El Festival y Premio Gabo 2018, celebrado del 3 al 5 de octubre, es un idílico lugar al que deben asistir al menos una vez todos los dedicados al ‘oficio más hermoso del mundo’.

 

I

Medellín, “mi amor”

3 de octubre. Nunca había estado en esta alucinante ciudad. Futurista y tropical. La más innovadora del mundo en 2013 según el Wall Street Journal y Citigroup, por encima de Tel Aviv y a Nueva York. El metro más bello que he usado, superando incluso a los que he conocido en el ‘primer mundo’.

La gente formada espera para abordarlo, muy superior y con mayor categoría que las personas del ‘primer mundo’ luchando como jauría por entrar a los vagones

Hoy la ciudad de Medellín es una de las modernas y civilizadas, después de vivir bajo la violencia del narco.

Su clima es perfecto, templado, incluso con esa hermosa lluvia torrencial a media tarde el día que llegamos, procedentes de Bogotá. Toda la gente me dice mi amor y yo, poco a poco, me enamoro de todas sus plantas.

 

II

Aprender como en el Renacimiento

Viajamos a Medellín porque fui aceptado en un taller sobre periodismo económico, una de las 75 actividades de las sexta emisión del Festival y Premio Gabo.  Alberto Bello, director editorial de noticias y negocios de Expansión, lo impartirá en las instalaciones de un museo interactivo dedicado a la divulgación de las ciencias y la tecnología que se llama como el de León: Parque Explora.

Gabriel García Márquez tuvo el sueño de inventarse un lugar en el que periodistas de trayectoria enseñaran los secretos del oficio los periodistas en ciernes, “al estilo de los viejos maestros del Renacimiento, cara a cara”, precisaba el maestro. Y entonces, al ver de primera mano a los mejores en acción, los jóvenes aprenderían el periodismo y no les sería enseñado, como ocurre con el método tradicional.

Ese hermoso sueño del Nobel de Literatura que jamás dejó de ser reportero se cumplió y, se convirtió en oro, como todas las cosas que Gabo tocó

Aspecto general del teleférico la ciudad de Medellín.

La Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) ha puesto a los mejores periodistas del mundo ha enseñar a los que comienzan. Eso ha provocado que muchos reporteros se aproximen a lo que García Márquez deseaba: “mejorar la carpintería del oficio en Latinoamérica”.

El Festival y Premio Gabriel García Márquez nace de su fundación, con la muerte de Gabo, para reconocer y celebrar los mejores trabajos periodísticos de Iberoamérica y durante tres días, aprender de los mejores.

 

III

“Algo muy cercano al paraíso”

4 de octubre. Llegamos al Jardín Botánico, una de las sedes del evento, y de frente me encuentro al maestro Javier Darío Restrepo, un referente colombiano del periodismo del continente y también, una especie de ‘voz de la conciencia’ para los dilemas éticos a los que se enfrenta la profesión. (Si alguna vez te topas con alguno, Darío Restrepo lo responderá con todos los fundamentos académicos y de experiencia propia desde lo que fue llamado El
Consultorio Ético de la FNPI ( http://fnpi.org/consultorio-etico/inicio/)

Camina con una chica joven que lo ha asistido durante los tres días del evento. Le pregunto si lo puedo entrevistar de manera breve. Acepta y me entrega un “doblón de oro” en forma de declaración para hacer un video

El Festival Gabo es un encuentro que tiene una doble finalidad (…) encontrarse y hacer mayor comunidad con los colegas y, aprender más de una profesión en la que nunca terminas de aprender, lo que ya es suficiente encanto; pero si agregas un escenario formidable como el Jardín Botánico, tienes algo muy cercano al paraíso de los periodistas”, me comparte Restrepo.

 

IV

Aprender en directo

Lo de “doblón de oro” se lo leí hace unos años a Alex Grijelmo, un periodista y escritor especialista del español, hoy director de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. Otra parte emocionante fue conocerlo.

Como no podía ser de otra forma, lo conocí hablando sobre la lengua más viva del mundo: el español. Grijelmo me dice al finalizar la charla “Español: ¿la lengua que nos divide?” que no tienen ningún inconveniente con el spanglish, como muchos otros férreos defensores de la castidad de nuestro idioma.

Toda lengua que sirve para comunicarse tiene esa virtud, si a algunas personas les sirve para comunicarse, pues muy bien, no hay nada que oponer”.

Luego veo que Leila Guerriero ha dejado de firmar autógrafos y de tomarse fotos con sus fans

En la ciudad se respira un aire de arte y vanguardia.

Ella es una gran reportera-cronista argentina convertida ahora, con justicia, en la rockstar del continente. La he leído desde hace mucho y la he recomendado a todos.

Ahora la tengo de frente y le pido que me diga si cree que el periodismo puede ser un factor para modificar lo que lastima a las sociedades: la miseria, la desigualdad, las injusticias, como plantea el periodismo de paz. Sonriendo, mejor dicho en forma de carcajada contenida, me dice al final: “no debe estar en el impulso del periodista decir: voy a cambiar esto para cambiar el mundo, porque no cambia el mundo por una nota”, y con esa sucinta frase me ha
enseñado algo.

Renato Cisneros, un destacado periodista, poeta y escritor peruano que se hizo famoso en el continente por su divertido blog Busco Novia, me dice que el periodismo de Latinoamérica tiende a lo fatalista, a la tragedia, apelando a que eso es más atractivo y anima a “erradicar el miedo a contar cosas positivas (…) más allá del concepto- periodismo de paz o de soluciones- me gusta la actitud de este periodismo más allá de cómo se le llame”.

V

Fin

Salgo del auditorio 2 del parque Explora emocionado y preguntándome porqué me interesa tanto estar hablando y escuchando el mismo tema todos los días, a toda hora… si afuera está Medellín y su deliciosa comida callejera, con toda su gente llamándote mi amor, con su internet gratis casi en cualquier lugar, con lo verde de todos los rincones, con un teleférico que sobrevuela una dura historia y un museo atestado de la obra de Botero.

Luego, en otro momento de los escasos dos días que estuve en esa hermosa ciudad, digo en voz alta: “debo regresar con muchos días libres más ¡Qué alucinante ciudad!”.