Esta es la increíble historia del músico mexicano sinestésico, creador de la música ‘lounge’, que se fue de México en la gloria de su carrera; comenzó de nuevo en Estados Unidos convirtiéndose en leyenda; para regresar a triunfar a su país con la música de un programa para niños de Televisa.

I

Es 1964.

Esquivel, un extraño ex alumno de ingeniería electrónica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en el esplendor del Stardust Hotel & Casino, dirige una orquesta con los mejores músicos de Las Vegas. Cuatro mujeres conforman un coro de perfectos registros. Ellas tienen prohibido ver al público y los músicos también. El que lo hacía, recibía una nota de Esquivel, severa pero respetuosa (-“No me mirabas”-) que depositaba en sus panderos al final del show.

Esquivel sufrió trastorno obsesivo-compulsivo. Nada de su instrumentación mental sonaría diferente a la música que veía. Su orquestación, por repetitivo que suene, venía del futuro: Porque a Esquivel, pensando que lo honraban, le llamaron ‘el Frank Zappa, el Duke Ellington mexicano’.

Porque su música futurista estuvo tres veces nominada al Grammy. Porque Walt Disney (el dueño de Disney) y Universal Studios, lo invitaron a trabajar

El genio musical Juan García Esquivel, un mexicano que vivía en el futuro.

Porque años más tarde tatuaría entre los nacidos en México, a mediados de los 70 y principios de los 80, la canción del exitoso programa para niños Odisea burbujas que trasmitía Televisa.

Esquivel gozó de la sinestesia, ese maravilloso súper poder de poquísimos humanos (uno por ciento de la población mundial) que pueden ver los sonidos.

II

A los 17, Juan García Esquivel (1918-2002) tocaba el piano en horario estelar en la XEW; a los 20 dirigía una orquesta hasta ese momento sin educación musical formal. Fue un niño músico prodigio y un adulto con ataques de ira o euforia.

Obsesionado con la sonoridad, justo en el surgimiento del sonido estereofónico -en 1960- experimentó con la plasticidad de la música. Sus mágicos arreglos fueron pioneros en las grabaciones con sonido estéreo; la RCA regalaba un disco suyo en la compra de un equipo estereofónico para que entendieran que esta tecnología consistía en que los sonidos ahora viajarían por separado en cada bocina. El slogan de esa campaña fue “El sonido que sus ojos pueden ver”. Nada más ad hoc para Esquivel.

Alguna vez mandé tirar una pared, para aprovechar el clima exterior. Yo era mi propio ingeniero de sonido, pues estudié ingeniería electrónica en el Politécnico”, dijo en alguna ocasión.

En la mejor de las pocas entrevistas en México que existen con Esquivel, el periodista Fernando Rivera Calderón recupera un texto escrito por el músico politécnico:

Yo escribo todos los arreglos para mis grabaciones; pero mi manera de acercarme a las canciones es como si fuera un pintor. Yo puedo ver el lienzo… y la música es color. Por ejemplo, un Fa agudo es como un rojo brillante; un Si desafinado podría ser un púrpura profundo, o amarillo. Van Gogh ha tenido mucha influencia en mí, porque para su tiempo, y aún ahora, sus pinturas tienen una extraordinaria mezcla de colores”.

III

Entre el público del Stardust Hotel & Casino, un cantante-leyenda mundial de la música popular escucha atento a Esquivel, director, pianista, arreglista e ingeniero mexicano en la cúspide de su carrera.

Esquivel, de hecho, está ahí por esa legendaria voz.

-“Juan, toca Bye, Bye Blues, por favor” – lee Esquivel, en inglés, en una servilleta de papel sin firma.

Aún sin remitente, Juan García Esquivel (o solo Esquivel!, como lo re bautizaron los gringos, así, con signo de admiración al final) sabía con exactitud que el mensaje era de su amigo y fan declarado Frank Sinatra, The Voice, desde un rincón del lugar en donde también estaba Barbara Streisand, y mucho whiskey y muchas chicas guapas más.

Frank Sinatra era un fan declarado de Esquivel!, como lo llamaron los gringos. En el Stardust las fiestas eran de ensueño.

