el fenómeno de la maternidad, un agrio suceso, una desgracia necesaria. Hay enfermos mentales que no sólo han matado a sus madres, también las han violado o torturado como quizá un agente de la Gestapo o de la policía Federal no se atreverían.

Otros, pese a saber que su propia madre encarna una especie de monstruo neurasténico, voluble y posesivo, optan por salvar los recuerdos desagradables para intentar comprehender el por qué y el cómo es que su madre actuaba de tal manera. Me viene a la memoria el caso de la hija de Anne Sexton, Linda Gray Sexton que en su libro Buscando Mercy Street, relata cómo vivió y sufrió la relación con su madre: “Me daba cuenta de que lo interrumpía de mala gana cuando yo le daba la lata pidiéndole una galleta o un cuento; de que mis preguntas y mi necesidad de estar cerca de ella le molestaban… Yo quería acurrucarme en su regazo, pero ella quería concentrarse. Desesperada, ponía un disco o me instalaba delante del televisor y volvía a su escritorio… Su suicidio me aterrorizaba y lo anhelaba a partes iguales. Deseaba librarme de la tiranía de las múltiples neurosis que ese último año parecían haber traspasado su personalidad. Aquel último verano mi madre ya no me gustaba. Anne era su enfermedad mental”.

2.

Hace años escuché, en voz de un pariente cercano, esto: “el mejor regalo que le puede dar Á, a mi mamá es no salir de la cárcel. Así está más tranquila ella, así no se pone toda chueca de nervios por andar pensando que lo van a golpear o matar cuando roba. Ojalá este hermano mío no vuelva a pisar la calle, ojalá nunca salga en libertad porque ese día mi madre se muere. Hace muchos años yo le decía a mi madre que no le solapara las tranzas a Á, pero ella se hacía de la vista gorda, y ahí está el resultado, un hijo lacra, drogo y bueno para nada. Que Dios me perdone por desearle a mi hermano esa suerte, la de estar toda su vida en el tambo, pero vale más la vida y  tranquilidad de mi madre”.

3.

Hace años, en una cantina, conocí a DN, una mujer que hacía de fichera, comparsa y prostituta. Ella me decía: “he sido puta durante treinta años, los primeros veinte los trabajé para darles estudios a mis hijos, ahora ellos son profesionistas; los otros diez años han sido por gusto, por necesidad y por pendeja. Ahora soy vieja y ya casi nadie me pela, bebo de más y rara vez me acuerdo quién me pagó por un palo, quién me pegó un puñetazo, quién me dijo ‘ya no aprietas y esas cosas’… tú sabes, los hombres son así, creen que uno siempre es la que está mal, la que ya está guanga, pero, dime ¿Cuándo aceptan que su amiguito es pequeño, flacucho y ‘duro’ como una manguera de hule bajo el sol?… a mis hijos, sobre todo a los hombres, les inculqué algo: no jodan a las mujeres, nos las golpeen, respétenlas, aunque sean putas como yo no merecen ser maltratadas… y ahí la llevan, sus familias parecen ser felices. Si quieres que tus hijos no sean machistas tienen que educarlos para que respeten a las mujeres ¿o no?…”

4.

Doña M se levanta todas las mañanas a las seis. Después de media hora ya anda en la calle, arrastrando un diablito relleno de cajas con zapato. Ella es comerciante, ofrece su producto cerca de la zona zapatera de León. Doña M va y viene a su domicilio, lo hace para resurtirse del calzado económico que vende. En cada vuelta su paso pierde fuerza, a veces veo cómo se limpia el sudor de su frente con el mandil que lleva puesto.

Ella tiene un hijo, o quizá más, pero yo sólo conozco a uno, el que de manera religiosa se sienta en un macetón del jardín de la colonia X a no sé qué

Este hombre, de unos treinta y cinco años, comienza su jornada, la de “cultivar el huevo” dicen sus vecinos, a las 10:30 de la mañana. Diré, que a diferencia de otros sujetos con el mismo oficio, éste casi siempre luce limpio. De hecho, ahora que le hinco la mirada, observo cómo asea con esmero su calzado deportivo para luego teñirlo con la esponja de un frasco de pintura blanca.

