Los primeros acordes que registra su memoria, a los tres años, tienen aire de sones jarochos, y la intensidad de la música recorriéndole, a los seis años, es producto de un grupo cubano que le dejó con la boca abierta como el sol de ese mediodía; aunque en su casa siempre escuchó música clásica pues su padre era pianista.

A sus 39 años de edad, Roberto Beltrán Zavala es un enfant terrible sinfónico. Carismático, pasional, histriónico, con un poder mesmerista al momento de dirigir, está catalogado como uno de los directores jóvenes mexicanos más importantes en Europa. Con su revolucionaria dirección de orquesta ha hecho que la OSUG resplandezca otra vez.

Cariredondo, ojos verde olivo, personalidad sanguínea y aires de dandy –de ello dan fe unos exquisitos botines color miel a juego con su cinturón, pantalón beige, camisa blanca impoluta y un saco sport azul marino finísimo, en cuyo ojal destaca otro fino detalle: un pin con el emblema de la UG-, Beltrán Zavala traslada al momento de dirigir la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) movimientos precisos que generan una sonoridad exhuberante. Como si hiciese saltar chispas con sus gestos.

Si pudiera ser un sonido, sería un Mi bemol mayor”, dice con una sonrisa plena este genio de la batuta que divide su vida entre Europa y México.

En entrevista con Ruleta Rusa mx el director titular de la OSUG habla de que el momento que vive hoy la orquesta universitaria es producto de una ‘alineación de los planetas’ pues hay un esfuerzo colectivo para que las cosas ocurran, ambiciones y objetivos comunes, una gran labor de difusión y comunicación, y el respaldo total del rector general de la UG, Luis Felipe Guerrero Agripino.

La química es muy fuerte. Los objetivos, las ambiciones son comunes. Coincidimos en cómo tenemos que relacionarnos en términos del amor mutuo que tenemos por lo que hacemos, hay disciplina y convicción. Y confianza. Para mi es fundamental, sin la confianza yo no entiendo la dirección de una orquesta (…)

La orquesta tiene una convicción legítima de comunicar lo más posible en los conciertos, en hacer la mejor música, entregar la mejor calidad posible, y realmente uno va a un concierto de esta orquesta y siente cómo están tocando para el público”, expone con emoción Beltrán Zavala sobre el por qué hoy la OSUG tiene llenos totales en temporadas normales. Un fenómeno que habla de la calidad musical que han alcanzado bajo su dirección y que hoy se reconoce en México y el extranjero.

Observo con detenimiento cómo va marcando el ritmo. Señala un detalle en inglés a Michael Severens, violonchelista principal, o en español a quien atrás lleva un ritmo más veloz mientras se ensaya la Sinfonía No. 4 de Dmitri Shostakovich en el auditorio del Campus de la UG de Guanajuato.

En el ensayo sus comentarios tienen aire relajado. Estallan risas. Se nota que hay esa química de la que habla. Los músicos de la OSUG tienen una actitud despierta. Gozosa. Se escuchan como lo que son: una gran orquesta

Roberto Beltrán Zavala hace sean una delicia hasta los ensayos de la OSUG.

Roberto eleva su pie derecho sobre su metatarso. Tamborilea en un zapateo sostenido. Arquea las cejas. Gesticula. Levanta el puño coronado por una batuta que se antoja de cristal y mágica. Chasquea los dedos de la mano izquierda. ‘Verbaliza’ el sonido que desea obtener de cada instrumento con sonoras onomatopeyas, ¡porolipipapitú!. Sus manos se mueven como aves en vuelo. Hace que las pulsaciones crezcan.

Hace un mes Roberto estaba en el gran canal de Flandes. Sobre un escenario flotante. Frente a 6 mil personas congregadas en barcazas esperando escuchar un concierto. Tenía una grave contractura en la espalda. Al terminar el concierto ya no pudo más y terminó en cama aquejado de un dolor terrible. No podía moverse.

Meses atrás también, cuando trajo al Teatro del Bicentenario a Erik Bosgraaf, uno de los flautistas más virtuosos del mundo, el desvelo y el agotamiento enmarcaban su rostro al momento de dirigir a la OSUG para acompañar a Bosgraaf. Llevaba días sin dormir más que unas horas tras el nacimiento de sus gemelos. En ninguno de ambos casos decreció su talento para dirigir. Este par de momentos permiten ilustrar un poco sobre el carácter de Beltrán Zavala.

Nunca deja de dar lo mejor de sí. Su pasión por la música y lo que hace termina por desbordarle siempre. Quizá es la energía que persiguió desde niño. Ese misterio de vibrar como esfera celeste

El director titular de la OSUG nunca imaginó desde niño ser otra cosa más que músico.

Crecí siempre con música, no recuerdo en un momento de mi vida que no me hubiese planteado alguna otra cosa que ser músico (…) tengo el recuerdo de un mediodía en que mis padres me llevaron a algún lugar, tendría seis años, había una banda de sones cubanos. Escuché percusiones, una trompeta, el contrabajo, probablemente un trombón, a un cantante.

