Florencio Eguía Villaseñor (1928-2019), pionero de la inclusión financiera, uno de los fundadores del movimiento cooperativo de ahorro y préstamo en el país y el más grande cronista de las cajas populares en México ha fallecido este fin de semana a los 91 años.

México necesita un movimiento cooperativo pujante y organizado porque el pueblo
necesita ser educado social y económicamente. Sólo la educación le hará cambiar su modo de
vida de egoísta en altruista y de individual en grupal, porque el problema es global y
horizontal; justamente por estar aislados los pobres son fácilmente explotados.
Florencio Eguía Villaseñor (ABC de la cooperación)

I

La historia de las cooperativas de ahorro y préstamo o cajas populares, como se conocen a estas empresas de la economía social y solidaria en el país, no podría ser contada sin nombrar en sus capítulos más trascendentales al profesor Florencio Eguía Villaseñor, prolífico autor de investigaciones y libros relacionados con el cooperativismo mexicano y de América Latina.

Hombre de principios inquebrantables, de retórica impecable y pluma puntual, el profe Florencio, como se le conocía cariñosamente, participó de manera directa, pero siempre discreta, sin aspavientos, en la construcción de un México más justo, más solidario y, sobre todo, más cooperativo.

Aún cuando el término inclusión financiera no existían ni se colocaba, como hoy, en todas las agendas de desarrollo del mundo, Florencio Eguía Villaseñor, junto a un grupo de sacerdotes liberadores, como él los denominó, ya dedicaba su vida a lograr que más mexicanos pudieran contar con instrumentos de ahorro y préstamo justos, honestos y diseñados específicamente para las necesidades de las clases más desprotegidas: la gente del campo, los obreros, las mujeres, los indígenas.

 

II

Las cajas populares, organizaciones sin fines de lucro que buscan ofrecer instrumentos de ahorro y préstamo a los más vulnerables, a los sectores no rentables para la banca tradicional por sus condiciones económicas o su ubicación geográfica, llegaron al país en 1951 por iniciativa de sacerdotes católicos progresistas que viajaron al extremo este de Canadá para conocer sobre el modelo cooperativo que se enseñaba y difundía entre la clase trabajadora por sacerdotes académicos de la Universidad de San Francisco Xavier.

Al regresar de aquel viaje de estudio, fundan la primera caja popular del país llamada León XIII en homenaje al papa autor de la encíclica Rerum Novarum, documento considerado el origen de la doctrina social de la Iglesia Católica.

El profe Florencio, con apenas 24 años entonces, es comisionado para colaborar en la redacción de los primeros estatutos en donde los socios y los dirigentes de las cajas populares conocerían sus derechos y obligaciones

Florencio Eguía Villaseñor ya era una leyenda internacional en los años 60 gracias a su visión del cooperativismo.

Le llamaron El Folleto Amarillo y en las primeras líneas precisa la razón de ser de esas organizaciones: “La Caja Popular es una sociedad civil, local o profesional, cuyos miembros se agrupan para facilitarse préstamos a un interés razonable”.

Desde entonces y hasta su muerte, el sábado 9 de marzo de 2019, nunca dejó de acompañar al movimiento cooperativo aportando sus valiosas ideas y, primordialmente, su gran capacidad para poner por escrito conceptos complejos y hacerlos accesibles para las mayorías.

 

III

Conocí al profesor Florencio Eguía Villaseñor en 2012, durante una Asamblea General de Caja Popular Mexicana, la cooperativa de ahorro y préstamo de la que fue asesor moral vitalicio y en la que yo colaboré durante seis años.

Me sorprendió su enorme capacidad para hacer bromas al vuelo y también, más adelante, cuando trabajé con él directamente en la cuarta edición de su extraordinario libro ABC de la cooperación, me impactó su enorme capacidad para detectar errores de sintaxis, ortográficos o ‘de dedo’ a pesar de su vista cansada.

Estuve algunas veces en su casa, en San Luis Potosí, y quedé atónito con la cantidad de reconocimientos y distinciones que atesoraba en sus paredes así como con la enorme biblioteca de libros de cooperativismo que coleccionó a lo largo de su vida. Tenía enormes contenedores con fotos históricas del devenir de las cajas populares en el país y de otros países de América Latina en donde siempre fue invitado en calidad de eminencia.

La última vez que lo visité, al terminar una jornada de por lo menos seis horas consecutivas de trabajo, el profe Florencio me invitó a comer a una pequeña fonda a la vuelta de su domicilio. Mientras caminábamos me contó de sus viajes por el mundo y de la paciencia durante esas ausencias en pos del cooperativismo nacional que tuvo su esposa, doña Teresa Arnaud Solórzano, recientemente fallecida también.

Casi al final de esa comida el profe Florencio me dijo algo que nunca olvidaré: “Yo ya escribí mucho sobre estas cosas, ahora sigues tú”.  Y yo le hice caso; y empecé a escribir sobre esas cosas, como él.

Buen viaje, profe. Y gracias por todo.

 

  • Fotos: Carlos de las Piedras/Especial