Beatriz Manrique Guevara ha tenido siempre un papel fundamental en la defensa de las mujeres. Quizá por ser hija única e hija de madre soltera entendió pronto que a la vida hay que enfrentarla. Y remontar cualquier adversidad. No siempre hay una segunda oportunidad.

Tiene modales delicados, es inteligente, habla con suficiencia y claridad, aunque sus adversarios acusan que es caprichosa y algo soberbia. Peccata minuta si se atiende a que comenzó hace casi 20 años su lucha política con una nada caprichosa y soberbia denuncia sobre la operación impune de los cebaderos en León.

Es la ‘horma del zapato‘ del médico Éctor Jaime Ramírez Barba, férreo líder de los diputados panistas en el Congreso del Estado, y ha encontrado en la joven y brillante abogada panista Libia Dennise García Muñoz Ledo a un par, con lo cual Guanajuato tiene hoy avances sustantivos en favor de las mujeres y en otros apartados.

Nació el  20 de mayo de 1967, en León, Guanajuato, es licenciada en Derecho por la Ibero, con posgrado en Derecho en Medio Ambiente y cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública.

Hablar del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), en Guanajuato, inmediatamente se asocia a su nombre. Aunque sólo ha sido dirigente estatal en un período, de 2005 a 2008, su paso marcó la forma en que una mujer decidida hace política en un ‘estanque lleno de tiburones’

En entrevista con Ruleta Rusa mx Beatriz Manrique Guevara habla sobre la necesidad de que la mujer sea empoderada para lograr una sociedad más justa y equilibrada, algo por lo que ha luchado siempre. Algo en lo que ha contribuido también sustantivamente, con realidades.

La lucha histórica por el empoderamiento de la mujer en Guanajuato, al menos en su etapa contemporánea, tiene relación con esta mujer que logró -con el apoyo de otras mujeres en el camino- lo que parecía imposible: la paridad de género en Guanajuato.

Algo en lo que ha trabajado permanentemente como diputada local por la LVIII Legislatura, presidenta del Comité Ejecutivo Estatal del PVEM, diputada federal en la LX Legislatura, regidora en el Municipio de León, y hoy nuevamente como diputada local en la LXIII Legislatura.

Todas las personas tenemos alguna marca por las circunstancias en que fuimos educados, por las experiencias de vida. Y el hecho de ser hija de madre soltera, de conocer lo que implica para una mujer sola sacar adelante a su familia, me hizo ver, con toda naturalidad, desde niña, a la mujer trabajando, a la mujer haciéndose responsable de roles que en otras familias le correspondía exclusivamente al papá. De ahí que nunca vi extraño las aspiraciones de cualquier mujer a no conformarse con los roles tradicionales”, expresa con naturalidad. Sin aspavientos.

Aunque esa circunstancia se le trastoca de forma brutal al enfrentar la realidad, también brutal, ya como mujer y profesionista. Ver que en un despacho de abogados le ofrecían ser la recepcionista y a otro compañero la oportunidad de litigar, sólo por ser hombre. Luego el acoso laboral y sexual.

“En ese momento me convertí en una feminista”, confía sin perder el sonido cantarín de una voz que hoy se hace escuchar con fuerza. Aunque más que una feminista clásica, se asemeja a la Tercera Mujer, de la que habla Lipovetsky

Beatriz Manrique Guevara. Una política con valor.

Observar lo ‘natural’ de la misoginia, la resistencia a que las mujeres asumieran roles públicos, la injusticia de que por un mismo trabajo la mujer recibiese menos remuneración económica, la violencia doméstica, la violencia psicológica, la hacen estallar. Y la llevan a encabezar una lucha, desde lo político que, 15 años luego, rinde frutos.

En 2003, como diputada local por primera vez, forma parte de un núcleo femenino que hizo una revolución social en Guanajuato. Junto a la perredista Martha Lucía Malú Mícher Camarena, la panista Mayra Enríquez Vanderkam (q.e.p.d) y la priísta Bárbara Botello Santibáñez, doblaron al sistema político.

Al menos le sacaron, a regañadientes y gracias a un apoyo mediático importante y sostenido–según reconoce Manrique Guevara-, la votación al poder patriarcal encabezado en ese momento por Alfredo Ling Altamirano para lograr la llamada cuota de equidad de género. El 30 % de las candidaturas serían ahora para las mujeres.

Pero recuerda que ese logro apenas fue pírrico porque Ling Altamirano, representante de la ultraderecha recalcitrante, logró mañosamente incluir un párrafo en la nueva reforma legal para evitar la llegada de más mujeres al poder.

Lo que logramos fue fisurar esa gran cortina que impedía que las mujeres estuvieran en condiciones más igualitarias (en lo político al menos). En ese momento hablar de cuestiones afirmativas generaba que todos levantaran la ceja. ‘¿Qué es eso?’, nos decían. Las acciones afirmativas sirven para poner en condiciones de igualdad a quienes en la realidad, no obstante lo que diga la ley, tienen condiciones desiguales.