Pero lo más impactante fue sentir esa energía. Eso que pega en lo invisible, ese flujo de energía que ¡pum! te hace así…” dice mientras regresa al pasado tocando su pecho con su mano derecha, como si lo hubiese golpeado una estrella. Sus ojos brillan al traer de vuelta ese momento “¿Dónde está eso? Esa cosa invisible de la música. Siempre me intrigó. Esa metafísica de la música que te impacta. Siempre busqué saber cómo se hacía”.

Siendo adolescente Beltrán Zavala convocaba cada jueves por las tardes esa energía al pulsar el contrabajo en un bar donde tocaba jazz para ganar un poco de dinero; tras su ingreso a la Escuela Superior de Música de la Ciudad de México el bebop del contrabajo dio paso a otros ritmos, se interesó por la composición y ello le llevó luego a la dirección. Apenas con 21 años ya estaba al frente de una Orquesta Juvenil luego que Jorge Mester descubriera su genio precoz.

Después de los 21 años el éxito llegó en cascada y su rumbo se trazó en la vieja Europa. Holanda, Bélgica, Alemania, Malta, Rumania, Polonia, Suiza y México se rindieron a su talento como director de orquesta

Roberto Beltrán Zavala es considerado en Europa y México uno de los jóvenes directores de orquesta más importantes.

En fechas recientes ha estado al frente de algunas de las formaciones orquestales más prestigiosas de Europa, entre ellas el Doelen Ensemble, Holland Symfonia, Rotterdam Philharmonic Strings, Orchestre d’Auvergne, Silesian Philharmonic, Orquesta de la Radio Rumana, Orquesta Filarmónica de Malta y la Orquesta del Siglo Dieciocho, se lee en su biografía.

Beltrán Zavala lleva la conducción en proyectos como Re: Orchestra, Akom Ensemble u otras agrupaciones, aunque su principal objetivo ahora es la OSUG, una orquesta con 65 años de tradición cuyo prestigio se ha encargado de amplificar a su llegada, en junio de 2015.

Para demostrar de qué está hecha la OSUG y celebrar sus 65 años de existencia, partieron a una gira por Europa con éxito. Algo que están haciendo tierra adentro en Guanajuato. Pues llevar la música a espacios no convencionales como centros penitenciarios o pueblos significa largo aliento.

Hemos tenido una penetración muy exitosa, veloz, entre el público guanajuatense. Hay un esfuerzo por comunicar, difundir, en lo logístico, todo para acercar al público. Tenemos un apoyo importante del Instituto Estatal de la Cultura para tener más movilidad con las condiciones adecuadas.

Hace poco estuvimos en el municipio de Doctor Mora y me sorprendió ver a 2 mil 500 personas reunidas para escucharnos. Hay un gran compromiso de todos los que participamos, desde el Rector hasta los técnicos y eso hace que se noten los esfuerzos institucionales, de la Dirección de Extensión, del apoyo sólido de la Rectoría General por proyectar lo mejor posible a la orquesta hacia su público inmediato”, comenta Beltrán Zavala sin falsa modestia. Sabe qué ha cambiado con su llegada, pero no considera que sea sólo su talento lo que hoy hace que la OSUG retumbe luminosa.

Sus arquetipos son los directores Valery Gergiev (Rusia) y Mariss Jansons (Letonia); y sus compositores favoritos Shostakovich, Bartók, Mahler y Haydn

Con su talento Beltrán Zavala ha logrado la hazaña de volver a dar resplandor a la OSUG.

Una particularidad de Roberto es que está alentando a los jóvenes talentos, como el prodigio musical que es el guanajuatense Emmanuel Ontiveros, al interpretar su música y promoverlos por el orbe. Esta decisión tiene que ver quizá con que también él es joven y recibió impulso siendo aún más joven, aunque Beltrán Zavala confía que tiene que ver con el entender la contemporaneidad.

Soy de la opinión, y no todo el mundo coincide conmigo, que un artista que ignora su contemporaneidad es una especie de artesano que replica convenciones. La historia la tiene uno que entender desde donde está parado, para poder observar el contexto correcto y entender el diálogo (…)

Los artistas tenemos que entender cuál es nuestra contemporaneidad, qué nos define como generación en términos de expresión artística, cuáles son las inquietudes creativas y estéticas de nuestro tiempo, los planteamientos, y a partir de ahí podemos aspirar a la historia y entender qué tipo de diálogo entablar con Brahms, Mahler o Bach, por ejemplo. Sin eso no podemos llegar a conclusiones propias”.

En ese entender la historia y su contemporaneidad Roberto Zavala Beltrán ha logrado el éxito. Hace más de 50 años cuando José Rodríguez Frausto dirigía la OSUG, un joven pianista mexicano daba su primer concierto como solista en Guanajuato, acompañando por la orquesta universitaria,  interpretando el Concierto para piano en Sol Mayor de Maurice Ravel.

Antonio Beltrán nunca imaginaría en ese momento que en el futuro su hijo Roberto sería el deslumbrante director titular de la OSUG. Una orquesta que hoy brilla bajo la batuta de un enfant terrible.