Cuando esas fiestas con Sinatra se alargaban, cuando las mujeres y el whiskey iban siempre como vías de tren, Esquivel ya conducía un Cadillac, vivía en una mansión con piscina, estrenaba habitaciones de hoteles lujosos por invitación de los dueños…Y había alcanzado el éxito por segunda ocasión, ahora en Estados Unidos.

Porque Esquivel dejó México -en 1958- cuando tenía acceso a casi todo; hasta coquetearle a la diva de Buñuel,  Silvia Pinal, por ejemplo.

IV

Pese a toda la vanguardia musical que encabezó Esquivel en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, en México no fue reconocido. Fue visto con un artista pop, comercial, “aunque lo comercial no necesariamente es malo”; exasperado explicaba Esquivel: “mi amigo Henry Mancini -creador del tema de La Pantera Rosaentre muchos otros, es un ejemplo muy claro de eso”.

Nadie entendía a Esquivel en México, pero los gringos sí lo harían y por eso su mágica música forma parte de la memoria colectiva estadounidense. Musicalizó series de televisión como Los Picapiedra, Alfred Hitchcock presenta, Los Ángeles de Charlie, Miami Vice, entre otras

Los esbeltos y blanquísimos dedos del genio en su última foto.

Sus alargados dedos blanquísimos en las últimas fotos que le tomaron para La Jornada, dos años antes de su muerte, ocurrida en 2002, – arquetipo de los dedos de los pianistas virtuosos-, lucían el severo recorrido de su vida frente a un piano: los dedos retorcidos de un genio que parecían sostener hasta el final un acorde difícil, una especie de Mi séptimo dominante.

Hasta el final, aunque las manos ya no le respondían, soñó con ir a grabar a Londres su versión de la Marcha nupcial de Mendelssohn.

A ver si no se molestan con mi arreglo“, retaba Esquivel, “siempre tocan eso muy solemne“.

V

Esquivel en México trabajó mucho y consiguió dinero y fama. Hacia 1938 su programa en el Estudio Azul de la XEW era el más escuchado. Durante toda la década de los 40 y parte de los 50 fue un músico reconocido y admirado por otros músicos en la RCA Víctor, monopolio de la música en México en la mitad del siglo pasado. Ganó también el Ariel por la música que compuso para la película Locura pasional (1955).

Nadie a su alrededor leía partituras, nadie sabía de música y Esquivel se desesperaba; Armando Manzanero lo diría inmejorable en una entrevista para Canal 11: “Tenía que irse a Estados Unidos porque estaba muy avanzado para vivir entre nosotros, fíjese qué cosa tan dura le estoy diciendo”.

En una entrevista disponible en los archivos en línea de la Fonoteca Nacional, Esquivel le explica al célebre locutor, crítico y difusor de música clásica Claudio Lenk, sus razones para dejar la gloria en México y empezar de nuevo en 1958, a los cuarenta años, en Estados Unidos, sin aparente necesidad.

Estaba frente a una pared. Ya tenía varios trofeos en diferentes capacidades: como pianista, como arreglista, etcétera, y un día dije ‘ya no hay nada que hacer aquí’, aunque ganara el doble de dinero que estaba ganando, o más dinero, me pregunté ¿qué más puedo hacer musicalmente en México?… y ya no había campo para mí”.

En México Esquivel tocaba para María Victoria, para Pedro Vargas, boleros con arreglos a su estilo, pero aún encapsulado, como contenido. Hacía música para publicidad; lo llevaban a bailes pero en sus tandas nadie bailaba

Una vez acompañé a María Victoria en la canción ‘Mil veces’ y me criticaron; decían que quería robar cámara, pues destacaba más el piano que su voz, pero yo sólo estaba haciendo lo mío. María me decía enojada: ‘Juan, te estás metiendo en mi terreno’… Finalmente, ese disco gustó mucho”.

Y así explotó la polifonía que lo haría el más futurista de los músicos mexicanos.