En la nueva ley electoral se habló de entregar el 30 % de las candidaturas a determinado sexo, no quisieron poner la palabra género (…) y un párrafo que decía: ‘siempre y cuando el resultado de las elecciones democráticas de los proceso internos de los partido no arrojen otros resultados’. Un salvoconducto para no cambiar la práctica, pues si en la elección interna ganaban sólo hombres, pues aunque la ley dijera”, recuerda con emoción sobre ese primer paso que 15 años luego vuelve a ser materia de historia política en Guanajuato y el país.

Beatriz tiene habitualmente una sonrisa en su rostro carirredondo al que enmarcan vivaces ojos marrón. Viste con elegancia sobria, con un aire más bien ejecutivo –quizá la herencia de su madre, una mujer de negocios-, con discretas joyas donde las perlas son fundamentales. Y ha conservado por años una mediana melena lacia de cabellos castaño claro.

No ha tenido una vida fácil. Dos veces se ha salvado de morir, rumbo Guanajuato, tras sufrir aparatosas volcaduras en tránsito a su trabajo. Enviudó muy joven y es el soporte de sus tres hijos varones

En la tribuna Manrique Guevara ha reafirmado sobre el empoderamiento de la mujer.

Aunque es feminista, nunca ha denostado a los hombres. Eso se lo ensenó desde pequeña su madre, doña Olivia Manrique, de quien aprendió la importancia del empoderamiento de la mujer, de tomar decisiones y  asumir consecuencias, pues pese a ser consentida, no fue malcriada. Su madre y sus hijos hoy son su vida.

Para Beatriz Manrique Guevara el que se haya logrado la nueva reforma legal, otra vez con el acompañamiento de mujeres de los diversos partidos en el Congreso, para que exista la paridad al otorgarse el 50 % de las candidaturas políticas a mujeres en Guanajuato en el 2018, es un avance, pero aún falta por hacer para lograr la verdadera paridad –antes llamada equidad de género-.

Tenemos que seguir trabajando en el empoderamiento de las mujeres. Trato de ser una política sensata y objetiva, trato de no ser estridente, y mucho menos mentir, y así como señalo cosas que están mal en el Gobierno del Estado, también tengo que reconocer que la política que ha implementado el Instituto de la Mujer al arribo de Anabel Pulido -como titular- ha sido notorio y muy plausible”.

La reforma electoral nacional también abre más espacios para la mujer al impedir que se designe exclusivamente a mujeres en distritos o espacios donde los partidos políticos obtuvieron menores votaciones, una práctica muy común. Y obliga a una paridad similar a la lograda en Guanajuato, que se anticipa a la agenda internacional marcada por la ONU en su programa “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”.

Algo en lo que Beatriz asegura que le falta a Guanajuato por afinar para concretar un verdadero avance. Por ello su partido propuso en marzo de este año una iniciativa de ley para que las mujeres también ocupen al 50 % los cargos públicos en los gobiernos estatal y municipal.

Beatriz está convencida de que la mujer debe tomar sus propias decisiones.

Pregunta: La gran pregunta, Betty, es ¿por qué es necesario tener a una mujer empoderada?

Respuesta: Porque eso empodera también a la sociedad y genera equilibrios. La subyugación de la mujer es un hecho violento en sí mismo, el que una mujer tenga que decir ‘es que no trabaio porque mi marido no me deja’, es subyugación. El que una mujer diga ‘es que no termino mis estudios porque mi papá ya no me quiso pagar mis estudios sino nada más a mi hermano’, es una subuyugación y es violencia.

Y esta violencia y esta frustración se traduce en mujeres que no van a dar su 100 % como madres o como integrantes de una sociedad. Necesitamos que las mujeres tengan el mismo derecho de decidir, si quieren ocuparse de su hogar o quieren ser mujeres fuera de su casa. Ocuparse de su hogar es digno y es un trabajo, pero de ser por elección no por obligación. El hecho de coartar la libertad de la autodeterminación en las mujeres es violencia.

P: ¿Guanajuato ya está preparado para una mujer Gobernadora?

-R: Creo que sí. Estoy convencida que las capacidades que tienen hombres y mujeres se van desarrollando a lo largo de sus vidas. Sé que es más difícil gobernar para las mujeres, porque la exigencia social es mayor (…) porque sigue flotando en el imaginario colectivo que la mujer es el pilar de la sociedad. Difiero de eso, es cargarle a la mujer demasiada responsabilidad. No lo acepto. De nuestra familia los pilares somos todos, y todos engranados hacemos que funcione, los colectivos no tienen pilares unipersonales. La familia y la sociedad es un colectivo.