Alguien se le acerca para saludarlo, y luego le grita a quema ropa: ¿por qué chingaos no trabajas; qué no te da vergüenza que tu madre se parta el lomo para pagar todos los gastos de la casa? Hasta los tatuajes que traes ella los pagó, ya ni la jodes… Él, sin inmutarse, le pide un cigarro a su amonestador, el cual se lo da de mala gana. Mientras fuma expresa con enfado: mí mamá me mima, me quiere harto, me mantiene y no me la hace de pedo como tú, pinche huérfano gritón… qué perro, pura envidia, ya quisieras una jefa como la mía. Ella no es como mis pinches viejas que nomás se la pasan pidiéndome lana pa los chamacos ¿a poco no saben trabajar? Deberían juntarse con mi jefa, jejejeje….

5.

No sé quién comprehenda, fuera del psicoanálisis ortodoxo, el porqué es que en un país como en México, donde se festeja a la madre hasta la pena ajena, exista un marcado y vergonzoso machismo. Es probable que cada abrazo que el hijo o hija da a su progenitora sea el equivalente a las penas y maltratos de los que son víctimas las mujeres, madres o no.

6.

De los muchos poemas que se han escrito para la madre, yo me acuerdo de algunos firmados por Paul Celan que aún hoy, después de haberlos leído hace años, aún resuenan en mis oídos, los dejo aquí para cerrar estos apuntes:

 

ÁLAMO TEMBLÓN, tu follaje es blanco en lo oscuro.

El cabello de mi madre nunca llegó a ser blanco.

Diente de león, tan verde es la Ucrania.

Mi rubia madre nunca volvió a casa.

 

Nube de lluvia, ¿te demoras en los pozos?

Mi dulce madre llora por todos.

 

Estrella redonda, tú enroscas la cola dorada.

El corazón de mi madre fue herido con plomo.

 

Puerta de roble, ¿quién te sacó de los goznes?

Mi tierna madre no puede venir.

 

(De Amapola y memoria, 1952. Traducción de José Luis Reina Palazón)

 

WOLFSBOHNE

Oh, ustedes flores de Alemania 
mi corazón se convierte en cristal
que no puede mentir, donde se
prueba la luz cuando… Alemania.
HÖLDERLIN

 

 

Así como las casas de los judíos
(un recuerdo de la
devastada Jerusalén) algo debe quedar
siempre sin terminar.
JEAN PAUL

 

Pasen el cerrojo: hay

rosas en la casa.

Hay

siete rosas en la casa.

Un candelabro de siete brazos

en la casa.

 

Nuestro

hijo

lo sabe y duerme.

 

(Lejos, en Mijailovska,

en Ucrania, donde ellos

me asesinaron padre y madre: ¿qué

florecía allí, qué

flores? ¿qué

flor, madre,

te hirió

con su nombre?

Madre, tú

que decías “baya de lobo”, no:

lupino.

 

Ayer

vino uno de ellos

y te asesinó

de nuevo en mi poema.

 

Madre,

madre, ¿qué mano te apreté

cuando fui

con tus palabras

a Alemania?

 

En Aussig, siempre decías, en

Aussig, sobre el Elba

en fuga,

los asesinos, Madre

vivían allí.

 

Te escribí cartas.

Madre, no llegó respuesta.

Llegó una respuesta.

Escribí cartas.

Madre, ellos escriben poesías.

No las escriben,

si no fuese por el poema

que escribí para ti

y para tu Dios

Loado sea, dijiste,

y alabado tres veces

Amén.

 

Madre, se callan,

permiten

que la maldad

me difame.

Madre, nadie

responde a los asesinos.

 

Madre, ellos escriben poesías.

Oh, Madre

cuántos campos ajenos

llevan tu fruto!

lo llevan y nutren

a los que nos asesinan.

 

Madre, estoy

perdido.

Estamos perdidos.

Madre, mi hijo

se parece a ti.

 

Pasen el cerrojo.

Hay rosas en la casa.

Hay siete rosas

en la casa.

Un candelabro de siete brazos

en la casa.

Nuestro hijo

lo sabe y duerme.

 

Madre.

 

(Traducción de Alejandro Oliveros)

  • Ilustración: Gustav Klimt