1. Cuando José García Garfias viajaba en una camioneta traqueteante por pueblos polvorientos y perdidos ya estaba haciendo un poco lo que los hermanos Lumiere, en París, Francia, en diciembre de 1895: sorprender con la belleza del cine a la gente.

El largo peregrinar de José, quien de los pueblos polvorientos llego a los Estudios Churubusco para hacer amistad y trabajar con Roberto Cañedo y hablar de cine con Emilio El Indio Fernández o el maestro de la fotografía Gabriel Figueroa, terminó en los años 50 en Guanajuato capital. En 1958, como alumno de ingeniería civil, crearía el Cine Club de la Universidad de Guanajuato (UG).

A sus 83 años don José, pelo cano, bigote estilo años 50, rostro curtido por el tiempo y la experiencia, aún mantiene vivo en la memoria el instante en que el proyector iluminó, por primera vez, en el Auditorio General. Estaba naciendo el primer Cine Club universitario en México.

El gran vals, de Julien Duvivier, fue la primera película que hizo vibrar a decenas de asombrados alumnos de la UG un sábado 4 de octubre de 1959; previa confusión, pues la película se proyectó ‘de cabeza’ ante la inexperiencia de los técnicos.

El cine mexicano de la Época de Oro fue la primera ‘muestra’ que diseñó el Cine Club en su apertura, aunque también sumaría gradualmente cine oriental y europeo

El Cine Club de la UG, un espacio único de larga data en Guanajuato capital.

Dolores del Río, Pedro Infante, María Félix, Jorge Negrete y otros ídolos se robaron el corazón de muchos con su actuación. Dos años luego, don José García dejaría las bases para edificar un Cine Club con miras mundiales.

El cine es una  expresión cultural que ha coadyuvado al desarrollo intelectual del género humano”, resume don José García sobre la importancia del llamado séptimo arte.

El proceso de evolución lo continuarían diversos personajes, como Juan Roberto Guerrero Álvarez quien logró, como coordinador del Cine Club, integrar nuevas fórmulas para atraer la atención de más público, para lograr nuevas vías de comunicación y entendimiento.

Con su gestión Roberto Guerrero logró traer todas las películas que se exhibían en la UNAM o las que se podían conseguir a través de las embajadas de diversos países en México.

Teníamos cine universitario y el Cine Club los fines de semana. Y un Cine Club Popular los miércoles. Con la ayuda del maestro (Enrique) Ruelas logramos que se hicieran debates sobre las películas donde los moderadores eran el maestro Isauro Rionda y Virgilio Fernández”, recuerda don Juan Roberto, quien a sus 80 años de vida celebra que el Cine Club tenga actualmente un prestigio nacional ganado a pulso.

La figura de Jorge Pantoja Merino es como una órbita en la memoria de todos por haber dado alas al Cine Club para nuevos ensueños a partir de Pasolini, Tarkovski, de cine transgresor que abriría nuevas vías de comunicación en una época complicada

Aspecto del homenaje a Jorge Pantoja, gran artífice de la época moderna del Cine Club.

Jorge Pantoja –coordinador del Cine Club de 1979 a 1988- tenía una frase que se convirtió en máxima para su legión de admiradores: “después de todo, no se ama lo que no se ve, sino que se ve aquello que se ama”. De esta forma definía su relación, su pasión por el cine.

José Luis Jiménez González asistió durante 10 años a Pantoja antes de convertirse en el nuevo coordinador. Venía huyendo del terremoto de 1985 y terminó enraizándose en Guanajuato. Aquí se casó y nacieron sus hijos, aquí hizo su vida.

Jorge conocía a mi familia en la Ciudad de México, me invitó a colaborar. Yo venía de una experiencia terrible con el sismo, lo pensé un poco, pensé que sería algo de paso, en plan de trabajo eventual. Aquí me casé con mi mujer, y con el Cine Club”, recuerda José Luis, un hombre de estatura mediana, cabello rizado y mirada profunda castaño oscuro.

Jiménez recuerda con gozo el día que organizó junto con Jorge Pantoja una función clandestina en el bar La Diáspora. Lograron reunir a 50 personas para ver la proyección de La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese. Parece algo ridículo hoy, pero la película estaba prohibida en casi todo el mundo. De alguna forma, a través del Cine Club, Guanajuato le plantó cara a la prohibición.

Con José Luis llegó una época donde se invitaba a directores de cine, actores, sobretodo mexicanos, para hablar de su obra. Se robustecieron los ciclos de cine francés, nórdico o asiático, el Foro de la Cineteca

José Luis Jiménez -de chamarra negra al frente y a la derecha- , Miguel Morán, Busi Cortes, Amat Escalante, Montserrat Alejandri Oyanguren, Mauricio Maillé, Jose Miguel Albino García, Moisés Jiménez García y Sergio Raúl López, durante el homenaje a Jorge Pantoja.