Muchas de las cosas que hacía no las entendía la gente. Era curioso que en México me llevaran a bailes y las personas no bailaran. Se paraban a escuchar. No eran arreglos para bailar y yo decía, bueno, entonces para qué me llevan a un baile si no bailan y eso me motivó a hacer una música diferente”.

Nace de esta manera el disco que lo llevó a Estados Unidos y que lo colgó en el firmamento de los indispensables: Sonorama (1956)

‘Sonorama’, el disco que lo catapultó como una estrella de la música mundial.

Hice una simple inversión de instrumentos: en lugar de que la sección de trombones se dedicara exclusivamente al papel que le ha sido asignado que es el de armonizar, yo los puse arriba de las trompetas. Y los saxofones en lugar de usarlos en cierta clase de acordes, como es la norma, los usé de manera diferente, y eso creó un sonido nuevo; y agregué por primera vez, antes que Ray Conniff, voces como parte de la orquesta”.

V

El Sonorama llegó a oídos de la RCA Víctor en Nueva York, matriz de la casa disquera más importante en ese momento. ¿Quién es este Esquivel? preguntaron y le pidieron otro disco como ese pero les respondió: -“Me tardaré un año, aquí nadie lee música”-.

Para los expertos ejecutivos detectores de hits de ventas ese no fue problema: -“Vente a grabar a Hollywood, acá te ponemos a los músicos y a las voces que quieras”- le respondieron.

Grabó el histórico disco Other worlds, other sounds (1958) que en dos semanas vendió 22 mil ejemplares. Ya nadie lo podría detener

Lo nombraron director musical de RCA Víctor en su sede central con un contrato por tres años.

Entraría por fin a tomar clases de música y lo haría tras ser aceptado en la más prestigiosa escuela del mundo para hacerlo: The Juilliard School en Nueva York. Llegaron los discos Strings Aflame e Infinity in Sound y las nominaciones consecutivas al Grammy 1958 y 1959. Llegaron también los contratos millonarios. La vida de noche siempre. La gloria de ser admirado. Ahora las marquesinas de Las Vegas anunciaban al genio Esquivel!

Pero todo acabaría a principios de los 70, luego de poco más de 20 años, y la tristeza de Esquivel fue imbatible, y llegaron las drogas y la depresión y las pastillas para dormir.

Regresó a México en 1978.

VI

Mi idea no era hacer música exótica. Sólo quería hacer algo que nadie más hubiera hecho, experimentar con los sonidos. La música debe ser como un buen comediante: cuando dice cosas inesperadas y la gente le presta atención”, afirmaba Esquivel a un reportero de la notable revista de rock alternativo Ray Gun en 1997.

Pero era realmente raro que un músico de los 50 incluyera como parte de la orquestación voces con sonidos como “Zu zu zu, Wa, wa, wa, Pareea, pareea, Toing, toing, Tui-turu-tu“, etcétera o que usara ukeleles en medio de las trompetas.

Esquivel fue uno de los privilegiados para ‘ver’ los colores de la música.

 

Entre 1979 y hasta 1984, Esquivel realizó la música del programa infantil Odisea Burbujas, transmitido por Televisa en horario estelar. Después de eso hay una especie de limbo en la carrera de Esquivel hasta su muerte. Se sabe que hizo dos canciones más: Guacamole y La Cama, lugar al que quedó confinado tras una caída en  1993 y hasta su muerte en 2002, a los 84 años.

VII

Juan García Esquivel habría cumplido 100 años en enero 2018 y su música aún no se ha descubierto por completo.

Así como su disco See it in sound (1955) fue enlatado hasta 1994, cuando la música de Esquivel tuvo otra vez una esporádica exposición; de la misma forma podrían surgir más arreglos del más vanguardista (y desconocido para los mexicanos) músico nacional.

Cuando empecé a grabar discos, los críticos me decían: ‘Juan, la música que haces no es para estos tiempos, sino para el futuro’. Entonces les contestaba: ‘Bueno, pues si es así, esperaré a que el futuro llegue’ ”.

El tiempo de Esquivel ha llegado.

 

  • Fotos: Especial/www.oldsads.org/La Jornada/Track Record Mx