Quizá por ello se identifica con Jordan el protagonista de Splendor, de Ettore Scola, un programador que narra con nostalgia la época de la proyección de películas en los pueblos, y luego en los grandes cinemas. Una evocación poderosa de épocas donde se mezcla en la narrativa visual el blanco y negro con el color.

La nueva bocanada de aires contemporáneos, sin dejar de lado los clásicos y su importancia, llegó al Cine Club de la mano de una jovencísima mujer, quien tenía poblada su cabeza con las poderosas y revolucionarias imágenes de Win Wenders y el cine alemán.

María Montserrat Alejandri Oyanguren es vivaz, esbelta y alargada, con una sonrisa casi siempre permanente, una mujer madura, inteligente, con visión. Y desde hace 10 años en que asumió la coordinación del Cine Club ha hecho literalmente una pequeña revolución.

Cuando era estudiante de Comunicación en La Salle, Montse –como todos los cercanos la nombran con cariño- quedó asombrada con la película París, Texas, de Win Wenders. Esa mezcla de literatura (gracias a la narrativa de Sam Shepard) e imágenes vivas ya nunca le abandonaría. Algo despertó en su interior y desde entonces su vida se ligó invariablemente al cine.

Montse fue coordinadora del Cine Club de La Salle, luego se integraría al entonces llamado Festival de Expresión en Corto –hoy llamado GIFF-, llamando la atención de Jorge Pantoja y de José Luis Jiménez, con quienes logró hacer una fuerte amistad. Posteriormente tuvo la oportunidad de encabezar el Cine Club de la UG. Algo que ha hecho hasta hoy con éxito.

La nueva etapa que ha consolidado Montse abarca una mejor gestión cinematográfica con los circuitos nacionales, con distribuidoras comerciales, nuevos ciclos –como el cine de horror con el Festival Aurora, el cine chino o afroamericano, programaciones de cine alternativo mexicano e internacional, cine sobre diversidad sexual.

Bajo la tutela de Montserrat Alejandri Oyanguren, los realizadores guanajuatenses han tenido un lugar especial en cuanto a homenajes y proyección de su obra, además de crearse un festival el Ay Guana Shorts! que impulsa a los nuevos talentos

Montserrat Alejandri, coordinadora del Cine Club, durante una conferencia con Peter Greenaway.

Jorge Pantoja consideraba que el cine debería ser contestatario, revolucionario, y en ese sentido eso es el cine para mí. He dejado de ver etiquetas en las películas –que si es cine de autor, comercial, independiente, etc.-, creo que toda buena película causa un movimiento del espíritu.

Me he propuesto hacer siempre una gran programación, hacer un fuerte compromiso, decir con voz fuerte que somos una universidad abierta a todas la expresiones (…) es una maravillosa oportunidad el poder llegar y tocar la vida de la gente a través de una película, a través de una experiencia emocionante como lo es el cine”, confía Montse, quien hoy tiene 40 años, es la primera mujer en la historia que coordina el Cine Club de la UG, y ya alista la salida del primer documental sobre la historia de este espacio, que pronto verá la luz en salas de todo el país.

La actual coordinadora del Cine Club reconoce en todo el equipo de trabajo la fortaleza que tiene hoy este espacio donde ahora los estudiantes se interesan no sólo por directores, sino por la edición, el sonido, guión, muchos de los entresijos de la gran fábrica de sueños.

El acceso al Auditorio Guerrero -donde ocurre siempre la develación de un misterio al proyectarse sobre la pantalla una nueva historia, que 74 afortunados ocupando una butaca observan con fruición-, es ya de por sí un gozo: sobre un gran muro amarillo sol de Arlés, se encuentra empotrada una pequeña escalera de metal que da acceso a una pequeña puerta, a un paraíso oculto.

Un jueves 28 de junio de 2015,  a las nueve de la noche arrellanado en una de esas 74 butacas me perdí nuevamente durante casi tres horas –ya no sé cuántas veces la he visto- en La Dolce Vita, de Fellini, antes de salir al aire puro y  las calles de Guanajuato; añorando gracias al cine los pasados años, una década atrás, donde dirigía un diario y vivía intensamente las noches como Rubini.

Y en las plazas, los bares, los callejones de la ciudad-laberinto –que no le piden nada a las de Roma-, la vida nocturna de Guanajuato ardía, como un sueño, como el dorado sueño que el Cine Club de la UG ha dado a la ciudad durante 60 años.

  • Fotos: Cine Club UG/Facebook